Cuando un hombre o una mujer indígena
habla de la tierra, de sus ancestrales territorios, están
refiriéndose a su supervivencia, a la proyección
de su cultura en el tiempo, a sus creencias, en fin a su mundo.
La selva brinda las plantas medicinales que durante milenios los
han curado, los alimentos que los han nutrido, fibras, tintes
y maderas que han sabido utilizar a lo largo de los siglos. Amazonía
que alberga a la descendencia de los primigenios pobladores de
esta parte del globo, población depositaria de todos los
secretos de un espacio que no deja de asombrar. Cuando una empresa
pone los ojos en ese húmedo y maravilloso imperio de hojas
y sonidos, de culturas milenarias, ve tan sólo una suerte
de "verde botín", una gran e interminable despensa
atiborrada de riquezas naturales para explotar, y explotar y explotar:
oro, petróleo, finas maderas.
Esta retardataria visión de negocios ha llevado a la contaminación
de extensas áreas, a la pérdida de cientos de miles
de hectáreas del bosque original. Problemas como el terrorismo
y la violencia del narcotráfico hace que las poblaciones
nativas vean su mundo sucumbir, y sean desplazadas. El olvido
ha sido grande y la violencia también. A continuación
un texto de Francisco Mattos, de TAFOS, sobre los Ashaninka, uno
de esos pueblos que luchan por su supervivencia, por curar sus
heridas y trabajar por un mañana mejor...
Santiago Contoricón Antúnez, Ashaninka teniente
alcalde del Río Tambo, en la selva central, tiene el rostro
cetrino y el carácter jovial. Pequeño de estatura
y vital en sus movimientos, no aparenta sus treinta y tres años:
Ha pasado más de diez defendiendo al millar de sus hermanos
que viven ahí, de la amenaza senderista.
Por ello su voz es la más respetada en su comunidad.
RESPETAR EL TERRITORIO
Hace dos años, la oficina regional del ministerio de Agricultura
de Satipo, Junín, en una decisión unilateral, autorizó
el ingreso de colonos a la zona de Santa Cruz, lugar sobre el
cual desde 1975 la comunidad Ashaninka de Puerto Ocopa tiene un
pedido formal para que el lugar sea reconocido dentro de su territorio.
Los ashaninka y otras naciones de la Amazonía han rechazado
esta situación. Entre los motivos que mencionan aparece
el caso que los colonos mayoritariamente se dedican al cultivo
de la hoja de coca, lo que puede fomentar un nuevo retorno de
la violencia, similar a la que desarrolló Sendero Luminoso
en la selva central, entre 1987 y 1992, que produjo un estimado
de cinco mil muertos, sólo entre el pueblo ashaninka.
A ello se suma la promulgación de la Ley de Tierras, Ley
26505, en agosto de 1995. Una verdadera amenaza para todas las
comunidades nativas y campesinas del Perú.
SAGRADO SUELO
La tierra, para el habitante amazónico, no sólo
es el lugar donde se nace, crece, reproduce y muere. Es el lugar
donde juegan, aprenden, sufren y aman. Ahí están
los amigos y los enemigos, los hombres y los dioses. Es el lugar
donde la cultura se hace sabiduría. Y es el lugar donde
un conjunto de hombres y mujeres forman un pueblo.
"En ese cerro no crece nada, es pura piedra y no hay animales",
afirma señalando una enorme mole de tierra. A su lado,
Teodorico Castillo, el misionero franciscano encargado de la misión
de Puerto Ocopa. Todos sabían que Santiago y el padre Castillo
buscan lo mejor para ellos y que habían hecho posible que
Puerto Ocopa sobreviva al exterminio subversivo. Ahora, como cientos
de otras veces, ambos proseguían unidos en la lucha por
los derechos de la comunidad y nadie dudaba de su autoridad.
