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Hace algunos meses una lamentable e inesperada
posibilidad llenó de sombras el panorama ecológico
de nuestro país. Nos referimos a un controvertido contrato
que permitiría la explotación petrolera dentro del
ámbito de la más grande de las Reservas Nacionales
del Perú: Pacaya-Samiria, la tierra de los ríos-espejo.
Desde entonces, las voces de protesta de diversos sectores de la
población se escuchan cada día más fuertes.
Contaminación, pérdida de flora y fauna de gran potencial
científico, alimenticio e industrial; ilegalidad (pues el
Código del Medio Ambiente eleva estas zonas a la categoría
de intangibles), son algunos de los argumentos que esgrimen quienes,
ante todo, defienden la vida.
Durante varias semanas, en esta misma página, estuvimos
informando sobre el problema y divulgando ampliamente lo esplendoroso
de este fragmento de amazonía, paraje alucinante que parece
arrancado de un sueño. Tratábamos, tan sólo,
de dar a conocer las inmensas maravillas de un lugar amenazado,
que para muchos no pasa de ser más que un nombre exótico.
Pacaya-Samiria, imperio de ríos, cochas y aguajales, pedacito
de bosque tropical húmedo, única zona protegida representativa
de nuestra selva baja que alberga una sorprendente bío-diversidad.
Un tesoro invalorable esconden sus aguas: peces, peces y más
peces. Vital recurso del que dependen para su subsistencia las mujeres,
hombres y niños de la selva. Conocer el universo de los peces
amazónicos nos permitirá comprender la impostergable
necesidad de proteger de la contaminación las aguas vitales
para su reproducción.
Amazonía. Planeta verde donde se dibujan infinitas serpientes
líquidas. Universo de bosques y aguas. Ríos y cochas
bajo las que se hallan sumergidas, hasta donde se sabe, dos mil
especies de peces de vital importancia no sólo para la alimentación
de millones de seres humanos, sino para la propia regeneración
de los bosques. Esta cifra hace que la cuenca amazónica (en
su totalidad) sea considerada una de las zonas de mayor riqueza
pesquera del planeta, superando enormemente la potencialidad de
océanos enteros como el Atlántico, por ejemplo.
Todos y todas sabemos que dos tercios de nuestro territorio (es
decir 747,288 kilómetros) son bosques amazónicos;
como es de suponerse la ictiofauna allí albergada es también
impresionante; de las dos mil especies regionales hasta ¡seiscientas!
viven en aguas peruanas (recordemos que en nuestro mar, considerado
uno de los más favorecidos de la tierra existen, apenas l35
más, es decir 735 especies de peces, claro que en mayor volumen).
El potencial pesquero de nuestros rios y cochas de la selva es inmenso,
sin embargo poco es fuerzo se realiza para el manejo recional del
recurso y lo que es peor, la deforestación, la contaminación
de los cursos de agua con desagües, residuos de las actividades
petroleras y los deshechos de la producción de pasta básica
de cocaína, han puesto en peligro el alimento del que dependen
tantos seres humanos.
Riqueza sumergida en ríos de colores
Piensan los especialistas, que hace millones de años (durante
el pleístoceno) los cambios en el curso y nível de
las aguas y el aislamiento de las cuencas propiciaron la impresionante
diversidad de peces que existen en la zona. El recorrido sinuoso
e irregular de los ríos así como la tranquilidad de
las cochas (o lagos) y riachuelos, además de la gran extensión
de la región, permiten la existencia de variedad de hábitats
con capacidad de soportar extensas poblaciones de peces.
Contribuyen al mantenimiento y proliferación de estas especies
la infinita variedad de recursos disponibles para la alimentación
de nuestros "sumergidos personajes" (desde micro-organismos,
pasando por insectos y frutos y animales en descomposición).
El efectivo mecanismo de reciclaje de los nutrientes (en la selva
nada se pierde) favorece también a la proliferación
de vida bajo las aguas.
Claras, blancas y negras
En la amazonía las aguas se distinguen por tres colores.
Hay ríos claros, blancos y negros.
Los ríos claros son característicos de las zonas
altas de la selva, son aguas transparentes y torrenciales. La claridad
del liquido es indicador de la ausencia de materia orgánica
en suspensión, razón por la cual poseen una escasa
fauna. Son en los ríos de la selva baja (blancos y negros)
donde se observa la mayor variedad de peces así como los
de mayores dimensiones.
Son "ríos blancos" aquellos de curso rápido
que debido a la materia orgánica que arrastran mezcladas
con sus aguas, toman una coloración marrón lechosa
(el Amazonas es un ejemplo de este tipo).
Los "ríos negros" son, sin lugar a dudas, los
más hermosos. Se trata de aguas de flujo tan lento que parecen
detenidos. En la oscuridad de sus aguas (donde la materia orgánica
y los nutrientes están en suspensión) la selva se
repite como en un espejo. Son ejemplo de ríos negros, entre
otros, el Pacaya y el Samiria.
En los ríos blancos y negros, los abundantes peces se alimentan
principalmente de los recursos terrestres (como hojas y frutos que
caen a las aguas) y de la vegetación flotante. Durante los
tiempos de crecida ocurren deslizamientos de las riberas (especialmente
en el caso de los rios blancos), la tierra arrastra consigo insectos
y microorganismos que aportan proteínas a la dieta de los
peces.
