Diario El Comercio Lima -Perú
30-01-1993

Martha Meier MQ.

 
Pinnípedos peruanos
Nuestros dos lobos de mar
 

Como si fueran cascadas, se deslizan por los peñascos hasta romper, con su algarabía, la superficie salada del mar. Ladrando, al igual que perros, remontan la blanca textura de las olas con la agilidad de un delfín. Se sumergen, una y otra vez. Agiles sombras bajo las aguas dejan su huella de burbujas. Incansables siluetas que, de cuando en cuando, asoman sus cabezas para seguir jugueteando donde el océano estalla y se encuentra con la orilla.

A todo lo largo de nuestro litoral, en islotes y playas rocosas aisladas, podemos encontrarlos explorando el fondo en busca de moluscos y crustáceos; persiguiendo pececillos y calamares en sus acuáticos dominios. Son nuestros lobos marinos, los únicos Pinnípedos que habitan en las costas peruanas...

Pinní... ¿qué?, probablemente se preguntará quien escuche que los únicos Pinnípedos que viven en la costa del Perú son los lobos de mar. Pues bien, para entendernos mejor, vayamos por partes; empecemos por tan curiosa palabra: Pinnípedos. Tal es el nombre de un suborden de carnívoros, adaptados a la vida acuática, que se reproducen sobre tierra y tienen las extremidades transformadas en... ¡aletas!. Y eso es, más o menos, lo que significa nuestra inicial palabrilla: "pies con aletas".

Sabiendo lo de la adaptación a la vida acuática, la reproducción sobre tierra y las útiles aletas, queda claro que las morsas, los elefantes marinos y las focas (todos ellos animales que no viven en nuestro país) son también Pinnípedos. Sin embargo, pertenecen a otras familias y no a la de nuestros lobos de mar.

Así es... las morsas, por ejemplo, aquellas de los largos colmillos, pertenecen a la familia de los "Odobénidos"; las simpáticas focas y elefantes marinos, a la de los "Fócidos" y nuestros lobos marinos, a la tercera familia de Pinnípedos: los "Otáridos" ( Otaridae), que se distinguen por tener pabellones auditivos, es decir orejas externas, muy notorias. Por ello es que hay quienes, mal, los llaman "focas orejonas".

Otra diferencia de los "lobos de mar", u Otáridos, con el resto de Pinnípedos es que sus extremidades traseras pueden dirigirse hacia adelante como las de cualquier mamífero terrestre. Esto les permite correr ágil y velozmente sobre tierra firme y trepar sin problemas los islotes rocosos (ni los fócidos, ni los odobénidos tienen tal capacidad). Cuando entran al agua, los lobos de mar colocan sus patas posteriores hacia atrás, como si fuera una cola, lo que les ayuda a nadar con velocidad y destreza.

Nuestros lobos: Los lobos de mar peruanos pertenecen a dos géneros distintos: Otaria y Arctocephalus. Comúnmente se conoce al Otaria flavescens, con el nombre de "lobo marino chusco", o "de un pelo" y, por la característica melena del macho, también se le llama "león marino". Esta es la especie que más abunda en nuestro litoral.
Al "lobo marino fino", o "de dos pelos" lo llama la Ciencia:

Arctocephalus australis. Es más pequeño que el "chusco" y ha sido muy perseguido por su finísima piel. Su color es de un castaño más oscuro que el del anterior.

Nuestras dos especies de lobos marinos están, también, ampliamente distribuidas por todo el continente. En el Perú se las puede observar a todo lo largo de nuestro litoral, desde la frontera con Chile hasta la isla Lobos de Tierra, bien al norte.

Los pobres lobos de mar son realmente unos "incomprendidos", se los ve tan sólo como fuente de materia prima (piel y aceite), además, los pescadores les reprochan por la falta de peces y por romper sus redes. Sin embargo, la ciencia indica que consumen mayormente calamares, cangrejos y moluscos. Además, que los peces atrapados son, generalmente, ejemplares viejos y debilitados. Los buenos lobos hacen de "inspectores sanitarios" y así, sólo los mejores ejemplares de peces llegan a las redes y luego a las mesas humanas.

Habría que empezar a valorar a nuestra fauna en vida, por el importante rol que juegan para mantener el equilibrio del ecosistema global, y no sólo por lo que nos darán sus cadáveres. Los lobos de mar vivos son, por ejemplo, un atractivo turístico y pedagógico desaprovechado. Cientos de familias de pescadores podrían tener ingresos adicionales organizando paseos, educativos y de recreación, hacia las loberías...