Como
si fueran cascadas, se deslizan por los peñascos hasta
romper, con su algarabía, la superficie salada del mar.
Ladrando, al igual que perros, remontan la blanca textura de las
olas con la agilidad de un delfín. Se sumergen, una y otra
vez. Agiles sombras bajo las aguas dejan su huella de burbujas.
Incansables siluetas que, de cuando en cuando, asoman sus cabezas
para seguir jugueteando donde el océano estalla y se encuentra
con la orilla.
A todo lo largo de nuestro litoral, en islotes
y playas rocosas aisladas, podemos encontrarlos explorando el
fondo en busca de moluscos y crustáceos; persiguiendo pececillos
y calamares en sus acuáticos dominios. Son nuestros lobos
marinos, los únicos Pinnípedos que habitan en las
costas peruanas...
Pinní... ¿qué?, probablemente
se preguntará quien escuche que los únicos Pinnípedos
que viven en la costa del Perú son los lobos de mar. Pues
bien, para entendernos mejor, vayamos por partes; empecemos por
tan curiosa palabra: Pinnípedos. Tal es el nombre de un
suborden de carnívoros, adaptados a la vida acuática,
que se reproducen sobre tierra y tienen las extremidades transformadas
en... ¡aletas!. Y eso es, más o menos, lo que significa
nuestra inicial palabrilla: "pies con aletas".
Sabiendo lo de la adaptación a la vida acuática,
la reproducción sobre tierra y las útiles aletas,
queda claro que las morsas, los elefantes marinos y las focas
(todos ellos animales que no viven en nuestro país) son
también Pinnípedos. Sin embargo, pertenecen a otras
familias y no a la de nuestros lobos de mar.
Así es... las morsas, por ejemplo, aquellas
de los largos colmillos, pertenecen a la familia de los "Odobénidos";
las simpáticas focas y elefantes marinos, a la de los "Fócidos"
y nuestros lobos marinos, a la tercera familia de Pinnípedos:
los "Otáridos" ( Otaridae), que se distinguen
por tener pabellones auditivos, es decir orejas externas, muy
notorias. Por ello es que hay quienes, mal, los llaman "focas
orejonas".
Otra diferencia de los "lobos de mar",
u Otáridos, con el resto de Pinnípedos es que sus
extremidades traseras pueden dirigirse hacia adelante como las
de cualquier mamífero terrestre. Esto les permite correr
ágil y velozmente sobre tierra firme y trepar sin problemas
los islotes rocosos (ni los fócidos, ni los odobénidos
tienen tal capacidad). Cuando entran al agua, los lobos de mar
colocan sus patas posteriores hacia atrás, como si fuera
una cola, lo que les ayuda a nadar con velocidad y destreza.
Nuestros lobos: Los lobos de mar peruanos pertenecen
a dos géneros distintos: Otaria y Arctocephalus. Comúnmente
se conoce al Otaria flavescens, con el nombre de "lobo marino
chusco", o "de un pelo" y, por la característica
melena del macho, también se le llama "león
marino". Esta es la especie que más abunda en nuestro
litoral.
Al "lobo marino fino", o "de dos pelos" lo
llama la Ciencia:
Arctocephalus australis. Es más pequeño
que el "chusco" y ha sido muy perseguido por su finísima
piel. Su color es de un castaño más oscuro que el
del anterior.
Nuestras dos especies de lobos marinos están,
también, ampliamente distribuidas por todo el continente.
En el Perú se las puede observar a todo lo largo de nuestro
litoral, desde la frontera con Chile hasta la isla Lobos de Tierra,
bien al norte.
Los pobres lobos de mar son realmente unos "incomprendidos",
se los ve tan sólo como fuente de materia prima (piel y
aceite), además, los pescadores les reprochan por la falta
de peces y por romper sus redes. Sin embargo, la ciencia indica
que consumen mayormente calamares, cangrejos y moluscos. Además,
que los peces atrapados son, generalmente, ejemplares viejos y
debilitados. Los buenos lobos hacen de "inspectores sanitarios"
y así, sólo los mejores ejemplares de peces llegan
a las redes y luego a las mesas humanas.
Habría que empezar a valorar a nuestra
fauna en vida, por el importante rol que juegan para mantener
el equilibrio del ecosistema global, y no sólo por lo que
nos darán sus cadáveres. Los lobos de mar vivos
son, por ejemplo, un atractivo turístico y pedagógico
desaprovechado. Cientos de familias de pescadores podrían
tener ingresos adicionales organizando paseos, educativos y de
recreación, hacia las loberías...