Los temas ecológicos, la
problemática ambiental, la degradación de la flora,
de la fauna y todas las riquezas naturales son asuntos que cada
día, con más fuerza, irrumpen en nuestra conciencia
y en nuestros, otrora inviolables, hogares. A estas alturas nadie
puede permanecer neutral. La noticia "verde" es imparable.
Ingresa a nuestras salas, a nuestros comedores y dormitorios,
aunque las puertas y ventanas estén cerradas.
Comentario de primera plana, tema cotidiano de conversación,
siempre logra "filtrarse" en los medios de comunicación
aunque muchos pretendan mover sus corruptos "hilos, en la
vana ilusión de tapar el sol con un dedo.
La magia de la televisión nos transporta al lugar mismo
de los hechos. La información cruza el espacio en cuestión
de segundos gracias a las ondas de radio. Las nuevas tecnologías
de comunicación favorecen a la diseminación del
tema. La preocupación ambiental crece. ¿Un asunto
de nuestro tiempo? ¡Falso!
En todas las épocas, en todas las culturas, voces fuertes
se levantaron tratando de llamar a la cordura. La conciencia ambiental
para nada es asunto nuevo. Quizá la única diferencia
actual es que hoy la raza humana ¡sí! cuenta con
las herramientas que harían posible el ansiado cambio de
rumbo...
"Nuestro país comparado con lo que era, se asemeja
a un cuerpo consumido por la enfermedad; todo lo que había
de tierra grasa y fecunda ha desaparecido y no nos queda más
que un cuerpo descarnado...". La imagen nos describe "al
pelito" el lúgubre paraje de varios rincones del globo.
Bien podría ser el literal retrato de nuestra deforestada
selva alta o quizá la sierra central, degradada por la
minería, asfixiada por los humos de las fundiciones, envenenada
por los relaves.
¿No será acaso una descripción de algún
rincón del continente africano, como Etiopía, tras
la sequía? ¡Nada de eso! Quién piense que
estas líneas pertenecen a una pluma contemporánea
sé... ¡equivoca!
El comentario data de varios siglos antes de Cristo. ¿Su
autor? Pues nada más y nada menos que al filósofo
griego Aristócles, más conocido como... ¡Platón!
BATALLA SIN CUARTEL
"Cada generación tiene que luchar de nuevo con los
saqueadores, con la tendencia a utilizar los recursos públicos
en beneficio propio y con la inclinación a preferir las
ganancias a corto plazo a las necesidades a largo plazo".
Tan lúcida sentencia pertenece al recordado presidente
norteamericano John F. Kennedy, uno de los más brillantes
políticos de este convulsionado siglo. Son palabras que
nos ayudan a comprender una gran verdad. Dice acertadamente J.F.K.:
"Cada generación tiene que luchar de nuevo...".
Y es que en todas las épocas existieron los mismos "saqueadores",
voraces depredadores de las riquezas naturales que no piensan
en el bien común, y menos en las siguientes generaciones.
En todas las épocas, también, hubo quienes batallaron
por cambiar el rumbo.
Decir que la conciencia y preocupación "ecológicas"
es asunto de las últimas décadas es pecar de ignorancia
y hacerle un favor a la rapacidad, al desarrollo mal enfocado
y al progreso mal entendido. Un breve periplo por los anales de
la prensa peruana y mundial nos ayuda, también, a comprender
cómo la temática ambiental no ha sido algo ajeno.
En "El Comercio", por ejemplo, aparecían notas
sobre esta problemática casi desde sus inicios. La situación
de los menos favorecidos, la basura, la explotación inadecuada
del guano, los humos de las fábricas, fueron una constante.
GOBERNAR EN "VERDE"
En la histórica "Conferencia de las Naciones Unidas
sobre el Medio Humano", más conocida como "Conferencia
de Estocolmo" (5 al 16 de junio de 1972) una mujer menuda,
ataviada con un típico "sari", con pausada y
firme voz recordó a los lideres y representantes oficiales
la responsabilidad que les competía frente a la crisis
ecológica.
