Diario El Comercio Lima -Perú
06-07-1991

 
La importancia de ser un pez amazónico
 

Hace algunos meses una lamentable e inesperada posibilidad llenó de sombras el panorama ecológico de nuestro país. Nos referimos a un controvertido contrato que permitiría la explotación petrolera dentro del ámbito de la más grande de las Reservas Nacionales del Perú: Pacaya-Samiria, la tierra de los ríos-espejo. Desde entonces, las voces de protesta de diversos sectores de la población se escuchan cada día más fuertes. Contaminación, pérdida de flora y fauna de gran potencial científico, alimenticio e industrial; ilegalidad (pues el Código del Medio Ambiente eleva estas zonas a la categoría de intangibles), son algunos de los argumentos que esgrimen quienes, ante todo, defienden la vida.

Durante varias semanas, en esta misma página, estuvimos informando sobre el problema y divulgando ampliamente lo esplendoroso de este fragmento de amazonía, paraje alucinante que parece arrancado de un sueño. Tratábamos, tan sólo, de dar a conocer las inmensas maravillas de un lugar amenazado, que para muchos no pasa de ser más que un nombre exótico. Pacaya-Samiria, imperio de ríos, cochas y aguajales, pedacito de bosque tropical húmedo, única zona protegida representativa de nuestra selva baja que alberga una sorprendente bío-diversidad. Un tesoro invalorable esconden sus aguas: peces, peces y más peces. Vital recurso del que dependen para su subsistencia las mujeres, hombres y niños de la selva. Conocer el universo de los peces amazónicos nos permitirá comprender la impostergable necesidad de proteger de la contaminación las aguas vitales para su reproducción.

Amazonía. Planeta verde donde se dibujan infinitas serpientes líquidas. Universo de bosques y aguas. Ríos y cochas bajo las que se hallan sumergidas, hasta donde se sabe, dos mil especies de peces de vital importancia no sólo para la alimentación de millones de seres humanos, sino para la propia regeneración de los bosques. Esta cifra hace que la cuenca amazónica (en su totalidad) sea considerada una de las zonas de mayor riqueza pesquera del planeta, superando enormemente la potencialidad de océanos enteros como el Atlántico, por ejemplo.

Todos y todas sabemos que dos tercios de nuestro territorio (es decir 747,288 kilómetros) son bosques amazónicos; como es de suponerse la ictiofauna allí albergada es también impresionante; de las dos mil especies regionales hasta ¡seiscientas! viven en aguas peruanas (recordemos que en nuestro mar, considerado uno de los más favorecidos de la tierra existen, apenas l35 más, es decir 735 especies de peces, claro que en mayor volumen). El potencial pesquero de nuestros rios y cochas de la selva es inmenso, sin embargo poco es fuerzo se realiza para el manejo recional del recurso y lo que es peor, la deforestación, la contaminación de los cursos de agua con desagües, residuos de las actividades petroleras y los deshechos de la producción de pasta básica de cocaína, han puesto en peligro el alimento del que dependen tantos seres humanos.

Riqueza sumergida en ríos de colores

Piensan los especialistas, que hace millones de años (durante el pleístoceno) los cambios en el curso y nível de las aguas y el aislamiento de las cuencas propiciaron la impresionante diversidad de peces que existen en la zona. El recorrido sinuoso e irregular de los ríos así como la tranquilidad de las cochas (o lagos) y riachuelos, además de la gran extensión de la región, permiten la existencia de variedad de hábitats con capacidad de soportar extensas poblaciones de peces.

Contribuyen al mantenimiento y proliferación de estas especies la infinita variedad de recursos disponibles para la alimentación de nuestros "sumergidos personajes" (desde micro-organismos, pasando por insectos y frutos y animales en descomposición). El efectivo mecanismo de reciclaje de los nutrientes (en la selva nada se pierde) favorece también a la proliferación de vida bajo las aguas.

Claras, blancas y negras

En la amazonía las aguas se distinguen por tres colores. Hay ríos claros, blancos y negros.

Los ríos claros son característicos de las zonas altas de la selva, son aguas transparentes y torrenciales. La claridad del liquido es indicador de la ausencia de materia orgánica en suspensión, razón por la cual poseen una escasa fauna. Son en los ríos de la selva baja (blancos y negros) donde se observa la mayor variedad de peces así como los de mayores dimensiones.

Son "ríos blancos" aquellos de curso rápido que debido a la materia orgánica que arrastran mezcladas con sus aguas, toman una coloración marrón lechosa (el Amazonas es un ejemplo de este tipo).

Los "ríos negros" son, sin lugar a dudas, los más hermosos. Se trata de aguas de flujo tan lento que parecen detenidos. En la oscuridad de sus aguas (donde la materia orgánica y los nutrientes están en suspensión) la selva se repite como en un espejo. Son ejemplo de ríos negros, entre otros, el Pacaya y el Samiria.

En los ríos blancos y negros, los abundantes peces se alimentan principalmente de los recursos terrestres (como hojas y frutos que caen a las aguas) y de la vegetación flotante. Durante los tiempos de crecida ocurren deslizamientos de las riberas (especialmente en el caso de los rios blancos), la tierra arrastra consigo insectos y microorganismos que aportan proteínas a la dieta de los peces.

