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En noviembre del año pasado,
cuando las lluvias llegaron al Cusco, más de cuarenta mil
mujeres, hombres y niños asumieron el reto de reverdecer
su sagrada ciudad. Había que reforestar las desnudas laderas
circundantes a fin de protegerse y embellecer el entorno. En esta
misma página comentamos tan importante campaña y la
importancia de que otras alcaldías siguieran el ejemplo de
Daniel Estrada, hombre que siempre estuvo convencido de que sus
paisanos asumirían el reto trabajando hombro a hombro para
ver nuevamente al Cusco mucho más hermoso, verde y majestuoso,
tal como fue su imagen en otros tiempos. Un millón de árboles
para el Cusco, un millón de árboles para la vida se
llamó la campa ña. Más de un millón
se sembraron y este año serán más de millón
y medio.
El primero de setiembre los pqosqorunasn y las pqosqo warmisn (los
hombres y mujeres del Cusco) volverán a botar las fatigas
fuera del cuerpo y arrodillados, como quien pide perdón,
acariciarán a la Pachamama, tratarán de curarle las
heridas abiertas y le seguirán tejiendo un manto de vida...
Cuenta el uruguayo Eduardo Galeano en El mundo, primer texto que
aparece en su obra El Libro de los Abrazos que: Un hombre del pueblo
de Negúa, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.
A la vuelta contó. Dijo que había contemplado desde
allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.El
mundo es eso -reveló. Un montón de gente, un mar de
fueguitos. Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás.
No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y
fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se
entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas.
Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros
arden de vida con tantas ganas que no se puede mirarlo sin parpadear,
y quien acerca se encienden.
Estas últimas palabras, son las primeras que se vienen a
la mente cuando se ve el trabajo realizado por las vecinas y vecinos
del Qosqo en defensa de su entorno. No queda duda entonces: el alcalde
Estrada y los especialistas de las Asociación Inca (Asociación
Iniciativa Comunal de los Andes), gestores del monumental proyecto,
tienen que pertenecer necesariamente a esa última categoría
de gentes, a aquellos que todo lo incendian. Sólo así
puede entenderse que hayan desatado tales fuegos y que hayan logrado
convocar a cuarenta mil mujeres, hombres y niños y, todos
juntos, sembrar más de...¡un millón de árboles!
(exactamente 1"166,000) y en apenas tres meses, desde la llegada
de las lluvias en noviembre del año pasado. Como si tal cifra
no fuera los suficientemente pescandalosan, este año se preparan
para plantar más de millón y medio de flores, arbustos,
hierbas y árboles, es su mayoría autóctonas,
con énfasis en especies útiles (árboles frutales,
hierbas medicinales, etc...).
A fines del pasado año comentábamos sobre el enorme
reto asumido y explicábamos los motivos que impulsaron la
campaña: la necesidad de proteger a la ciudad de peligrosos
y constantes derrumbes. Así, el año pasado, se apuntó
principalmente a la reforestación y la apertura de zanjas
de infiltración en las zonas más peligrosas, tales
como las de Sipaspuquio y Saqramayu (el río del diablo),
dos microcuencas paralelas a la quebrada de Wamancharpa donde en
1985, según nos informó el pIncan Edgar Fuentes (coordinador
del área de promoción de la mencionada asociación),
ocurrió un terrible desembalse que arrasó viviendas
y causó serios destrozos.
Salvo por el lado suroriental, donde se extiende el valle del río
Huatanay, la ciudad del Cusco está totalmente rodeada por
altas cumbres. Estas forman trece cuencas hidrográficas y
una veintena de cuencas secundarias, o microcuencas, la mayoría
profundamente deforestadas y que constituyen un suerte de espada
de Damócles para el centro monumental y las zonas periurbanas.
Hoy se puede observar el sueño echando raíces y creciendo
vigoroso. La campaña del año pasado fue un primer
paso, el siguiente se dará el próximo primero de setiembre.
Así, se continuará andando por un camino que, sin
duda, se convertirá en ejemplo para el resto del Perú.
Siguiendo por este camino verde, problemas como la escasez de agua,
la contaminación, los deslizamientos y la pérdida
de suelos agrícolas se convertirán en recuerdo. Los
árboles son nuestros mejores aliados, en el Qosqo parece
haberse comprendido muy bien. Como nos dijera una humilde campesina
que apoyó activamente en la reforestación: pAlgo debe
haber estado mal y no nos habíamos puesto a pensar. Por aquí
la mayoría trabajamos en el campo o tenemos nuestros animales
que comen pasto. Cuando llegan las lluvias todo se pone más
bonito, más verde y se siembra fácil. La lluvia no
es mala, pero han pasado derrumbes por mucha agua y un montón
de casas se ha llevado. Hay vecinas que lo han perdido todo lo poco
que tenían. Los árboles nos cuidan, mientras más
hayan mejor vemos a estar. Con mi familia vamos a ayudar todo lo
que se puedan...
El Comercio Pagina de Ecología
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