Diario El Comercio Lima -Perú
08 -01-1997

Martha Meier MQ.

 
Contaminación marina
Año nuevo, cuento viejo...
 

El nuevo año entra ya en su segunda semana. Los viejos problemas generados por la contaminación, sin embargo, siguen presentes, profundizándose como una sombra obscura sobre nuestro futuro. Nuestro mar es ya patético ejemplo de cómo se vienen destruyendo nuestros mayores tesoros naturales. El sol cae redondo y colorado, se pierde en la delgada línea del horizonte que lo engulle como el ojal a un botón. El olor a sal. El chasquido del océano convertido en olas, desfalleciendo sobre las diminutas piedras de una playa. Un pececillo brincando, plateado, como queriendo abandonar el verdor profundo del agua turbulenta. Estelas fosforescentes que dejan las barcas atravesando la noche. En sus redes un pescador arrastra la luna reflejándose blanquísima en el espejo de la mar quieta. Nunca como en estos días de verano volvemos tanto los ojos hacia el océano, hacia ese líquido universo alterado, depredado por la ambición del hombre...

Bajo el sol del verano el mar es siempre una tentación. No es raro, pues, que las más variadas playas de nuestro litoral fueran uno de los escenarios predilectos para recibir el nuevo año. Las "cochinas sorpresas" estuvieron a la orden del día. No vamos a referirnos aquí a los "rastros de veraneantes" ocultos entre las cálidas arenas (léase: palitos de helado, colillas de cigarrillo, bolsas de plástico, funestas botellas "no retornables" y hasta papeles higiénicos... ¡usados!); tampoco a los conocidos niveles de contaminación derivados de la descarga de los desagües domésticos al mar; ni al hecho de que a vista y paciencia de las autoridades especies en extinción, como tortugas marinas y otras, sigan siendo comercializadas pese a la prohibición existente.

Este año nuevo, el viejo cuento de la degradación ambiental generada por las fábricas de harina de pescado es asunto que, lamentablemente, vuelve a... ¡"apestar!"

PISCO "PODRIDO"

Nina es una niña de nueve años. Pepe recién ha cumplido cinco. A tan corta edad ya conocen de cerca los estragos de la creciente contaminación marina a causa de la industria pesquera. El paseo de fin de año, organizado por su familia, a la otrora bellísima ciudad de Pisco, terminó con alergia, malestares, "chupos" en la piel y enorme desilusión.

Una nueva varazón de peces, ocurrida en la zona los últimos días de 1996, fue el primer indicio de lo mal que andaban las cosas. Nina y Pepe, como tantos otros, no comprendieron aquella señal. Siguiendo sus ganas de divertirse y pasarla bien dedicaron el tiempo a pasear por la playa con sus parientes y darse un refrescante chapuzón. Bastó salir del agua de Pisco Playa para que empezara el calvario...

Tras chapotear entre las olas sus cuerpos terminaron embadurnados con un pestoso y grasoso mejunje. "Parecía como goma porque la arena se nos pegaba, bien duro a la piel", explicaría Nina.

Las pequeñas "víctimas" de esta historia, así como sus mayores, debieron pasar largo tiempo bajo el chorro de la ducha. La poca agua disponible en el lugar y los diversos jabones utilizados lograron limpiar, tras mucho esfuerzo, los rastros de ese baño marino. Pero allí no quedó el asunto... "Nuestras ropas de baño puestas a secar bajo el sol seguían con la arena pegada y se pusieron tiesas, como estatuas, como si fueran de yeso", comentó la madre de la pequeña. Sigue el suplicio...

Al día siguiente la niña y el niño aparecieron con unos peculiares granitos en los brazos. "Es por el baño de mar -dijo un médico- está muy contaminado en esa parte, y son varios los que han llegado al hospital de Pisco por ese problema. Hemos visto casos en que tras rascarse se han producido heridas que se han infectado, a tal punto que se ha debido internar a uno que otro menor". ¿Exageración? ¡No! Recordemos que los desechos orgánicos de una planta pesquera mediana, según datos de la Oficina de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), puede equivaler a los... ¡desagües de una ciudad de un millón de habitantes! Y en la zona de Pisco hay... ¡nueve de ellas!

Nina y Pepe no se cansan de repetir: "Ya no queremos ir más por allá, además de que el agua parece grasa y se pega la arena, todo apesta bien feo"...

