Dos delfines han desatado una polémica
inusitada. El lamentable asunto es el último "coletazo"
de una historia iniciada hace un par de años, cuando se
anunció la construcción de un delfinario en un lujoso
hotel. En este caso se entremezclan los intereses comerciales
con el desprecio, la falta de respeto a la vida silvestre y el
atropello a la legislación vigente en nuestro país.
Para los defensores de la vida silvestre se trata de "prisioneros"
que purgan injusta condena en la poza de un elegante hotel de
San Isidro. ¿Para sus "captores?", una simple
mercancía, según lo revelan ellos mismos en un reciente
comunicado. Dos inteligentes y hermosos cetáceos privados
de la libertad para ser protagonistas de un espectáculo
patético, ridículo.
Lima es una capital incrustada en plena costa. Basta acercarse
lo suficiente al vecino mar para gozar de un espectáculo
fascinante, irrepetible, humanizador: gozar con la algarabía
de éstas y otras especies retozando en el inmenso universo
líquido que las cobija, apreciar la vida en todo su esplendor.
El Perú, además, cuenta con inmensos atractivos
turísticos de toda índole y una hospitalidad, que
son internacionalmente reconocidos.
Resulta, pues, un extravío erigir un delfinario en un
hotel, a pocos metros del océano Pacífico, en un
país cuyas bellezas naturales y legado cultural son el
único y verdadero imán para el turismo, lo demás
son excusas. Dos inocentes mamíferos marinos que nos recuerdan
las célebres frases de William O.
Douglas, magistrado de la Corte Suprema de los Estados Unidos
de Norte América, quien expresara: "Uno de los más
profundos conflictos de nuestro mundo es el que existe entre la
conservación de la naturaleza y la codicia de algunos hombres"...
El último lunes la Compañía Hotelera Los
Delfines S.A., vinculada a la constructora Gremco, publicó
un comunicado a la opinión pública. Vano intento
por calmar los cada vez más caldeados ánimos de
un vasto sector de la población, indignada por el internamiento
en nuestro país de dos delfines "nariz de botella"
( Tursiops truncatus truncatus).
Tan inteligentes y simpáticas criaturas sufren hoy obligado
cautiverio en la poza del hotel de esa compañía.
El referido comunicado no ha hecho más que encender aún
más las iras de las agrupaciones defensoras de los derechos
de los animales y de la población sensible.
Olga Rey de Michell, directora de la Asociación Cruzada
por la Vida, y reconocida por sus esfuerzos incansables en la
defensa de estos animales, ha cerrado filas apoyada por otras
instituciones. La guerra ya quedó declarada el último
lunes. En una concurrida conferencia de prensa, la señora
de Michell sacó a luz la serie de irregularidades perpetradas
por Gremco.
DECRETO DISTORSIONADO
Para muchos a la empresa interesada en mantener cautivos a los
delfines, como atractivo, se les ha caído la "máscara
verde".
Apenas un par de líneas suscritas por ellos en su comunicado,
ha bastado para echar por tierra los distintos argumentos conservacionistas
que esgrimían hasta hace poco. Así es...
En el segundo punto del mencionado documento expresa la empresa
hotelera Los Delfines S.A.: "El Decreto Legislativo 668 en
su artículo 12 garantiza las operaciones de comercio exterior
sin prohibiciones y restricciones para-arancelarias quedando sin
efecto cualquier tipo de licencias, visaciones o dictámenes
previos". Ahora bien, ¿a qué se refiere el
señalado decreto que data de 1991?, pues a medidas destinadas
a garantizar la necesaria e innegable libertad de comercio exterior
e interior para el desarrollo de nuestro país. ¿Qué
tiene que ver esto con dos seres vivos?
¡LA VIDA NO ES MERCANCIA!
"Preocupa profundamente -expresa Antoinette Semizo, de la
Red Nacional de Acción Ecologista / renace Perú-
que se utilice tal argumento y se pretenda distorsionar de esta
manera el concepto de libre empresa. Estamos hablando de seres
vivientes.
Criaturas silvestres que para los representantes del hotel sanisidrino
son una... simple cosa, una mercancía cualquiera! Recordemos
algo del decreto al que aluden. En su artículo segundo
claramente indica: "El Estado garantiza a los agentes económicos
el libre acceso a la adquisición, transformación,
y comercialización de bienes, tanto finales como insumos
y materias primas, y prestación de servicios". Es,
a todas luces descabellado y malintencionado citar tal dispositivo
para pretender justificar la sinrazón del cautiverio de
estos cetáceos. Desde todo punto de vista ético
y moral, estos delfines no pueden considerarse ni bienes, ni materias
primas, ni un servicio".
