1992 ya está aquí, con sus doce meses de esperanza. Un año de variadas celebraciones internacionales entre las que se destaca la de los “Quinientos años del encuentro de dos mundos”. Pero 1992 nos trae algo mucho más verde. Del primero al doce de junio se celebrará en Río de Janeiro. Allí se darán cita miles de personas entre Jefes de Estado, líderes espirituales, científicos, activistas políticos, hombres y mujeres preocupados por el incierto futuro de nuestro pequeño planeta; redondo mundo tan cambiado y deteriorado en los últimos quinientos años. Cada minuto desaparecen miles de hectáreas de las últimas selvas que lo cubren, millones de litros de aguas inundadas son vertidas en sus mares, lagos y ríos, el asfalto asfixia los campos, las chimeneas escupen incansables sus humos, variedad de especies de flora y fauna desaparecen a un ritmo alarmante. En medio de todo este caos, hombres, mujeres y niños empiezan a comprender que no existe otro lugar en el universo para la vida.
1992 será, sin duda, el año de la ecología, el año en que la humanidad asumirá el reto de hacer del mundo un mejor lugar para la vida. Agua pura, aire limpio y paz, recursos naturales bien administrados, alimentos abundantes y distribuidos con justicia, paisajes intocables para el futuro de todas y todos, eso es lo que Eco-92 debiera permitirnos alcanzar.
Río de Janeiro se convertirá, del primero al doce de junio de este año, en el “corazón verde del planeta Tierra”. Como se sabe, allí se realizará la Conferencia de las Naciones Unidas para el Medio ambiente y el Desarrollo (CNUMAD); una reunión trascendente en la que se darán cita más de cien jefes de Estado, líderes espirituales, científicos y expertos, como también miles de mujeres; hombres, jóvenes y hasta niños preocupados por el destino de nuestro único hogar en el universo: la Tierra. La Conferencia (llamada también Cumbre Mundial, la Cumbre de la Tierra, Foro Global y Eco 92) será un evento único en muchos sentidos.
Los líderes de cada país tomarán acuerdos y suscribirán convenios internacionales para resolver, solidariamente, asuntos como el cambio climático, la pérdida de la biodiversidad, los bosques tropicales y otros asuntos de importancia global; redactarán, además, una declaración de principios en la que la humanidad acepta una nueva ética, nueva manera de relacionarse entre ellas y con su habitat. Se trata de la “Carta de la Tierra”, un documento que será una suerte de guía para que la humanidad ingrese al siglo veintiuno con una conciencia sobre el futuro y el desarrollo común.
Los pasos a seguir para cumplir con los enunciados del documento anterior serán programados en la “Agenda 21”. Los gobiernos deberán seguir las indicaciones de ésta si es que deciden de lograr un nuevo tipo de desarrollo para sus respectivos países. El documento será, sin duda, un libro de cabecera para los hombres y mujeres que gobiernen el planeta en el futuro cercano.
Eco 92 delineará, pues, las políticas internacionales que regirán la última década del siglo veinte, el más violento de la historia humana y durante el cual se causaron los mayores estragos ambientales. La Conferencia será tema de actualidad en los próximos meses. Mucho se hablará de ella, pero no basta hablar para salvar el planeta. Debemos recordar que nuestros gobernantes actuarán a favor de nuestro entorno en la medida que todos y cada uno de nosotros se lo pidamos. Después de Eco-92 la responsabilidad quedará en nuestras manos.
Recordando la primera vez
Hace veinte años se realizó la primera Conferencia sobre Medio Ambiente, que este se repite en Río de Janeiro. Ciento Trece Jefes de Estado se reunieron, entonces, en Estocolmo en una Conferencia que duró dos semanas; participaron, además, funcionarios de treintaisiete organizaciones intergubernamentales, así como observadores: mil cuatrocientas personas en total.
Más de tres años se preparó esta conferencia que marcó el inicio de una conciencia global sobre la crisis ecológica, la reunión fue del cinco al dieciséis de junio, de 1972 y allí se aprobó la Declaración sobre el Medio ambiente Humano y se apoyaron más de cien propuestas para un Plan de Acción sobre el Medio Ambiente, formalmente asumido por las Naciones Unidas.
Fue entonces, cuando se creó el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y se estableció el 5 de junio como “Día Internacional del Medio Ambiente”.
Por entonces, Barbara Ward, de la Universidad de Columbia y coautora con René Dubos del libro “Una sola Tierra”, lanzó una advertencia que no debe ser olvidada. En 1972 ella pidió a los participantes que no cayeran en la trampa de sentir que se había avanzado en la solución de los problemas ambientales, por que habían estado hablando mucho sobre ellos.
Veinte años más tarde recordemos la trampa, para no hacer en ella…
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