El nuevo año entra ya en
su segunda semana. Los viejos problemas generados por la contaminación,
sin embargo, siguen presentes, profundizándose como una
sombra obscura sobre nuestro futuro. Nuestro mar es ya patético
ejemplo de cómo se vienen destruyendo nuestros mayores
tesoros naturales. El sol cae redondo y colorado, se pierde en
la delgada línea del horizonte que lo engulle como el ojal
a un botón. El olor a sal. El chasquido del océano
convertido en olas, desfalleciendo sobre las diminutas piedras
de una playa. Un pececillo brincando, plateado, como queriendo
abandonar el verdor profundo del agua turbulenta. Estelas fosforescentes
que dejan las barcas atravesando la noche. En sus redes un pescador
arrastra la luna reflejándose blanquísima en el
espejo de la mar quieta. Nunca como en estos días de verano
volvemos tanto los ojos hacia el océano, hacia ese líquido
universo alterado, depredado por la ambición del hombre...
Bajo el sol del verano el mar es siempre una tentación.
No es raro, pues, que las más variadas playas de nuestro
litoral fueran uno de los escenarios predilectos para recibir
el nuevo año. Las "cochinas sorpresas" estuvieron
a la orden del día. No vamos a referirnos aquí a
los "rastros de veraneantes" ocultos entre las cálidas
arenas (léase: palitos de helado, colillas de cigarrillo,
bolsas de plástico, funestas botellas "no retornables"
y hasta papeles higiénicos... ¡usados!); tampoco
a los conocidos niveles de contaminación derivados de la
descarga de los desagües domésticos al mar; ni al
hecho de que a vista y paciencia de las autoridades especies en
extinción, como tortugas marinas y otras, sigan siendo
comercializadas pese a la prohibición existente.
Este año nuevo, el viejo cuento de la degradación
ambiental generada por las fábricas de harina de pescado
es asunto que, lamentablemente, vuelve a... ¡"apestar!"
PISCO "PODRIDO"
Nina es una niña de nueve años. Pepe recién
ha cumplido cinco. A tan corta edad ya conocen de cerca los estragos
de la creciente contaminación marina a causa de la industria
pesquera. El paseo de fin de año, organizado por su familia,
a la otrora bellísima ciudad de Pisco, terminó con
alergia, malestares, "chupos" en la piel y enorme desilusión.
Una nueva varazón de peces, ocurrida en la zona los últimos
días de 1996, fue el primer indicio de lo mal que andaban
las cosas. Nina y Pepe, como tantos otros, no comprendieron aquella
señal. Siguiendo sus ganas de divertirse y pasarla bien
dedicaron el tiempo a pasear por la playa con sus parientes y
darse un refrescante chapuzón. Bastó salir del agua
de Pisco Playa para que empezara el calvario...
Tras chapotear entre las olas sus cuerpos terminaron embadurnados
con un pestoso y grasoso mejunje. "Parecía como goma
porque la arena se nos pegaba, bien duro a la piel", explicaría
Nina.
Las pequeñas "víctimas" de esta historia,
así como sus mayores, debieron pasar largo tiempo bajo
el chorro de la ducha. La poca agua disponible en el lugar y los
diversos jabones utilizados lograron limpiar, tras mucho esfuerzo,
los rastros de ese baño marino. Pero allí no quedó
el asunto... "Nuestras ropas de baño puestas a secar
bajo el sol seguían con la arena pegada y se pusieron tiesas,
como estatuas, como si fueran de yeso", comentó la
madre de la pequeña. Sigue el suplicio...
Al día siguiente la niña y el niño aparecieron
con unos peculiares granitos en los brazos. "Es por el baño
de mar -dijo un médico- está muy contaminado en
esa parte, y son varios los que han llegado al hospital de Pisco
por ese problema. Hemos visto casos en que tras rascarse se han
producido heridas que se han infectado, a tal punto que se ha
debido internar a uno que otro menor". ¿Exageración?
¡No! Recordemos que los desechos orgánicos de una
planta pesquera mediana, según datos de la Oficina de las
Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO),
puede equivaler a los... ¡desagües de una ciudad de
un millón de habitantes! Y en la zona de Pisco hay... ¡nueve
de ellas!
Nina y Pepe no se cansan de repetir: "Ya no queremos ir
más por allá, además de que el agua parece
grasa y se pega la arena, todo apesta bien feo"...
