Autoridades
del ministerio de Agricultura propusieron pasar a las vicuñas,
del "Apéndice I" al "Apéndice II"
de la "Convención sobre el Comercio Internacional de
Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres" (C.I.T.E.S.
por sus siglas en inglés). Con el pase se intentaba concretar
proyectos que pretenden explotar la carne y piel de tan bella especie.
A lo largo de su vida, Felipe Benavides Barreda
se opuso a la sangrienta intención. Trató de avanzar
proyectos que beneficiaran a las olvidadas comunidades andinas
sin insensibilizarlas con tareas de muerte. Propuso la elaboración
de telas con lana proveniente de la esquila en vivo, apuntando
al mejoramiento de la economía de las familias campesinas.
Mañana se celebra un aniversario más
de la desaparición de tan recordado conservacionista y
la C.I.T.E.S. niega al ministerio el pase. Esperanza para nuestras
vicuñas; homenaje para quien consagró su vida a
defenderlas...
Según relata Garcilaso de la Vega, los Incas
las capturaban para luego de esquilarlas dejarlas en libertad.
Quienes se atrevían a matarlas eran castigados con la pena
capital.
Simón Bolívar, Libertador de América,
prohibió su matanza y decretó que: "los que
quieran aprovechar de la lana para comercializarla... podrán
verificarlo trasquilándolas... Los infractores de este
decreto sufrirán pena de cuatro meses por cada una de las
vicuñas que matasen...". Bolívar decretó
también que la vicuña formara parte de nuestro Escudo
Nacional, simbolizando la riqueza faunística del Perú.
Diversos gobernantes, a lo largo de nuestra historia
republicana, se preocuparon por la situación de la especie.
En las últimas décadas, gracias a
los esfuerzos de don Felipe Benavides Barreda y de distinguidos
técnicos del ministerio de Agricultura, como los ingenieros
Benjamín Almanza Ocampo y Flavio Bazán, se logró
incrementar la población de vicuñas que, a comienzos
de los años sesenta, apretadamente alcanzaban los cinco
mil ejemplares.
Gracias a las leyes y convenios que desde 1969
la protegen, actualmente en el Perú habita más del
80% de la población mundial de vicuñas. Pero no
todo es color de rosa...
La cacería furtiva y el contrabando de sus
pieles sigue creciendo a vista y paciencia de las autoridades.
Además, en los últimos meses se promulgaron una
serie de disposiciones que constituían, según opinión
de especialistas, "una clara amenaza".
El artículo Nº 62 del D.L. 653 "Ley
de Promoción Agraria", por ejemplo, liberalizó
la crianza y exportación del fino camélido. El D.S.
Nº 026-92-AG creó el "Consejo Nacional de Camélidos
Sudamericanos"(CNCS), desactivando el "Consejo Nacional
de la Vicuña".
A mediados del año pasado, el ministerio
de Agricultura pidió a la C.I.T.E.S. transferir la totalidad
de la población de vicuñas al "Apéndice
II". Esto hubiera permitido la matanza para obtener pieles,
salchichas y otros subproductos de vicuña.
Agricultura parece haber olvidado que tan fina
especie merece un trato especial; no sólo por ser parte
integral de uno de nuestros símbolos nacionales, sino por
que -según diversos estudios técnicos- la verdadera
riqueza está en su lana. Ha sido más que demostrado
que la esquila en vivo es el "mejor negocio" para las
olvidadas comunidades de nuestros Andes.
El "pase" había sido rechazado,
en Japón, en una previa reunión de la C.I.T.E.S.
Sin embargo, nuestras autoridades insistieron y pidieron que los
más de cien países signatarios votaran por la vía
postal.
El Dr. Obdulio Menghi, Coordinador Científico
de la CITES, remitió en días recientes una comunicación
al ministerio de Agricultura declarando improcedente el pedido.
Según consta en la copia llegada a nuestra
redacción: "La propuesta... es inaceptable desde un
punto de vista técnico".
Una victoria más de don Felipe... desde
su pedacito de cielo.