El miércoles de la semana
pasada volvió a ocurrir un oscuro episodio. Un derrame
petrolero hizo que las miradas se dirigieran hacia Pisco, en el
sureño departamento de Ica, zona aledaña a la Reserva
Nacional de Paracas.
Para los trabajadores del Consorcio de Terminales Graña
y Montero, era una mañana más de trabajo. Lejos
estaban de sospechar que una faena usual derivaría en una
pequeña catástrofe ambiental. A saber el personal
vinculado a Graña y Montero se disponía a lavar
los ductos subacuáticos utilizados para la descarga de
combustible desde los barcos petroleros hacia los tanques de almacenamiento.
El desperfecto de una válvula favoreció la 'fuga'
del combustible hacia la playa.
De inmediato los estragos se hicieron visibles, y el mar empezó
a varar invertebrados que habitan las orillas marinas, así
como algas marinas. No pasó mucho tiempo, cuando se pudo
ver algunas aves (felizmente pocas) y crustáceos agonizando,
cubiertos por la aceitosa sustancia.
Desde un inicio los trabajadores del Consorcio de Terminales
Graña y Montero, sin contar con el equipo de emergencia
adecuado, empezaron un desesperado operativo para evitar que el
asunto pasara a mayores. Después llegarían los disolventes
y otros químicos para 'borrar' la mancha, por la cual al
referido Consorcio se le ha impuesto una multa por negligencia...
Lo ocurrido con la empresa del grupo Graña y Montero, sin
embargo, es tan sólo la 'punta del iceberg' del descontrol,
de la falta de vigilancia, del incumplimiento de las normas ecológicas,
de las ínfimas sanciones y de la 'blandita mano' de nuestras
autoridades...
PELIGROSO DESORDEN
En la zona de Pisco-Paracas, Ica, todo está fuera de sitio.
Eso ya no es noticia. Basta darse una 'vueltita' por un paraje
otrora paradisíaco para comprender lo mal que andan las
cosas. Poblados que han crecido de manera caótica, sin
ningún tipo de planificación. Playas convertidas
en una especie de mercadillos con kioscos de toda índole,
imperio de las moscas.
Terrenos con vocación turística, con insuperable
vista panorámica a un mar irrepetible, por sus colores,
por su quietud o por su furia, convertidos en sitio de depredadoras
y contaminantes inmensas plantas metalúrgicas y pesqueras.
Los estragos ambientales generados por los residuos de estas industrias,
especialmente la de la harina y aceite de pescado es ampliamente
conocida.
Chimbote, en la costa del departamento de Ancash al norte de
Lima, es un patético augurio de lo que le puede estar esperando
a la bella zona de Pisco-Paracas, donde se ubica la Reserva Nacional
de Paracas... ¡ única área marina "protegida"
en el Perú! Pero eso no es todo...
VECINDARIO ABANDONADO
Las zonas aledañas a la Reserva Nacional de Paracas no
gozan de ningún tipo de protección. Según
estudiosos debieran ser una suerte de "colchón de
amortiguamiento" para la mejor conservación de un
área que es de vital importancia hemisférica para
la concentración de aves migratorias, guaneras y en extinción
como el pingüino de Humboldt y flamencos; De mamíferos
marinos en vías de extinción como el gato marino;
lobos y tortugas de mar, entre una asombrosa variedad de especies
hidrobiológicas.
Un paraje de abundante afloramiento del plancton, base de la
cadena alimenticia oceánica y por tanto de la proverbial
riqueza del Mar de Grau.
En los alrededores de nuestra principal joya ecológica
marina, sin embargo, proliferan industrias contaminantes, muelles
industriales, el caos urbanístico y reservorios de sustancias
tan peligrosas como ácido sulfúrico y petróleo.
O sea... ¿CUANTO FUE?
No se sabe a ciencia cierta la magnitud del derrame. Algunas
fuentes sostienen que fueron apenas treinta galones de petróleo
Diesel 2. Otros especulan que habrían sido hasta ocho mil
galones, probablemente de un tipo de petróleo más
denso conocido como 'bunker'. Sea como fuere vale la pena recordar
las palabras de la estudiosa Zivana Meseldzic de Pereyra, en su
libro 'Contaminación Ambiental y América latina'.
Dice la científica que cada barril derramado puede cubrir
hasta... ¡cuarenta mil metros cuadrados de superficie marina!
El derrame forma una delgada capa en la superficie marina que
impide el paso de la luz solar.
La porción bajo esta 'película' se hace inhabitable.
El natural proceso de la fotosíntesis es imposible, y con
ello se deteriora el fitoplancton, base de la cadena alimenticia
de los océanos.
Para darnos una idea más clara del asunto, aquí
una receta casera. Coja usted un vaso con agua clara y cristalina,
ponga entonces una cucharada de aceite y vea lo que ocurre. Una
capa se formara cubriendo la superficie del agua. Ahora imagínese
que en vez de aceite se trata de un líquido más
espeso y oscuro. En este caso las autoridades manifestaron que
la mancha habría sido pequeña.
PREVENIR ANTES QUE LAMENTAR
La urgencia de poner en marcha un Plan de Prevención Ambiental,
para evitar accidentes de esta índole fue la inmediata
propuesta del Programa de Conservación y Desarrollo Sostenido
de Humedales Perú (PCDSH-P), organización que viene
desarrollando trabajos de conservación de biodiversidad
en la Reserva Nacional de Paracas.
"La propuesta -indicaron sus voceros- prevé un plan
participativo, donde se especifiquen las medidas a adoptarse en
casos similares. El plan especificará las formas de participación
de la población"
Para concretar su propuesta, PCDSH-P ha propuesto apoyar el desarrollo
del mismo como parte del proyecto "Fortalecimiento del Manejo
de la Reserva Nacional de Paracas", ejecutado en esta área
protegida con el apoyo de la Oficina del Programa Perú
del Fondo Mundial para la Naturaleza, ( WWF, por sus siglas en
inglés).
Ya en 1995, a raíz de la racha de derrames petroleros
iniciados en agosto de ese año, en las playas de la Refinería
de Conchán, en Lima y seguidos por otro en puerto de San
Nicolás, Ica, y en La Refinería La Pampilla, Ventanilla,
Lima, la experta en derecho ambiental Patricia Cuba-Sichler, de
la Red Nacional de Acción Ecologista, indicó la
necesidad de 'crear un organismo de monitoreo permanente de la
calidad ambiental en zonas costeras y aguas continentales.
Este organismo debiera estar encabezado por la Marina de Guerra
-dijo-y contar con el apoyo científico de organismos especializados
como el Imarpe, las universidades y municipios del litoral".
Una propuesta que hoy, tras el derrame en Pisco parece haber encontrado
eco en las autoridades pertinentes.
Es tiempo ya que las empresas dejen de arriar con descaro y egoísmo
las banderas del libre mercado por afán de lucro a corto
plazo. Es tiempo también de que las autoridades asuman
su compromiso con las grandes mayorías a las que representan
y con el mañana de un país, cada día más
degradado, saqueado y maltratado. Desarrollo es avanzar, sí,
pero sin arrollar.
El derrame de Pisco es un aviso, una lección. En buena
hora el trago no fue tan amargo y los estragos pocos. Lo de Pisco,
sin embargo, es una advertencia más de la necesidad de
cambiar tecnologías, métodos y formas de trabajo.
En definitiva, modificar nuestra relación con el entorno
y aprender a respetar el medio que nos alberga...