El "sube y baja" de los peces "jardineros"

En la amazonía el nivel de las aguas no es estable: sube y baja de acuerdo al régimen de lluvias a lo largo de cada año. Durante la época de crecida" las áreas bajas cercanas al río se inundan. Aparecen entonces pequeños canales que son una suerte de puente que, une masas de agua que durante el resto del año permanecen aisladas. Esta característica (presente en la zona de Pacaya-Samiria) es un arma de doble filo, ya que, si bien es cierto, favorece que, los peces puedan movilizarse por todo el territorio en busca de alimentos, permite también que, la contaminación de un sector alcance hasta el último rinconcito del bosque. (Esta peculiaridad es la que hace tan peligrosa ciertas actividades dentro de la selva).

Las áreas inundadas como "Pacaya-Samiria" son una suerte de "maternidad" donde las "mamas" van a desovar y las familias permanecen juntas allí durante algún tiempo protegiendo a los "bebitos" de los peces malos que nadan en aguas más profundas. Luego viajan a diferentes puntos de la región y asi mantienen un balance en la concentración de individuos en cada lugar, asegurando una fuente de alimentación a los millones de pobladores de la amazonía. La densidad de peces en la selva baja es tal que, cuando ocurren estas migraciones se forman inmensos cardúmenes que son fácilmente observables. Los pobladores de nuestra selva llaman a estos desplazamientos "mijanos".

Opinan los expertos que estos "viajes" tienen como principal objetivo proveer de una mejor dieta a los "jóvenes" del grupo. Sin embargo se sabe que estos viajes ayudan también para que ciertas especies de peces cumplan una labor que, bien podría ser catalogada como jardinería. ¿Peces jardineros? Así es. Aunque ésta no sea una actividad conciente, muchas especies cumplen esa función. Hay ciertos peces que se alimentan exclusivamente de frutos y semillas, por lo tanto para su subsistencia dependen de los árboles que crecen junto a los ríos de las zonas inundables y quizá la función que cumplen sea una forma de agradecimiento. Estos fruteros" tienen dientes sumamente fuertes que le permiten abrir las frutas y romper la cápsula de las semillas y pepas las cuales luego desechan, cumplen así una efectiva forma de dispersarlas ayudando a la regeneración del bosque. Son pues, como buenos jardineros que se preocupan de ayudar a que las semillas cumplan su misión de vida. Esto se conoce en el mundo científico como "ichtyochory" y permite mantener y enriquecer la diversidad genética de los árboles.

Los buenos, los malos y los feos...

La casi totalidad de las dos mil especies de peces amazónicos son de gran valor alimenticio o económico. En la selva, los hombres y mujeres dependen de éstos para obtener esenciales proteínas para completar una dieta a base, mayormente, de yuca, plátanos y uno que otro fruto.

Una de las especies más cotizadas (de las seiscientas que existen en nuestra selva) es el paiche (Arapaima gigas). Inmenso pez, de carne suave y blanca que llega a pesar hasta doscientos y tantos kilos. Esta especie es protegida en Pacaya-Samiria donde antes abundaba. Otras especies muy nutritivas son el "boquichico" (prochilodus nigrincans), "gamitana" (colassoma bidens), "carachama" (pterygoplichtys.sp), "palometa" (mylossoma sp), "corvina" (plagioscion aquamosissmus), entre muchas otras. Pero los peces amazónicos tienen además gran valor económico. Alrededor de varias especies se ha formado una floreciente actividad que debidamente supervisada y orientada podría ayudar a elevar el nivel de vida de muchas comunidades de la selva olvidada, nos referimos a la exportación de pececillos ornamentales.

Se calcula que existen por lo menos doscientas especies aprovechables para tal actividad, aunque en la actualidad se vienen exportando mayormente sesenta especies pertenecientes principalmente a las familias Cichlidae, Cailichthydae y Loricaridae.

Como en todo, siempre hay un lado oscuro. Entre las especies acuáticas amazónicas también podemos encontrar "chicos malos", tal es el caso del canero (vandellia y vinaphilus) que según explican los lugareños "gustan de meterse por los orificios del cuerpo", se sabe que prefieren hacerlo por la uretra y que pueden llegar a causar lesiones peligrosas, hemorragias y hasta la muerte. Están también, la Electrophorus electricus, una ánguila cuya descarga puede atontarnos tanto como para perder el conocimiento y la Potamotrygon hystrix, una especie de raya amazónica dotada de dolorosas espinas en su cola.

Entre las "rarezas" podemos citar a un pez que puede vivir durante mucho tiempo enterrado en el fango cuando bajan las aguas, se trata del Lepidosiren paradoxa, que ha desarrollado órganos que le permiten captar oxígeno directamente del aire. Buenos o malos, chiquitos, feos, decorativos o inmensos, los peces amazónicos son de vital importancia para el futuro de esa región. Tesoro sumergido en peligro por el descuido con que se ha decidido tratar a los ríos selváticos...

"Amazonas/capital de las sílabas del agua,/ padre patriarca, eres/ la eternidad secreta/ de las fecundaciones/ te caen ríos como aves, te cubren/ los pistilos color de incendio/ los grandes troncos muertos te pueblan de perfume,/la luna no te puede vigilar ni medirte". Pablo Neruda Por increíble que parezca, los peces de la amazonía ayudan a "sembrar" árboles. Muchas especies son las que contribuyen a regenerar el bosque. Para los pobladores de la selva los ríos no sólo son un importantísimo medio de comunicación, sino una gran despensa que alberga infinidad de peces de gran valor nutritivo. De la proliferación y manejo racional de peces en los cursos de agua selváticos depende, en gran medida, el futuro de los niños y niñas de la región.