Indira Gandhi refirió que, desde siglos lejanos, un buen
gobernante de su país reconocía la necesidad de
velar también por la flora y fauna, importante patrimonio
de los pueblos. Dijo la Gandhi: "A través de toda
la India, edictos grabados en roca nos recuerdan que hace 22 siglos
el emperador Asoka definió como deber del rey no sólo
el de proteger a los ciudadanos y castigar a los infractores de
la ley, sino también el de preservar la vida de los animales
y de los árboles de la floresta".
El poderoso emperador Asoka -que reinó de... ¡273
a 232 a.C.!- fue, sin duda, un avanzado y lúcido político.
Ya en nuestra era tenemos que, en el siglo XIII se toman en Europa
las primeras medidas conservacionistas y, a saber, para 1576 el
príncipe de Orange y Holanda dispuso conservar a perpetuidad
el bosque de la Haya.
EL BIEN COMUN
"La defensa de la persona humana y el respeto de su dignidad
son el fin supremo de la sociedad y el Estado". Así
reza el primerísimo artículo de la Constitución
Política, actualmente vigente en nuestro país. Se
trata, pues, de alcanzar aquello que se ha dado en llamar el "Bien
Común", aquel "Bonum Comune" sobre el que
especulaba filosóficamente Santo Tomás de Aquino
(1225-74). Un ideal que viene de mucho más atrás.
En estos tiempos de individualismos rapaces vale la pena recordar
que él "Bien Común" se refiere, también,
a los aspectos ecológicos y ambientales. El bien de todas
las personas y su seguridad depende, fundamentalmente, del medio
que nos sustenta como bien lo entienden hoy los economistas.
En 1992 Andrew Steer, especialista británico vinculado
al Banco Mundial, formuló una tesis interesante: "Los
encargados de la formulación de políticas de desarrollo
reconocen cada día más, que el no tomar en cuenta
los costos del deterioro ambiental, es una actitud que resultará
ineficiente, y en muchos casos ineficaz, para aumentar los ingresos
y el bienestar de la población".
LA UNICA RAZON...
Pero vayamos atrás en el tiempo... Varios siglos antes
que Santo Tomás de Aquino -conocido como el Doctor Angélico-
reflexionara sobre el "Bien Común", en tiempos
del filósofo griego Aristóteles (384-322 a.C.) se
consideraba a éste: el fin mayor y último que trata
de alcanzar el Estado, con su actividad política. Como
quien dice...¡la única razón de un gobierno!
Es interesante conocer, por ejemplo, que ya varios años
antes el célebre Platón (428-348 a.C.) ya había
afirmado: "Quien ensucia el agua debe limpiarla". Los
dos griegos nos han dejado un mensaje imperecedero y nos demuestran
cómo la conciencia ambiental, una expresión más
del espíritu solidario, surgió antaño. Siglos
antes de Cristo, Aristóteles nos habló del ineludible
compromiso que tenemos como parte de una colectividad, y Platón
dejó claramente establecido que nadie tiene derecho a degradar
un bien que es de todos. Este principio platónico se ha
transformado en la célebre premisa contemporánea:
"el que contamina paga", o "impuesto a la contaminación".
Actualmente, en la mayoría de naciones del globo se parte
de esta idea. Así, el "empresario depredador"
debe pagar una suerte de "multa a la cochinada". Se
apunta a que se busquen alternativas y se tomen mayores precauciones.
LA PATRIA Y LA VIDA
En nuestro país la conciencia ambiental data de tiempos
pre-hispánicos.
En la presentación de "Parques Nacionales del Perú",
del maestro cutervino Don Salomón Vilchez Murga, el recordado
conservacionista Felipe Benavides escribió: "En nuestra
América la tradición proteccionista arranca desde
la época prehispánica, específicamente en
el seno de la civilización Quechua del antiguo Perú.
Los Incas, según Garcilaso de la Vega, vislumbraron la
necesidad de amparar la avifauna costera, prohibiendo bajo pena
capital perturbar las aves guaneras en la época de cría.