LICENCIA PARA ENSUCIAR

En Pisco, Chincha, Huacho, Chancay, Chimbote, como a todo lo largo de la costa peruana, las fábricas de harina de pescado trabajan día y noche. Aprovechan que se ha levantado la veda y que desde abril del año pasado,... ¡no existen límites establecidos para los contaminantes que arrojan directamente al mar! No se falta a la verdad cuando se dice que en estos días la industria pesquera "vomita" en el océano la cantidad de desechos que se le antoja. ¿Y las autoridades? Simplemente "están con las manos atadas": no pueden hacer nada pues no se han señalado los límites máximos permitidos. ¿Cómo sancionar entonces?

Juan Carlos Sueiro, directivo del Instituto para el Desarrollo de la Pesca y Minería, Ipemin indica: "Grandes manchas de grasa y aceite y olores fétidos son expresión palpable del impacto ambiental que se padece. En la práctica, la situación no refleja las cifras del Ministerio de Pesquería, con relación al grado de cumplimiento de los Programas de Adecuamiento y Manejo Ambientel, PAMA, por parte de las empresas del sector. Vemos que los flujos actuales de desechos orgánicos no son significativamente distintos a los del pasado". ¡Lo que hoy se vive pareciera indicar que nada se ha avanzado!

Sueiro recuerda que recién el último domingo 5 de enero, el Ministerio de Pesquería ha "prepublicado el proyecto de Protocolo de Monitoreo -es decir el seguimiento y control- de Efluentes de la Industria Pesquera. Esto le fue encargado al Instituto del Mar del Perú... ¡el año pasado! Y se hizo mediante la misma disposición que suspendió entonces, indefinidamente, los límites máximos permisibles de contaminación (LMP), vigentes desde 1994. Esta suspensión truncó todas las investigaciones judiciales que estaban en curso".

"OLOROSO" CHIMBOTE

Chimbote es un punto del Perú donde la destrucción generada por las harineras ha llegado a límites realmente deplorables. Nadie en su sano juicio quisiera que tanta degradación se repita en otros lugares.

El característico olor de las fábricas pesqueras lo invade todo. La hediondez es ya sinónimo de Chimbote. Comer un pollo, un tomate, una manzana o un helado da lo mismo: el fuerte "aroma" de las fábricas entra por la nariz y logra confundir el sentido del gusto. Las alergias, la tos, la irritación de los ojos y la garganta, las llagas y granos en la piel son "pan de todos los días". Vivir en el Chimbote de hoy empieza a ser una tortura real, un verdadero peligro para la salud física y mental.

Alguna vez bahía de insuperable belleza, es ahora -literalmente- un cadáver. Las olas revientan pesadas y marrones para lamer orillas inmundas. Inclusive grandes extensiones de totorales, hermosos lagunares costeros de vital importancia para la supervivencia de diversidad de aves migratorias y solaz de los lugareños, muestran manchas de grasa.

NEGOCIOS RIESGOSOS

Viajar por nuestra costa es constatar que, tanto al norte como al sur, el desastre de Chimbote estaría empezando a "calcarse", a remedarse. Es verificar, una vez más, que en la industria pesquera, como en el caso de otras actividades productivas, la legislación "verde" es incoherente, dispersa y contradictoria. Tomemos, por ejemplo, el Código del Medio Ambiente y los Recursos Naturales, en la práctica un instrumento que en su mayor parte es "letra muerta". Para muestra un botón: dice el Código, en su artículo sétimo, que el ejercicio del derecho de propiedad, conforme al interés social, comprende el deber del titular de actuar en armonía con el medio ambiente... (¡Ja!)

Mientras mueren las bahías, nuestras máximas autoridades son inusualmente flexibles con quienes destruyen un patrimonio común a todas las mujeres y hombres del Perú. Industria voraz que "borra" de las mesas populares una de las principales fuentes de proteína. En un país donde el hambre es una cotidiana realidad, para grandes sectores de la población, no se puede soslayar que se requieren... ¡hasta cinco toneladas de pescado para producir una tonelada de harina! Y que ésta goza de gran demanda en los países industrializados como alimento... ¡del ganado y aves de corral!

Mar saqueado y empobrecido. Ambiente degradado. Calidad de vida agredida. Año nuevo y de nuevo... lo de siempre.