El desierto se extiende inmenso,
silencioso, invencible. De pronto ocurre un milagro... sobre el
lienzo estéril de la arena una pincelada verde, una tímida
e irregular línea. Acercarse a ella es descubrir el bosque
seco, un paraje donde medra diversidad de plantas y que es imperio
del algarrobo, generoso y utilísimo árbol. Desde
tiempos inmemoriales ha estado íntimamente vinculado a
la vida, a la supervivencia y costumbres de las mujeres y hombres
de la árida costa norte del Perú. Fuente de alimentos,
de leña y madera, la hermosa especie de frondosa copa formó
alguna vez extensos bosques, hoy reducidos a pequeños manchones
desperdigados como islotes.
En algunos puntos, como mudos testigos de un esplendoroso pasado
vegetal, subsisten los últimos relictos de aquellos abigarrados
algarrobales. A lo largo de los años, uno tras otro fueron
abatidos perdiéndose el inmenso tesoro que brota de las
arenas...
"Los indígenas en quechua llaman hasta hoy ttacco
al algarrobo y en idioma yunga: ong, a su fruto: puño del
cual preparaban harina, una suerte de pan y una mazamorra gustosa
llamada yupisin. Según Cieza de León, usaban secar
los frutos y raíces como nosotros los higos y pasas".
DRA. MARIA ROSTWOROWSKI "Es convicción generalizada,
en los países ricos y desarrollados, que en los países
eufemísticamente denominados en desarrollo no se tiene
conciencia de la importancia que tienen sus recursos naturales,
especialmente los renovables. Tal es el caso del olvidado algarrobo".
ING. BENJAMÍN ALMANZA OCAMPO "Es necesario subrayar
que el epíteto "algarrobo" no se refiere a una
especie sino a varias, lo cual ha dado motivo a una confusión
nomenclatural de las especies. Nombres como Prosopis limensis,
Prosopis chilensis, Prosopis juliflora, se han usado para nuestros
algarrobos del norte. Estudios recientes revelan que ninguno de
estos nombres son aplicables para el algarrobo peruano, ya que
corresponden a otras especies o son sinónimos. Hoy sabemos
que el verdadero nombre del algarrobo dominante es Prosopis pallida."
DR. RAMON FERREYRA HUERTA
El sol apenas se atisba. La luz se enreda, queda prisionera entre
las pequeñas y abigarradas hojas. Bajo la sombra de su
frondosa copa la inclemencia del desierto parece una pesadilla
lejana. El tronco leñoso y retorcido. Recias y caprichosas
ramas. Cientos de flores amarillas, aparecerán luego sus
dulces frutos, vainas largas y nutritivas consideradas -con razón-
"maná del desierto". Es el algarrobo, árbol
principal de la costa peruana. Antaño los algarrobales,
con su variada asociación de plantas y animales, cubrieron
grandes extensiones de lo que hogaño no son más
que estériles arenas. Según el renombrado botánico
Ramón Ferreyra Huerta: "El algarrobal es una formación
característica de la costa septentrional. Desde el punto
de vista ecológico y fitogeográfico, se la considera
una sabana, la más extensa del país con unos siete
mil kilómetros cuadrados aproximadamente". O sea,
apenas un "puntito" si recordamos que la costa tiene
una extensión de 136,700 kilómetros cuadrados.
PROTEGER EL VERDOR
La insostenible situación que padecen los bosques secos
en nuestro país, y particularmente el exterminio del algarrobo,
ha llevado a la dación de una serie de normas para lograr
su efectiva protección. Hace algunas semanas se promulgó
la Ley 26721. Tajante y drástica en sus términos
porque así de mal están las cosas. En grandes rasgos,
tal dispositivo prohíbe hasta el año... ¡2008!,
La tala de árboles -léase algarrobo, faique, sapote,
palo verde, palo santo, mata burro, etc. - en los bosques secos
naturales de los norteños departamentos de Tumbes, Piura,
Lambayeque y La Libertad. Se incluye también a los bosques
de este tipo existentes en el sur, particularmente en el desierto
de Ica, donde impera el guarango, un árbol equivalente
al magnífico algarrobo. La ley impide, además, la
comercialización y transporte de leña y carbón
procedente de los referidos bosques. La norma da fuerza de ley,
además, a las medidas adoptadas por el Instituto Nacional
de Recursos Naturales, INRENA, en lo que se refiere a conservación
de tales recursos.
