Tan
despacio anda que parece quieto. Para mover una extremidad se demora...
¡medio minuto! Recorrer un metro le toma hasta cuatro minutos.
Es bastante miope. Su oído es mediocre y su olfato le sirve,
apenas, para distinguir las plantas que le alimentan. De movimientos
torpes, es el ejemplo mismo de la lentitud. Tiene la capacidad de
rotar su cabeza casi...¡360 grados! Defeca sólo cuando
llueve y se pasa la vida abrazado a los árboles, masticando
hojas y brotes, nada más que hojas y brotes.
Es el "Perezoso", un peculiar animal
de las selvas de nuestra América del Sur, demostración
viviente de que la lentitud, a veces, ayuda a sobrevivir.
De rasgos simpáticos y amables, este peculiar
animal bien podría tener por lema: "lento pero seguro"...
Los últimos rayos del sol se filtraban por entre las hojas
de la verde bóveda de la selva. Inexorablemente, como cada
tarde, las sombras empezaban a cumplir su misión de cubrir
y esconderlo todo, menos el rumor intenso de la vida en su estado
más puro y salvaje.
La noche tardó lo suficiente en llegar y
sólo por eso alcanzamos a verlo. Arriba, en la rama de
un árbol, colgando con la cabeza hacia abajo, sostenido
gracias a sus poderosas garras. Quieto, tan quieto que parecía
un fruto grande y peludo. Era un "perezoso", curiosa
criatura, así llamada por su exagerada lentitud.
Perfectamente adaptado a la vida arbórea,
el "perezoso" es el más lento de los vertebrados
superiores. Se mueve a una velocidad promedio de apenas... dos
kilómetros por ¡hora! Son muy torpes sobre el suelo,
aunque resultan nadadores más bien diestros. Maravillosa
pelambre Ser "lentito" y poseer un peculiar pelaje le
ayuda a pasar inadvertido en la peligrosa selva.
Hay que mirar largo rato para descubrir sus rasgos
y convencerse que no es un extravagante vegetal. Su larga y espesa
"peluca" ha sido colonizada por algas microscópicas
y líquenes que lo ayudan a camuflarse perfectamente entre
el abigarrado follaje de nuestros bosques tropicales.
Tanto se asemeja a una inerte masa vegetal que
eso les parece a algunas despistadas mariposas. Así es,
según lo escribió el recordado naturalista español,
Félix Rodríguez la Fuente: "De tal forma se
confunde con una formación vegetal que existe incluso una
especie de mariposa adaptada a vivir y a depositar sus huevos
entre el espeso pelo del mimético perezoso".
Eso de ser una suerte de "jardín viviente"
y moverse tan despacito, lo protege de sus enemigos naturales
(el jaguar y el águila harpia, por citar dos). Vivir colgado
En cualquier rincón del bosque donde abunden grandes árboles,
bastante próximos los unos de los otros, se lo puede descubrir.
Plácido, solo como prefiere estar, masticando alguna hoja,
quizá alguna flor o un tallo muy tierno. Según se
señala, pasa la mayor parte del día durmiendo y
dedica sólo...¡cinco horas! a comer y trepar. Como
una manzana, pasa la vida colgado de un árbol aunque, de
vez en cuando, baja al suelo (mayormente para orinar y defecar).
Gracias a sus larguísimas y poderosas uñas
con forma de hoz (falciformes) puede sujetarse firmemente de las
ramas y extendiendo sus "brazos" alcanzar otro árbol.
Existen, a saber, dos géneros de "perezosos":
Choloepus, con sólo dos garras en las patas delanteras
y Bradypus, llamados también de "tres garras".
La diferencia en el número de uñas es la más
notable diferencia entre éstos aunque no está de
más decir que las especies del género Choleupus
son bastante más grandes y que su cola es apenas un muñón.
Son los "perezosos" una de las fascinantes criaturas
de nuestra selva, amenazados por la destrucción sistemática
y masiva de su hábitat.