Y en igual forma radical se procedió en favor de la bella,
aristocrática y utilísma vicuña".
Los incas fueron en esencia grandes conservacionistas. Su óptimo
aprovechamiento del medio les permitió desarrollar una
floreciente civilización y mantener, bien alimentada, a
una creciente población.
PREOCUPACION COLONIAL
El nuevo patrón de desarrollo impuesto por los españoles
llevó a una gran crisis ecológica. Nadie lo niega.
Millones de hectáreas fueron deforestadas para obtener
la madera con que se construyeron las nuevas ciudades. Los bosques
se convirtieron en el carbón que dio la energía
necesaria para fundir los metales, extraidos de nuestros Andes,
por la Corona. La fauna fue, también, sistemáticamente
diezmada. Mas no se crea que los españoles no se preocuparon
por la problemática que desencadenaron. Diversos edictos
y ordenanzas de estos tiempos son muestra que existía una
clara conciencia. Como ocurre las más de las veces, triunfaron
otros intereses.
En 1577 el Rey de España emitió una real ordenanza
limitando la saca de llamas, alpacas, guanacos y vicuñas
en la óptica de promover la conservación del "ganado
mayor", como llamaron a los camélidos. En esos tiempos
diversos notables manifestaron su preocupación por la depredación
de ésta y otras riquezas naturales. Gran defensor de la
vicuña, entonces, fue el marqués de Rocafuerte.
QUEJAS Y PROBLEMAS
En su libro"Recursos Naturales Renovables y Pesca, siglos
XVI y XVII", la doctora María Rostworowski de Diez
Canseco difunde datos que confirman una real preocupación
por estos aspectos, en la época del dominio español.
Consta, por ejemplo, la alarma de los miembros del Cabildo de
Lima por la destrucción del recurso arbóreo en el
valle. El 9 de octubre de...¡1535!, y al año siguiente
sin que al parecer se cumpliera, se ordenó "a los
vecinos que poseían tierras sembraran hasta 300 sauces".
La primera "demanda ecológica" en tiempos Hispanos
es, sin duda, la que registra la misma investigadora. Según
ilustra, en 1567 naturales de Atiquipa presentaron una queja ante
el alcalde de Arequipa, don pedro Melgar. En las lomas de Atiquipa,
ganado español pastaba y vagaba sin vigilancia, destruyendo
sus cultivos estacionales de maíz, yuca,achira y camote.
El defensor de los naturales Juan de Castro Figueroa -quizá
primer abogado "verde" del país- "consiguió
la imposición de cien pesos de plata corriente como sanción
a los dueños de los animales".
No faltó un compañero de armas de Pizarro, Mancio
Sierra de Leguizamo, que en su lecho de muerte dejó anotado
su arrepentimiento por la destrucción derivada de la conquista
y el modelo impuesto.
REPUBLICA VERDE
La conservación de la naturaleza fue una preocupación,
también, de nuestros próceres. Hipólito Unanue
ha legado, para la posteridad, escritos que son una muestra palpable
de su conciencia "verde" y preocupación por el
impacto de las basuras en el ambiente y sobre la salud.
Célebres son los múltiples decretos conservacionistas
del Libertador Simón Bolivar quien inclusive llegó
a expresar: "La naturaleza debe presidir a todas la reglas".
En tiempos republicanos sobresalen las leyes, de gran valor para
la conservación de las riquezas naturales, decretadas por
Ramón Castilla. A través del tiempo muchos abogaron
por tan noble causa. Como hoy muchos esfuerzos resultaron estériles
frente a los grandes y mezquinos intereses de ciertos poderes.
Quizá hoy sí se gane la batalla. A diferencia de
los siglos pasados hoy tenemos en las manos herramientas y armas
que nos permitirían revertir esta situación. Gracias
al poder de las comunicaciones la creciente crisis ecológica
es, cada vez, más visible y comprendida a todo nivel. Como
dice la Biblia en el "Eclesiastés": "Todas
las cosas tienen su tiempo; todo lo que pasa debajo del sol tiene
su hora"...