Hablar
de la selva, es hablar del futuro del Perú, es la tierra
prometida, emporio de riqueza, la gran reserva de la economía
peruana de un potencial muy grande, explotable sólo a costa
de enormes esfuerzos e inversiones.
La riqueza de la Selva Peruana es inconmensurable con enormes
posibilidades y esperanzas: esperanza en la fecundidad de sus
extensas tierras; la del turismo con sus maravillosas lagunas,
pesca, caza y sus inmensos ríos, su potencial hidroenergético
y muchas otras riquezas.
Como paisaje, la selva es de una belleza grandiosa y se ofrece
como un paraíso de fecundidad con el verdor de sus gigantescos
bosques, el sereno discurrir de sus caudalosos ríos y la
variedad de sus plantas y animales que sobrecogen el espíritu
y empequeñecen al hombre.
La Amazonía ha sido permanente desafío de la curiosidad
del hombre y el misterio, el signo que durante siglos lo ha acompañado.
En su límite con los Andes se detuvieron las civilizaciones
y, desde las alturas, ojos soñadores contemplaron la sobrecogedora
grandeza del inmenso valle. Lo desconocido produce temor referencial,
excita la imaginación de la gente y nace así la
leyenda que precede a la aventura. Como si el hombre quisiera
darse valor así mismo para desafiar a la naturaleza y justificar
su curiosidad, inventa fábulas increíbles, que le
dan fuerza para llevar hasta el fin su empresa, en busca de lo
que, quién sabe, está convencido que no va a encontrar.
A través de los siglos, el mito ha precedido a la marcha
heroica de penetración en las entrañas amazónicas
y, aún hoy la selva sigue siendo un grandioso mito para
quienes creen en la riqueza fácil.
La selva ubicada en la región tropical al este del país,
es la zona más inmensa, bella, rica y despoblada del territorio.
Es tiempo de enfrentar el reto que nos ofrece la selva; hay que
hacerlo en forma organizada, planificada y con participación
decidida y responsable de los miles de profesionales que egresan
anualmente de 56 universidades del país que no encuentran
trabajo después de obtener sus títulos a costa de
grandes sacrificios; es oportuno que asuman el rol protagónico
en el desarrollo sostenido del país.
Estamos contemplando de año en año, como se va
incrementando ese tremendo éxodo de familias provincianas
empobrecidas hacia las grandes ciudades de la costa, sobre todo
como una presencia permanente de desesperación, a la ciudad
de Lima. Es un éxodo incontenible, miserable y doliente
en donde las familias campesinas en su mayoría, levantan
sus rústicas viviendas en las afueras de las ciudades inundando
las calles de vendedores ambulantes.
Hasta la actualidad, los débiles intentos de colonización
de la Amazonía de parte del Estado desde la década
del 60, se han realizado sin los recursos técnicos y económicos
necesarios, sin la mística y sin énfasis. Con una
aparente generosidad que tiene claros fines políticos y
electoreros, permite que sectores migratorios usufructúen
las tierras sin más capital que sus brazos y sin más
tecnología que su dramática necesidad de supervivencia.
Se sabe que estas tierras por el mal manejo no rendirán
sino exclusivamente para una deficiente alimentación de
subsistencia. El fenómeno encubre pues un problema de fondo:
es la pobreza trasladada a nuevas fronteras y diluida en un amplio
territorio de la Selva Peruana, hoy convertida en miseria y en
zona explosiva aparente para el rebrote del narcoterrorismo.
La Selva Peruana es el infierno verde para quienes han sufrido
y fracasado en ella; otros sobredimensionan las cualidades curativas
de sus plantas y de sus riquezas naturales. Pero como decíamos
líneas arriba con un trabajo fuerte y un desarrollo sostenible
podremos lograr que se convierta en una importante fuente de recursos
para todos.
(Ing. Edgar Aréstegui Moras).