EL OLVIDO
En mayo de 1975, la comunidad recibió su primer título
de propiedad, donde no se consideraba parte de su territorio a
la zona de Santa Cruz. Así, Puerto Ocopa no sólo
se convirtió en la primera comunidad nativa de la historia
peruana en ser oficialmente reconocida, sino que también
fue la primera a la cual se le recortó legalmente gran
parte del territorio que ocupaba. Por insistencia de la comunidad
logró que el año pasado se reconociera una porción
más de tierras para la comunidad, pero sin alcanzar a Santa
Cruz: "Sólo nos dieron más cerros y ni siquiera
tomaron en cuenta que la población de Puerto Ocopa casi
se ha duplicado en cinco años debido a la migración
de paisanos de otras comunidades que han venido a refugiarse huyendo
de los terrucos", expresa el teniente alcalde, Santiago Contiricón.
ENEMIGOS AL ACECHO
La situación es peor tomando en cuente que, a raíz
de la presencia subversiva, los ashaninkas todavía no pueden
hacer chacras selva adentro porque pueden ser víctimas
de una emboscada. El problema de Santa Cruz se complicó
mucho más, luego que las autoridades de Agricultura autorizaron,
casi paralelamente con la entrega de mil hectáreas más
de tierras, el ingreso de colonos para que trabajen en la zona
en litigio.
A ellos se les entregó un título de posesión,
que luego de uno o dos años, podría convertirse
en título de propiedad. Ese plazo se vence a mediados de
1998.
Estos colonos solicitaron autorización para el ingreso
aduciendo que ellos también habían sido desplazados
del lugar por la subversión. La verdad, sin embargo, es
que la comunidad y los colonos tenían serias diferencias
muchos años antes que la subversión llegara. Ahora,
argumentando que la subversión los había desalojado,
han solicitado retornar a Santa Cruz.
El padre Castillo señaló que los ashaninka aún
recuerdan que la subversión ingresó a Puerto Ocopa
junto a los primeros colonos que se establecieron en la playa
de la comunidad, ubicada entre los ríos Pangoa y Perené.
"Muchos no entenderán esta situación. Pero
quienes estuvimos aquí y fuimos testigos lo comprendemos.
Esta circunstancia tardará muchos años en cambiar
y está mal que a los nativos se les trate de imponer la
presencia de colonos. Ellos tienen sobre la carne lo que pasó
cuando éstos llegaron", sostuvo el hermano franciscano
que, con treinta y ocho años de permanencia en la zona,
es la memoria viviente de Puerto Ocopa.
"NARCO-PROBLEMAS"
No obstante, la subversión no fue lo único que llegó
a Puerto Ocopa con los colonos. Desde mediados de los ochenta,
por el puerto de la comunidad pasaban los narcotraficantes que
producían droga en las zonas de los ríos Apurímac,
Ene y Tambo y toda la zona del Valle Esmeralda, una zona de alta
producción de droga, lo cual se viene combatiendo.
"Somos desconfiados porque a comienzos de año en
Santa Cruz, varios de los colonos que entraron solo sembraban
coca. Los ronderos que han estado en la zona encontraron plantaciones
de coca", explica Santiago, el teniente alcalde.
OTRA VISION
"Muchos ven las chacras abandonadas y piensan que somos
unos vagos, que nunca hacemos nada. Pero si uno no deja descansar
a la tierra, en cinco años una chacra se vuelve inservible
y nunca más crece nada ahí. Eso se lo dicen hasta
los ingenieros que vienen por aquí", afirma José
Ponce, otro lugareño. "Nos pueden decir ociosos, porque
no saben como se vive aquí. Pero lo que no pueden negar
es que ningún nativo quema un cerro entero para hacer una
chacra".
"Los nativos sabemos que si destruimos algo nos quedamos
sin nada. Nosotros siempre viviremos aquí, no como los
colonos que se van", concluye Narciso Martínez Gonzáles,
también dirigente ashaninka y antiguo defensor de Puerto
Ocopa...