BENDICION VEGETAL
Diversos proyectos de reforestación con algarrobo se han
desarrollado en parajes del norte. Se ha logrado, entre otras
cosas, una mayor producción de las nutritivas algarroba
(vainas). En palabras del lúcido investigador Benjamín
Almanza Ocampo: "estamos frente a un alimento de extraordinario
valor, desde que el contenido en proteínas es tan alto,
especialmente en el caso de la alimentación humana y de
los animales domésticos. Recordemos que en días
recientes el ingeniero piurano Gastón Cruz, investigador
del Instituto de Ciencias Alimentarías del Policlínico
de Zurich, Suiza, se refirió al potencial que tiene la
goma de la semilla de algarroba como aditivo en la industria alimenticia.
Al florecer, además, podemos aprovechar a las abejas, como
se está demostrando en nuestro país. Estos insectos
producen miel de altísima calidad, por la bondad de la
materia prima.
La producción de miel tiene un efecto multiplicador que
podría contribuir al desarrollo de pequeñas industrias
de vinos, caramelos, ceras, jaleas, entre otros. En el campo ganadero,
podrían ensayarse pequeños proyectos de reforestación
que permitirían desarrollar iniciativas de crianza, en
pleno desierto, de diversos animales útiles como vacas,
chanchos, camélidos, entre otros. El campesino norteño
lo utiliza cotidianamente para alimentar a sus animales domésticos,
de lo que se trata es de canalizar y potenciar lo que ya es costumbre,
en beneficio del país y la creación de nuevas empresas
y puestos de trabajo".
SIN FRONTERAS
Las bondades de este árbol son conocidas inclusive allende
nuestras fronteras. ¡Así es! A comienzos de la década
de los cuarenta ejemplares de esta especie dejaron su nativa Piura,
llevando su mensaje de vida y esperanza hacia una de las zonas
más olvidadas y áridas del Brasil. La proliferación
de nuestros algarrobos en el noreste de ese país hermano,
un rincón sediento, agobiado por el calcinante sol y empobrecido
por las constantes sequías, fue considerada una verdadera
bendición divina. No es para menos... Desde entonces en
esas tierras, se ha venido perfilando toda una estructura basada
en la investigación, estudio, difusión y expansión
de nuestro árbol y los más diversos productos que
de él se deriva.
ANTIGUA RELACION
Ya desde tiempos precolombinos las bondades de este árbol
fueron aprovechadas. La historiadora María Rostworowski
de Diez Canseco, en su libro "Recursos Naturales Renovables
y Pesca, siglos XVI y XVII", nos recuerda "Emplearon
la madera... en la construcción de sus casas, tumbas y
santuarios. Las techumbres eran sostenidas por horcones, cuya
madera dura era incorruptible, en la cerámica mochica se
aprecian estas edificaciones en la cima de las pirámides
truncas. Un recurso no menos importante en la economía
costeña eran las vainas del algarrobo que alimentaban a
numerosos venados. Su cacería daba lugar a un aprovechamiento
de carne para los habitantes de los llanos... Existen referencias
que su carne eran consumida en la costa y daba lugar a trueque.
La cerámica mochica ilustra profusamente las escenas de
venados costeños comiendo los frutos de algarrobos... La
presencia de llamas en la costa está demostrada y es posible
que también se alimentaran con los frutos de algarrobos
y guarangos al igual que otros animales. Un último beneficio...
eran las hojas caídas que formaban en el suelo un mantillo
de bastante espesor. Los indígenas lo usaban para abonar
sus campos..."
APROVECHANDO LA BONDAD
Frente a estos árboles de anchos y robustos troncos, y
que llegan a alcanzar los doce metros de altura, no se piensa
en otra palabra más que "gracias". Todo él
es un mensaje de entrega y generosidad. Utilísimo desde
su durísimo tronco, pasando por sus flores, frutos y hojas
caídas, sin hablar de la sombra y frescor que da su presencia.
Alimento humano y animal. Cobijo para una serie de especies. ¿Por
qué agredir a quien tanto nos ha dado?
MARTHA MEIER MIRO QUESADA
NUTRITIVA VAINA
Con la algarroba (vaina que contiene semillas) se elabora una
serie de potajes nutritivos como mazamorras y se extrae una sustancia
espesa y dulce llamada algarrobina. Estudios bromatológicos
demuestran el valor de este "maná del desierto".
Cien gramos de vaina, aún sin semillas, contienen:
333 calorías
16 de proteína
65.8 de hidratos de carbono
450 Mg de Calcio
6.6 de hierro
13 gr de agua
3.2 de grasa
1.8 de fibra
727 de fósforo
Vitaminas: B1 0.33; B2 0.15; B6 2.6