Añade Semizo "Lo que resulta aún más
patético es que estos señores, luego de esgrimir
en su comunicado tan mercantilistas argumentos, pretendan hacer
creer a la opinión pública que el único interés
de tener a estos animales, en un lugar tan poco apropiado, es
para estudiarlos. Delfinario que no reúne las condiciones
que ordena la legislación vigente en nuestro país,
según ha reconocido públicamente el señor
Bresani, vocero del hotel, en un noticiero televisivo. A la luz
de los hechos no le quedó sino aceptar que la poza no tiene
las dimensiones ordenadas en el artículo 13, de la Resolución
Ministerial 588-96-PE, que establece las condiciones ambientales
y de cuidado para el adecuado mantenimiento y bienestar de los
cetáceos menores en cautiverio".
EL PRESIDENTE Y LOS CETACEOS
En reciente carta al ingeniero Alberto Fujimori, presidente de
la república, la señora Olga Rey de Michell, de
Cruzada por la Vida, señala varias de las irregularidades
perpetradas para lograr el ingreso al país de los dos delfines
(ver recuadro).
Cabe recordar que el presidente Fujimori ha sido, desde hace
algunos años, ardoroso defensor de estas especies, y que
apoyó la dación de la Ley 26585, proyecto del congresista
Antero Florez Araoz (PPC), que declara a los delfines como especies
legalmente protegidas. Es más, en un discurso de 1995 pronunciado
en una caleta norteña con ocasión del "Día
del Pescador", fue enfático al señalar la necesidad
de "conservar a los delfines en su hábitat natural".
Una propuesta lógica y coherente, tomando en cuenta el
floreciente negocio del ecoturismo. Como ya lo han señalado
en varias oportunidades expertos del Centro Peruano de Estudios
Cetológicos, CEPEC, "alrededor del globo existen unos
cuatro millones de fanáticos de la observación de
ballenas y delfines en su hábitat natural.
Un mercado en expansión, una industria que parte del respeto
a la vida y genera ingresos anuales por encima de los trescientos
millones de dólares al puñado de países que
lo practican". Un 'boom" que de darse aquí, beneficiaría
enormemente a miles de familias de pescadores artesanales, que
podría ser la base de una verdadera reingeniería
y replanteamiento de este sector tan golpeado, brindándoles
posibilidades de ingresos extras en tiempos cuando baja la pesca
(como actualmente con el "Fenómeno de El Niño")
.
EN EL MAR LA VIDA ES MAS SABROSA
Otra de las instituciones que se ha unido a la cruzada de la
activa Olga Rey de Michell es "Amigo de los Animales".
Rosario Quintanilla, su presidenta, está circulando un
pronunciamiento. Expresa la conocida defensora de los derechos
animales "Delfines al mar!, es la voz que todos los peruanos
deberíamos pronunciar con relación al caso de los
delfines cautivos en el hotel del mismo nombre.
El delfín es un animal sensible con una conducta digna
de admiración, la única forma de admirarlos es en
su hábitat natural. Nunca podremos aprender de estos animales
encerrados en acuarios, porque es allí donde se traumatizan
y desarrollan tics propios de seres tensos, aburridos y deprimidos.
¿Podría un ser nacido libre vivir feliz encerrado?
Nooo! Por más cuidado que se le brinde no hay don más
preciado que la libertad, y esa es la esencia de nuestro reclamo.
No podemos permitir que intereses comerciales violen leyes y principios".
¿SUFRIENDO ESTAN?
Jeremías Bentham (1748-1832) fue un notable jurista y
filósofo inglés. Escribió frases que caen
"a pelito" para el caso de los dos "prisioneros
delfines". Expresó el pensador: "Podrá
llegar el día en que el resto de la creación animal
adquiera aquellos derechos que nunca habría sido posible
denegarle sino por mano de la tiranía. La cuestión
no es ¿pueden razonar? o ¿pueden hablar? Sino ¿pueden
sufrir?". Y a decir de muchos, sufriendo están estos
cetáceos en su estrecha prisión...