Diversos
sectores vienen abogando por la libertad de María Elena Foronda
Farro, directora de la organización ecologista Natura de
Chimbote. Foronda, en compañía del gerente de la mencionada
institución, Oscar Díaz Barboza, fue detenida en setiembre
del año pasado cuando se preparaba para viajar a Lima. El
motivo de la visita a la capital era denunciar la crítica
situación ambiental de Chimbote por la contaminación
de la industria pesquera. Foronda y Díaz venían realizando
serias denuncias sobre las irregularidades de esas empresas y la
inacción de las autoridades respectivas. Sus campañas
de educación ambiental y sus demandas, que recogían
el sentir de la población chimbotana, habían calado
hondo.
Fue entonces que un "arrepentido" los señaló
como supuestos colaboradores del Movimiento Revolucionario Túpac
Amaru (MRTA). Parlamentarios de las más diversas bancadas
se han pronunciado, a lo largo de estos meses, a favor de los
dos expertos en temas ambientales, cuya transparente y comprometida
trayectoria son ampliamente conocidas.
El proceso que se les siguió estuvo plagado de vicios.
Uno de los `jueces sin rostro', inclusive, se abstuvo de firmar
el acta que los condenaba a largos años de prisión.
Según trascendió, la referida autoridad consideró
que no habían pruebas concluyentes ni argumentos sólidos
que los vincularan con grupos alzados en armas.
La versión de un "arrepentido", que después
se retractó, no puede ni debe dar pie a una condena de
esa índole. Así lo comprendió ese juez sin
rostro.
No es la primera vez, bajo este régimen, que quienes denuncian
los excesos cometidos en nombre de la `libre empresa', son privados
de su libertad bajo falsa acusación de terrorismo.
Hace un par de años, campesinos y vecinos de San Ignacio
(Jaén, Cajamarca) fueron injustamente encarcelados, por
varios meses, acusados de "terrorismo", por el sólo
hecho de oponerse a las pretensiones de una empresa maderera sobre
sus bosques de Podocarpus.
Aquella historia llegó a buen término.
Se comprobó la inocencia de esas personas. Se constató,
también, cómo la corrupción de malos miembros
de la Policía y funcionarios del ministerio de Agricultura
permitieron que se perpetrara la injusticia. Ninguna autoridad,
sin embargo, fue sancionada.
En el caso de la mina "Turmalina", ubicada en la sierra
norte, las acusaciones de "terrorismo" fueron también
utilizadas contra quienes se opusieron a que continuarán
las actividades que tanta degradación ambiental trajeron
a la zona. En ese caso, la corrupción de las autoridades
también permitió que se cometan una serie de excesos,
atropellando derechos básicos.
En un país como el Perú, donde no existe delito
de opinión, la opinión "verde", sin embargo,
ha sido condenada más de una vez durante el actual régimen.
Quienes asumen la noble causa de la defensa de nuestras riquezas
naturales y la integridad ambiental, quienes exigen responsabilidad
a la empresa privada y seriedad a las autoridades, pagan el precio
de la libertad.