Desde
el Reino de Bélgica llegó a América un joven
y noble barón. Recorrió todos los caminos de estas
tierras nuevas. Desde la inhóspita Patagonia hasta la fértil
California.
Venció los Andes. Atravesó el calcinante
desierto de Atacama. Se maravilló con los infinitos matices
de verde de las selvas.
Cada insecto, cada piedra con rastros minerales,
cada hoja, ave y animal que encontraba a su paso: todo, absolutamente
todo, lo recogía y luego describía en su pequeño
cuaderno.
El barón llegó al Perú en
1841 y hasta 1843 recorre todos sus caminos. Alucinado por la
grandiosidad de los restos arqueológicos y la lasciva naturaleza.
Agudo observador, el barón de Terloo supo
recoger en sus apuntes los vicios y virtudes de los hombres y
mujeres de aquella época. Sus comentarios, a veces duros,
nos ayudan a recapacitar sobre ciertas debilidades del carácter
nacional. Pese al paso de los años, sus palabras no han
perdido vigencia y nos recuerdan, además, el maravilloso
tesoro natural que debemos recuperar y preservar...
Como una frágil y hueca nuez, la "Oriental" se
balanceaba atrapada en la fría y embravecida mano del Océano
Pacífico. Presa era de la furiosa corriente.
Desde la salida del puerto chileno de Valparaíso
la fragata no obedecía al timón. El capitán
lo intentó todo, mas quiso el destino que la nave encallara
en unas rocas cercanas.
Mientras la nerviosa tripulación temía
lo peor, un joven belga mantenía la calma e intentaba,
vanamente, salvar sus más preciadas pertenencias. Documentos
personales, notas sobre su largo periplo americano, especies disecadas
de flora y fauna, muestras minerales: todo fue devorado por la
sal y la espuma.
El joven naturalista belga no dejó que el
naufragio alterara sus planes y pronto buscó otros medios
para llegar al Perú: " ...país que desde mi
niñez deseaba conocer, por los relatos fabulosos de Beauchamps
sobre las aventuras de Pizarro y sus compañeros en el vasto
imperio de los Incas" anotó en su diario.
Quien esas líneas escribió era Jean
Baptiste Joseph Louis Popelaire, barón de Terloo. Había
nacido en Bruselas un 31 de agosto de 1810 en el seno de una noble
y antigua familia belga.
Desde muy joven soñó viajar por todo
el planeta y en 1837, al recibir una herencia, se entusiasma con
un proyecto de viaje alrededor del mundo anunciado en los diarios
de la época. Al año siguiente se embarcó,
junto a muchos otros soñadores y estudiosos en la fragata
"Oriental".
El barón de Terloo fue un naturalista distinguido
que enriqueció muchas colecciones belgas. Cooperó
de manera decidida con las labores de la "Academia Real de
Bruselas" y de la "Sociedad Real de Zoología
de Amberes". Sus aportes y trabajos le valieron ser distinguido
con la "Cruz de Leopoldo I", en 1846.
De 1840 a 1843 viajó por el Perú,
dedicado a la investigación de campo y al estudio de la
flora y fauna locales. Padeció el caos político
de las revoluciones y contra-revoluciones encabezadas por Castilla,
Gamarra, Santa Cruz, Vivanco...
Pese a la inestabilidad política que por
acá se vivía recorrió costa, sierra y selva.
Estuvo en Lima, visitó Cerro de Pasco y el Huallaga.
De nuestra costa anotó: "Toda la costa es de una aridez
lastimosa...el agua potable es asunto de lujo".
La belleza del paisaje serrano lo llevó
a escribir: "Los Andes, colosos americanos, están
allícomo eternos vigilantes de las pequeñeces humanas.
Han visto desaparecer las civilizciones y guardan la leyenda de
los primeros pobladores del Nuevo Mundo. Ante el mar y ante las
montañas, el hombre comprende su pequeñez y lo deleznable
y mísero que resulta su orgullo...¡Como se comprende
al gran Dios en estos sitios!".
Largo sería enumerar sus detallados comentarios
y descubrimientos. Sin embargo podemos decir que fueron muchos
y grandes los aporte de este súbdito belga que merece ser
conocido y recordado por todos los peruanos. El barón de
Terloo, dejó algunas líneas duras al referirse al
carácter nacional y a la frivolidad e incultura latente
en ciertos sectores sociales y políticos. Son, sin embargo,
crudas verdades y debilidades acentuadas con el paso de los años.
La vigencia del mensaje de este belga, injustamente
olvidado, se manifiesta en estas lúcidas líneas:
"La posición geográfica del
Perú, sus recursos mineros y las riquezas de su suelo,
abierto a todos los climas, le destinarían un lugar prominente
en el porvenir de los países americanos. Pero el progreso
es aquí un sueño, tendrán que pasar siglos
para que los peruanos evolucionen hasta respetar la autoridad.
Tendrán que pasar siglos para que
ésta sea respetable. Tiene elPerú una larga etapa
por recorrer antes que puedan decir sus hombres: "somos una
nación"...