Diario El Comercio Lima -Perú
13-11-1993

Martha Meier MQ.

 
Jean Baptiste Popelaire de Terloo
El barón belga que recorrió el Perú
 

Desde el Reino de Bélgica llegó a América un joven y noble barón. Recorrió todos los caminos de estas tierras nuevas. Desde la inhóspita Patagonia hasta la fértil California.

Venció los Andes. Atravesó el calcinante desierto de Atacama. Se maravilló con los infinitos matices de verde de las selvas.

Cada insecto, cada piedra con rastros minerales, cada hoja, ave y animal que encontraba a su paso: todo, absolutamente todo, lo recogía y luego describía en su pequeño cuaderno.

El barón llegó al Perú en 1841 y hasta 1843 recorre todos sus caminos. Alucinado por la grandiosidad de los restos arqueológicos y la lasciva naturaleza.

Agudo observador, el barón de Terloo supo recoger en sus apuntes los vicios y virtudes de los hombres y mujeres de aquella época. Sus comentarios, a veces duros, nos ayudan a recapacitar sobre ciertas debilidades del carácter nacional. Pese al paso de los años, sus palabras no han perdido vigencia y nos recuerdan, además, el maravilloso tesoro natural que debemos recuperar y preservar...

Como una frágil y hueca nuez, la "Oriental" se balanceaba atrapada en la fría y embravecida mano del Océano Pacífico. Presa era de la furiosa corriente.

Desde la salida del puerto chileno de Valparaíso la fragata no obedecía al timón. El capitán lo intentó todo, mas quiso el destino que la nave encallara en unas rocas cercanas.

Mientras la nerviosa tripulación temía lo peor, un joven belga mantenía la calma e intentaba, vanamente, salvar sus más preciadas pertenencias. Documentos personales, notas sobre su largo periplo americano, especies disecadas de flora y fauna, muestras minerales: todo fue devorado por la sal y la espuma.

El joven naturalista belga no dejó que el naufragio alterara sus planes y pronto buscó otros medios para llegar al Perú: " ...país que desde mi niñez deseaba conocer, por los relatos fabulosos de Beauchamps sobre las aventuras de Pizarro y sus compañeros en el vasto imperio de los Incas" anotó en su diario.

Quien esas líneas escribió era Jean Baptiste Joseph Louis Popelaire, barón de Terloo. Había nacido en Bruselas un 31 de agosto de 1810 en el seno de una noble y antigua familia belga.

Desde muy joven soñó viajar por todo el planeta y en 1837, al recibir una herencia, se entusiasma con un proyecto de viaje alrededor del mundo anunciado en los diarios de la época. Al año siguiente se embarcó, junto a muchos otros soñadores y estudiosos en la fragata "Oriental".

El barón de Terloo fue un naturalista distinguido que enriqueció muchas colecciones belgas. Cooperó de manera decidida con las labores de la "Academia Real de Bruselas" y de la "Sociedad Real de Zoología de Amberes". Sus aportes y trabajos le valieron ser distinguido con la "Cruz de Leopoldo I", en 1846.

De 1840 a 1843 viajó por el Perú, dedicado a la investigación de campo y al estudio de la flora y fauna locales. Padeció el caos político de las revoluciones y contra-revoluciones encabezadas por Castilla, Gamarra, Santa Cruz, Vivanco...

Pese a la inestabilidad política que por acá se vivía recorrió costa, sierra y selva. Estuvo en Lima, visitó Cerro de Pasco y el Huallaga.
De nuestra costa anotó: "Toda la costa es de una aridez lastimosa...el agua potable es asunto de lujo".

La belleza del paisaje serrano lo llevó a escribir: "Los Andes, colosos americanos, están allícomo eternos vigilantes de las pequeñeces humanas. Han visto desaparecer las civilizciones y guardan la leyenda de los primeros pobladores del Nuevo Mundo. Ante el mar y ante las montañas, el hombre comprende su pequeñez y lo deleznable y mísero que resulta su orgullo...¡Como se comprende al gran Dios en estos sitios!".

Largo sería enumerar sus detallados comentarios y descubrimientos. Sin embargo podemos decir que fueron muchos y grandes los aporte de este súbdito belga que merece ser conocido y recordado por todos los peruanos. El barón de Terloo, dejó algunas líneas duras al referirse al carácter nacional y a la frivolidad e incultura latente en ciertos sectores sociales y políticos. Son, sin embargo, crudas verdades y debilidades acentuadas con el paso de los años.

La vigencia del mensaje de este belga, injustamente olvidado, se manifiesta en estas lúcidas líneas:

"La posición geográfica del Perú, sus recursos mineros y las riquezas de su suelo, abierto a todos los climas, le destinarían un lugar prominente en el porvenir de los países americanos. Pero el progreso es aquí un sueño, tendrán que pasar siglos para que los peruanos evolucionen hasta respetar la autoridad.

Tendrán que pasar siglos para que ésta sea respetable. Tiene elPerú una larga etapa por recorrer antes que puedan decir sus hombres: "somos una nación"...