Diario El Comercio Lima -Perú
07 -05-1997

Martha Meier MQ.

 
La selva: Futuro del Perú
 
Hablar de la selva, es hablar del futuro del Perú, es la tierra prometida, emporio de riqueza, la gran reserva de la economía peruana de un potencial muy grande, explotable sólo a costa de enormes esfuerzos e inversiones.

La riqueza de la Selva Peruana es inconmensurable con enormes posibilidades y esperanzas: esperanza en la fecundidad de sus extensas tierras; la del turismo con sus maravillosas lagunas, pesca, caza y sus inmensos ríos, su potencial hidroenergético y muchas otras riquezas.

Como paisaje, la selva es de una belleza grandiosa y se ofrece como un paraíso de fecundidad con el verdor de sus gigantescos bosques, el sereno discurrir de sus caudalosos ríos y la variedad de sus plantas y animales que sobrecogen el espíritu y empequeñecen al hombre.

La Amazonía ha sido permanente desafío de la curiosidad del hombre y el misterio, el signo que durante siglos lo ha acompañado. En su límite con los Andes se detuvieron las civilizaciones y, desde las alturas, ojos soñadores contemplaron la sobrecogedora grandeza del inmenso valle. Lo desconocido produce temor referencial, excita la imaginación de la gente y nace así la leyenda que precede a la aventura. Como si el hombre quisiera darse valor así mismo para desafiar a la naturaleza y justificar su curiosidad, inventa fábulas increíbles, que le dan fuerza para llevar hasta el fin su empresa, en busca de lo que, quién sabe, está convencido que no va a encontrar.

A través de los siglos, el mito ha precedido a la marcha heroica de penetración en las entrañas amazónicas y, aún hoy la selva sigue siendo un grandioso mito para quienes creen en la riqueza fácil.

La selva ubicada en la región tropical al este del país, es la zona más inmensa, bella, rica y despoblada del territorio. Es tiempo de enfrentar el reto que nos ofrece la selva; hay que hacerlo en forma organizada, planificada y con participación decidida y responsable de los miles de profesionales que egresan anualmente de 56 universidades del país que no encuentran trabajo después de obtener sus títulos a costa de grandes sacrificios; es oportuno que asuman el rol protagónico en el desarrollo sostenido del país.

Estamos contemplando de año en año, como se va incrementando ese tremendo éxodo de familias provincianas empobrecidas hacia las grandes ciudades de la costa, sobre todo como una presencia permanente de desesperación, a la ciudad de Lima. Es un éxodo incontenible, miserable y doliente en donde las familias campesinas en su mayoría, levantan sus rústicas viviendas en las afueras de las ciudades inundando las calles de vendedores ambulantes.

Hasta la actualidad, los débiles intentos de colonización de la Amazonía de parte del Estado desde la década del 60, se han realizado sin los recursos técnicos y económicos necesarios, sin la mística y sin énfasis. Con una aparente generosidad que tiene claros fines políticos y electoreros, permite que sectores migratorios usufructúen las tierras sin más capital que sus brazos y sin más tecnología que su dramática necesidad de supervivencia. Se sabe que estas tierras por el mal manejo no rendirán sino exclusivamente para una deficiente alimentación de subsistencia. El fenómeno encubre pues un problema de fondo: es la pobreza trasladada a nuevas fronteras y diluida en un amplio territorio de la Selva Peruana, hoy convertida en miseria y en zona explosiva aparente para el rebrote del narcoterrorismo.

La Selva Peruana es el infierno verde para quienes han sufrido y fracasado en ella; otros sobredimensionan las cualidades curativas de sus plantas y de sus riquezas naturales. Pero como decíamos líneas arriba con un trabajo fuerte y un desarrollo sostenible podremos lograr que se convierta en una importante fuente de recursos para todos.

(Ing. Edgar Aréstegui Moras).