El "sube y baja" de los peces "jardineros"
En la amazonía el nivel de las aguas no es estable: sube
y baja de acuerdo al régimen de lluvias a lo largo de cada
año. Durante la época de crecida" las áreas
bajas cercanas al río se inundan. Aparecen entonces pequeños
canales que son una suerte de puente que, une masas de agua que
durante el resto del año permanecen aisladas. Esta característica
(presente en la zona de Pacaya-Samiria) es un arma de doble filo,
ya que, si bien es cierto, favorece que, los peces puedan movilizarse
por todo el territorio en busca de alimentos, permite también
que, la contaminación de un sector alcance hasta el último
rinconcito del bosque. (Esta peculiaridad es la que hace tan peligrosa
ciertas actividades dentro de la selva).
Las áreas inundadas como "Pacaya-Samiria" son
una suerte de "maternidad" donde las "mamas"
van a desovar y las familias permanecen juntas allí durante
algún tiempo protegiendo a los "bebitos" de los
peces malos que nadan en aguas más profundas. Luego viajan
a diferentes puntos de la región y asi mantienen un balance
en la concentración de individuos en cada lugar, asegurando
una fuente de alimentación a los millones de pobladores de
la amazonía. La densidad de peces en la selva baja es tal
que, cuando ocurren estas migraciones se forman inmensos cardúmenes
que son fácilmente observables. Los pobladores de nuestra
selva llaman a estos desplazamientos "mijanos".
Opinan los expertos que estos "viajes" tienen como principal
objetivo proveer de una mejor dieta a los "jóvenes"
del grupo. Sin embargo se sabe que estos viajes ayudan también
para que ciertas especies de peces cumplan una labor que, bien podría
ser catalogada como jardinería. ¿Peces jardineros?
Así es. Aunque ésta no sea una actividad conciente,
muchas especies cumplen esa función. Hay ciertos peces que
se alimentan exclusivamente de frutos y semillas, por lo tanto para
su subsistencia dependen de los árboles que crecen junto
a los ríos de las zonas inundables y quizá la función
que cumplen sea una forma de agradecimiento. Estos fruteros"
tienen dientes sumamente fuertes que le permiten abrir las frutas
y romper la cápsula de las semillas y pepas las cuales luego
desechan, cumplen así una efectiva forma de dispersarlas
ayudando a la regeneración del bosque. Son pues, como buenos
jardineros que se preocupan de ayudar a que las semillas cumplan
su misión de vida. Esto se conoce en el mundo científico
como "ichtyochory" y permite mantener y enriquecer la
diversidad genética de los árboles.
Los buenos, los malos y los feos...
La casi totalidad de las dos mil especies de peces amazónicos
son de gran valor alimenticio o económico. En la selva, los
hombres y mujeres dependen de éstos para obtener esenciales
proteínas para completar una dieta a base, mayormente, de
yuca, plátanos y uno que otro fruto.
Una de las especies más cotizadas (de las seiscientas que
existen en nuestra selva) es el paiche (Arapaima gigas). Inmenso
pez, de carne suave y blanca que llega a pesar hasta doscientos
y tantos kilos. Esta especie es protegida en Pacaya-Samiria donde
antes abundaba. Otras especies muy nutritivas son el "boquichico"
(prochilodus nigrincans), "gamitana" (colassoma bidens),
"carachama" (pterygoplichtys.sp), "palometa"
(mylossoma sp), "corvina" (plagioscion aquamosissmus),
entre muchas otras. Pero los peces amazónicos tienen además
gran valor económico. Alrededor de varias especies se ha
formado una floreciente actividad que debidamente supervisada y
orientada podría ayudar a elevar el nivel de vida de muchas
comunidades de la selva olvidada, nos referimos a la exportación
de pececillos ornamentales.
Se calcula que existen por lo menos doscientas especies aprovechables
para tal actividad, aunque en la actualidad se vienen exportando
mayormente sesenta especies pertenecientes principalmente a las
familias Cichlidae, Cailichthydae y Loricaridae.
Como en todo, siempre hay un lado oscuro. Entre las especies acuáticas
amazónicas también podemos encontrar "chicos
malos", tal es el caso del canero (vandellia y vinaphilus)
que según explican los lugareños "gustan de meterse
por los orificios del cuerpo", se sabe que prefieren hacerlo
por la uretra y que pueden llegar a causar lesiones peligrosas,
hemorragias y hasta la muerte. Están también, la Electrophorus
electricus, una ánguila cuya descarga puede atontarnos tanto
como para perder el conocimiento y la Potamotrygon hystrix, una
especie de raya amazónica dotada de dolorosas espinas en
su cola.
Entre las "rarezas" podemos citar a un pez que puede
vivir durante mucho tiempo enterrado en el fango cuando bajan las
aguas, se trata del Lepidosiren paradoxa, que ha desarrollado órganos
que le permiten captar oxígeno directamente del aire. Buenos
o malos, chiquitos, feos, decorativos o inmensos, los peces amazónicos
son de vital importancia para el futuro de esa región. Tesoro
sumergido en peligro por el descuido con que se ha decidido tratar
a los ríos selváticos...
"Amazonas/capital de las sílabas del agua,/ padre patriarca,
eres/ la eternidad secreta/ de las fecundaciones/ te caen ríos
como aves, te cubren/ los pistilos color de incendio/ los grandes
troncos muertos te pueblan de perfume,/la luna no te puede vigilar
ni medirte". Pablo Neruda Por increíble que parezca,
los peces de la amazonía ayudan a "sembrar" árboles.
Muchas especies son las que contribuyen a regenerar el bosque. Para
los pobladores de la selva los ríos no sólo son un
importantísimo medio de comunicación, sino una gran
despensa que alberga infinidad de peces de gran valor nutritivo.
De la proliferación y manejo racional de peces en los cursos
de agua selváticos depende, en gran medida, el futuro de
los niños y niñas de la región.
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