Pasado
mañana, lunes 18 de enero, se cumple un aniversario más
desde aquel 1535 cuando Lima fue declarada capital del Perú.
458 años han transcurrido desde el claro día cuando
Francisco Pizarro fundó nuestra ciudad teniendo como marco
la Plaza de Armas. Estos fueron los dominios de Taulichusco, señor
de una dulce campiña, un valle azul y fragante vivificado
por las aguas frescas y cristalinas del río Rimac. Un paraje
rodeado de bosquecillos y chacras. "Ciudad jardín"
hasta hace algunas décadas, hoy convertida en caos.
Corría en Lima el año de 1867 cuando circuló,
por vez primera, "Lima, apuntes históricos, descriptivos,
estadísticas y de costumbres", de Manuel Atanasio Fuentes,
intelectual, escritor y periodista de la época, más
conocido por su seudónimo de "El Murciélago".
Fuentes escribió: "Largo sería
hacer la enumeración de todos los vegetales que se producen
dentro de las murallas de Lima. La ferocidad de las tierras huertas
y jardines las hace aparentes para el cultivo de todas las plantas...En
clase de flores esquisitas, los jardines de Lima ofrecen variedad
de camelias, magnolias, marimoñas...hermosos y fragantes
claveles, rosas de toda clase y color...En clase de principales
legumbres...coles, lechugas, zanahorias, alcachofas...En clase
de frutas se producen todas las de las zona tórrida y templada,
siendo las principales, la famosa chirimoya, el plátano...granadilla...la
exquisita naranja dulce, el higo, la piña, el melocotón...".
¡Cómo has cambiado pelona! diría
el recordado Nicomedes Santa Cruz al conocer datos actuales. El
crecimiento desordenado de nuestra capital ha dado profana sepultura
a la mayoría de tierras agrícolas y sitios arqueológicos
circundantes. Se calcula que, en los próximos 25 años,
Lima no contará con espacios de cultivo. Nuestra capital,
que hoy se extiende sobre tres valles: Rimac, Chillón y
Lurín, cuenta apenas con poco más de once mil hectáreas
de chacras. La pérdida de las zonas verdes no sólo
impacta de manera negativa sobre el micro clima y la calidad de
aire de nuestra ciudad, sino que, además, impide que el
acuífero (aguas subterráneas) se recargue. Menos
agua para todos es lo que resulta de la pérdida de chacras
y jardines.
La contaminación del río Rímac,
la proliferación de las basuras, los ruidos, la precaria
situación de nuestras playas, los desagües que se
decargan sin tratamiento son evidencia de la decadencia ambiental
de Lima. Pero no olvidemos los asuntos `gaseosos' que aquí
se respiran...
Según la "Carta de Lima II: Recursos
Ambientales y Gestión Metropolitana", las caracteristicas
climáticas de Lima la exponen a problemas de contaminación
atmosférica. La mencionada publicación indica que
"dentro de un radio no mayor de 35 kilómetros del
centro de la ciudad, existe una fábrica de cemento, una
de explosivos, una refinería de zinc, otra de petróleo
y canteras de materiales de construcción. Aparte de las
industrias textiles, de alimentos, complejos químicos...".
Asma, rinitis y diversas alergias se derivan de los gases y partículas
tóxicas que envenenan nuestro aire capitalino. Cambiar
el rumbo depende, en gran medida, de lo que las vecinas y vecinos
de Lima exijamos nuestras autoridades. Recuperar la "Ciudad
Jardín" es el compromiso que debemos asumir.