Corre por nuestra puna sur un ave
que fue emblema del Antiguo Perú. Se trata del Suri, la
más pesada de las aves nativas, y no por "chinchosa"
sino por robusta. Como si nada llega a pesar más de...
¡24 kilos! Perseguida por su carne y plumaje, este "correcaminos
andino" está en franco proceso de retirada. La extinción
pende como amenazante espada sobre su pequeña cabeza, sobre
sus ojos vivaces, sobre sus largas y suaves plumas. Es exageradamente
tímida, poco conocida y apenas ha sido estudiada. En una
suerte de mágica y mística continuidad histórica,
el Suri recorre olvidados parajes andinos formando, a veces, manadas
mixtas con las vicuñas, esa bella especie que tomó
la posta y se convirtió, por mandato del Libertador Simón
Bolívar, en parte integral de nuestro
Escudo Nacional. Así el ave del Tahuantinsuyo convive
junto al estilizado camélido de nuestra libertad. Especies
ambas en jaque por la desidia, la ignorancia y la falta de respeto
a las leyes de la naturaleza. El hombre, siempre arrogante, persiguiendo,
aniquilando la diversidad de la vida, corrompiendo el ambiente
en que vivimos. Suri: antaño noble emblema, hogaño
triste ejemplo de las pésimas políticas de conservación...
Tímida. Hermosa. Veloz. Los machos son padres ejemplares.
Es el Suri (Pterocnemia pennata tarapacensis), corredora incapaz
de volar, el ave más pesada de nuestro país. Especie
andina que por su carne, por sus huevos, por sus plumas; es decir
por su propia esencia de ave, por el simple hecho de serlo, ha
sido perseguida, masacrada, prácticamente borrada del mapa
del Perú, donde según estudios se alberga una de
las más altas diversidades de aves del globo. Lejos de
cuidar nuestros tesoros, la triste historia de siempre: destrucción.
En sus dominios de antaño: la puna de Tacna, Moquegua
y Puno, el Suri se está convirtiendo, ya desde hace algunas
décadas, en recuerdo de mejores tiempos. Aquí, en
nuestro país, su caza está estrictamente prohibida
por ley desde 1970. Oficialmente se le ha clasificado como especie
en vías de extinción. De poco, o nada, sirve esa
legislación. Tomemos en cuenta, por ejemplo, que no está
protegida en... ¡ninguna unidad de conservación!
Así las cosas, ¿qué puede esperarse?
Su situación no es alentadora tampoco en los países
vecinos donde habita: Chile, Bolivia y Argentina, por lo que está
incluida en el Apéndice I de la "Convención
sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Flora
y Fauna Silvestres", Cites.
METETES AVESTRUCES
En los últimos meses con bombos y platillos se anuncia,
se difunde por los más diversos medios de comunicación,
la instalación y proliferación de granjas de avestruces.
Gran despliegue para informar sobre una sinrazón: con dinero
y esfuerzo peruanos se favorecerá a naciones del Africa
para conservar "ex-situ" sus especies. Así, mientras
los parientes andinos de las avestruces, los Suris -con gran potencial
para el desarrollo de proyectos similares- se desvanece, empresarios
nacionales con apoyo gubernamental contribuirán a que la
corredora de las sabanas africanas medre en nuestro país.
Algo similar a lo que ocurre con la nativa castaña, semilla
amazónica de gran demanda internacional y gran potencial
industrial, a la que poca atención se le brinda desde las
instancias oficiales al tiempo que se invierten (¿o despilfarran?)
Grandes sumas de dinero del Fondo Nacional de Compensación
y Desarrollo Social, Foncodes, en el afán de introducir,
en Rioja y Moyobamba, una especie foránea como la Macadamia...
¡una nuez australiana! En fin...
LA PLUMA DEL INCA
Relata el destacado biólogo Víctor Pulido en: "El
Libro Rojo de la Fauna Silvestre del Perú": "Según
la tradición oral de los habitantes de la sierra sur del
Perú, en la época del Incanato las poblaciones del
Suri eran bastante densas, conformando numerosos grupos de 100
a 120 ejemplares. Se le consideraba una especie propia del Estado
Inca. Estaba prohibida su caza, así como la recolección
de sus huevos, lo que favoreció el equilibrio de la población.
Únicamente la realeza podía utilizar el plumaje
del Suri en los adornos de su vestimenta. Fueron disposiciones
muy estrictas. Después del Incanato se descuidó
totalmente su protección. El poco interés que le
dieron las autoridades en el Virreinato y posteriormente en la
República, influyó en el decrecimiento de sus poblaciones.
Es así como la caza de esta especie se ha convertido en
una de las actividades más frecuentes, para utilizar su
carne como alimento y sus plumas en disfraces. En los últimos
años la construcción de caminos y el desarrollo
de actividades mineras en su área de distribución,
han intensificado la caza de esta especie. Otro factor importante
en la reducción de sus poblaciones constituye la recolección
de huevos, dadas las características medicinales que se
les atribuye"
EL ARTE DE DESAPARECER
"Che mira ¿las ves?", Gritó emocionado
el guía mientras señalaba a un grupo de Choiques
(Pterocnemia pennata pennata), ave cercanísima a nuestro
Suri, que corría veloz junto a una tropilla de guanacos.
Gracias a la vegetación, baja por esos lares, fácil
fue distinguir a tan simpáticas aves, allá en el
extremo sur de la América, en la Patagonia, Argentina.
éandú Petiso o de Darwin, le llaman también.
Varios ejemplares jóvenes, algo más de una docena,
andaban con "papá" a la cabeza. "Buenos
padres son estos bichos", comentó.
Viendo tan hermoso espectáculo que atraía a varios
turistas y estudiosos, no pudimos más que lamentarnos que,
en la actualidad, en nuestro país atisbar una escena similar
sería más que imposible. Pocos Suris quedan hoy,
y pocos son los felices que los han visto en libertad. Recordamos
entonces lo que relata Víctor Pulido en su obra antes citada.
Dice que en 1965 los estudiosos alemanes Hans y María Koepcke
"observaron que el Suri puede formar manadas mixtas con las
vicuñas. Indican también, que cuando está
en peligro puede correr a gran velocidad, deteniéndose
bruscamente y sentándose en el suelo, perdiéndose
fácilmente de vista por su coloración críptica".
La doctora Irma Francke, destacada ornitóloga del Museo
de Historia Natural da cuenta también sobre la proverbial
timidez de estas aves y cómo sus colores ayudan a que sé
mimeticen con el paisaje, de manera tal que se hace imposible
distinguirlas entre el follaje.
PAPAS EJEMPLARES
Muchos machos humanos tienen bastante que aprender de la responsable
paternidad de los Suris. ¡Así es! Estas aves no sólo
construyen el nido, sino que incuban los huevos, guían
los primeros pasos de sus vástagos y los defienden a rabiar.
Para estos machos, se convierten en el más preciado tesoro
los grandes huevos amarillos depositados, por sus varias hembras,
en el nido que solícitamente él mismo excavó
y luego tapizó con material vegetal seco, limpiando inclusive
los alrededores. A calentar ese tesoro dedicará más
de un mes papá Suri. Luego de la eclosión los polluelos
dejarán el nido bajo su guía y atenta mirada.
Es nuestro Suri, un ave que fue símbolo de la gran patria
Inca, que como tanto rastro del Perú Antiguo desaparece
ante la cómplice indiferencia de nuestras autoridades,
y la ignorancia de un pueblo que ha empezado a olvidarlo todo...