LICENCIA PARA ENSUCIAR
En Pisco, Chincha, Huacho, Chancay, Chimbote, como a todo lo
largo de la costa peruana, las fábricas de harina de pescado
trabajan día y noche. Aprovechan que se ha levantado la
veda y que desde abril del año pasado,... ¡no existen
límites establecidos para los contaminantes que arrojan
directamente al mar! No se falta a la verdad cuando se dice que
en estos días la industria pesquera "vomita"
en el océano la cantidad de desechos que se le antoja.
¿Y las autoridades? Simplemente "están con
las manos atadas": no pueden hacer nada pues no se han señalado
los límites máximos permitidos. ¿Cómo
sancionar entonces?
Juan Carlos Sueiro, directivo del Instituto para el Desarrollo
de la Pesca y Minería, Ipemin indica: "Grandes manchas
de grasa y aceite y olores fétidos son expresión
palpable del impacto ambiental que se padece. En la práctica,
la situación no refleja las cifras del Ministerio de Pesquería,
con relación al grado de cumplimiento de los Programas
de Adecuamiento y Manejo Ambientel, PAMA, por parte de las empresas
del sector. Vemos que los flujos actuales de desechos orgánicos
no son significativamente distintos a los del pasado". ¡Lo
que hoy se vive pareciera indicar que nada se ha avanzado!
Sueiro recuerda que recién el último domingo 5
de enero, el Ministerio de Pesquería ha "prepublicado
el proyecto de Protocolo de Monitoreo -es decir el seguimiento
y control- de Efluentes de la Industria Pesquera. Esto le fue
encargado al Instituto del Mar del Perú... ¡el año
pasado! Y se hizo mediante la misma disposición que suspendió
entonces, indefinidamente, los límites máximos permisibles
de contaminación (LMP), vigentes desde 1994. Esta suspensión
truncó todas las investigaciones judiciales que estaban
en curso".
"OLOROSO" CHIMBOTE
Chimbote es un punto del Perú donde la destrucción
generada por las harineras ha llegado a límites realmente
deplorables. Nadie en su sano juicio quisiera que tanta degradación
se repita en otros lugares.
El característico olor de las fábricas pesqueras
lo invade todo. La hediondez es ya sinónimo de Chimbote.
Comer un pollo, un tomate, una manzana o un helado da lo mismo:
el fuerte "aroma" de las fábricas entra por la
nariz y logra confundir el sentido del gusto. Las alergias, la
tos, la irritación de los ojos y la garganta, las llagas
y granos en la piel son "pan de todos los días".
Vivir en el Chimbote de hoy empieza a ser una tortura real, un
verdadero peligro para la salud física y mental.
Alguna vez bahía de insuperable belleza, es ahora -literalmente-
un cadáver. Las olas revientan pesadas y marrones para
lamer orillas inmundas. Inclusive grandes extensiones de totorales,
hermosos lagunares costeros de vital importancia para la supervivencia
de diversidad de aves migratorias y solaz de los lugareños,
muestran manchas de grasa.
NEGOCIOS RIESGOSOS
Viajar por nuestra costa es constatar que, tanto al norte como
al sur, el desastre de Chimbote estaría empezando a "calcarse",
a remedarse. Es verificar, una vez más, que en la industria
pesquera, como en el caso de otras actividades productivas, la
legislación "verde" es incoherente, dispersa
y contradictoria. Tomemos, por ejemplo, el Código del Medio
Ambiente y los Recursos Naturales, en la práctica un instrumento
que en su mayor parte es "letra muerta". Para muestra
un botón: dice el Código, en su artículo
sétimo, que el ejercicio del derecho de propiedad, conforme
al interés social, comprende el deber del titular de actuar
en armonía con el medio ambiente... (¡Ja!)
Mientras mueren las bahías, nuestras máximas autoridades
son inusualmente flexibles con quienes destruyen un patrimonio
común a todas las mujeres y hombres del Perú. Industria
voraz que "borra" de las mesas populares una de las
principales fuentes de proteína. En un país donde
el hambre es una cotidiana realidad, para grandes sectores de
la población, no se puede soslayar que se requieren...
¡hasta cinco toneladas de pescado para producir una tonelada
de harina! Y que ésta goza de gran demanda en los países
industrializados como alimento... ¡del ganado y aves de
corral!
Mar saqueado y empobrecido. Ambiente degradado. Calidad de vida
agredida. Año nuevo y de nuevo... lo de siempre.