Diario El Comercio Lima -Perú
03-03-1990

 
Tuna: Mucho más que frutos y espinas
 
Tuna, chumbera, nopal, son algunos de los nombres con que se conoce alrededor del mundo a la `Opuntia ficus-indica'; una humilde cáctacea originaria de nuestro continente cuyo cultivo, se está convirtiendo en una excelente alternativa agrícola para promover el desarrollo.

Una planta que prospera bien, aún con poca agua, en terreno de mala calidad, y que puede crecer a una altitud de hasta tres mil metros sobre el nível del mar. Pocos plagas y enfermedades la atacan.

Sus deliciosos frutos son muy nutritivos y hasta sus hojas pueden industrializarse. Además constituye el hábitat preferido de la cochinilla, pequeño insecto que produce el carmín, un colorante altamente cotizado en el mercado internacional.

Cuando se la conoce de cerca se comprende de inmediato que la tuna es ... mucho más, bastante más, que frutos y espinas.

La voz como un trueno del dios Huitzilopochti rugió: "Encontrarán un águila sobre un nopal devorando una serpiente". Cuando los primeros aztecas llegaron al valle de México y vieron la imagen descrita por el dios, comprendieron el mensaje y fundaron la capital de su reino. Un hermoso paraje que alrededor del año 1325 fue bautizado como Tenochtitlán, que en lengua Nahual significa "lugar donde abundan las tunas". Nombre que bien le caería a muchas otras zonas de la América, donde los tunales, con sus hojas de paleta, sus espinas y sus flores coloridas, son parte esencial del paisaje.

La tuna (Opuntia ficus-indica), es una una suerte de hija del rigor que prolifera en las zonas áridas y semiáridas de Latinoamérica. La tuna es originaria, tanto, de los andes peruanos y bolivianos, como de las planicies mexicanas. Los españoles viendo sus bondades la llevaron hasta su tierra donde aprendió a crecer verde y vigorosa. Hoy las tunas son un importante cultivo en las Islas Canarias. Países como Italia y Chile, son algunos de los que promueven su cultivo al haber comprendido la utilidad de la cactácea.

La tuna crece sin problemas, e inclusive de manera silvestre, en terrenos poco fértiles y bajo condiciones hídricas severas gracias a su capacidad para almacenar agua y nutrientes en sus pencas (las hojas). La capacidad de almacenamiento de agua es realmente asombrosa; se ha observado pencas de ocho centímetros que bajo condiciones de sequía intensa reducen su grosor a un centímetro.

Los mil y un usos de la tuna

El cultivo de la cactácea es de gran importancia para nuestra sierra y costa, ya que bien utilizado puede servir para luchar contra la desnutrición y desarrollar las economías de muchas familias campesinas. El fruto, por ejemplo, tiene alto contenido de vitaminas C y B, así como minerales esenciales. Con él, además, se pueden elaborar jugos, mieles, queso y vino de excelente calidad. Como fruta de mesa es altamente cotizada.

La tuna produce más materia asimilable por hectárea, que cualquier otro cultivo con fines alimentarios que se desarrolle bajo las mismas du ras condiciones. Son muchas las ventajas de este cultivo; la tuna no requiere terrenos de primera calidad, puede crecer bien en tierras marginales y bajo condiciones hídricas severas. Prospera bien en pendientes fuertes, y sembrada en las laderas constituye una excelente manera de evitar la erosión y peligrosos deslizamientos.

De ninguna manera se le puede acusar de ser egoísta; una sóla planta puede dar hasta cientocincuenta espinosos frutos por cosecha y producir sin cesar por más de treinta años. Existen varias clases de tuna. Las más conocidas son la amarilla, la blanca, la roja, y la forrajera, una especie sin espinas que sirve para alimentar al ganado.

De sus hojas, como paletas, se elaboran una variedad de productos que van desde medicinas hasta cremas de belleza, pasando por champúes y helados.

Una antiquísima receta, recomienda cortar y calentar sus pencas para aplicarlas como cataplasma sobre los más rebeldes abscesos. Pero pese a su valor, la tuna ha sido, en algunos lugares, una gran incomprendida. Seguramente sus agresivas espinas han tenido la culpa...

Australianos la consideraron terrible plaga

De Perú y México, llegó la tuna hasta la lejana Australia. Los isleños reconocieron de inmediato su potencial como cerco vegetal. Sus hirientes espinas alejaban a cualquier entro metido. Las arenas y la sequedad del ambiente ayudaron a que la planta proliferara rápidamente. Las cactáceas empezaron a invadirlo todo, jardines, parques, huertos; los australianos estaban desesperados por las pérdidas cuantiosas que ocasionaba esta terrible "plaga".

Para fines de 1925 los tunales habían cubierto por completo millones de hectáreas de pastoreo y de las mejores tierras de cultivo. Se descubrió a un enemigo natural de la planta el Cactoblastis cactoreum, originario de la América del Sur. Miles de estos insectos fueron liberados en las zonas ocupadas por las tunas para erradicarlas. Diez años más tarde los insectos habían destruido en su totalidad a las espinosas y densas marañas. Puede parecer increíble, pero la Asociación Femenina de Queensland colocó una placa recordatoria, en agradecimiento al bicho sudamericano que terminó con la "maldición de las espinas"...

Cochinilla; valiosa intrusa

Se ve que nada sabían los australianos del potencial alimenticio, medicinal e industrial de estas plantas, y de esa pequeña "intrusa" que prolifera en sus hojas: la cochinilla del carmín. Pequeñito insecto que servía a los antiguos peruanos para elaborar los tintes con que coloreaban sus tejidos y cerámicas y que en San Bartolomé, como en muchas otras comunidades del Perú ha traído una esperanza...

San Bartolomé, es un poblado con una arraigada tradición frutícola. La creciente escasez de agua obligó a que los agricultores optaran por cultivos que requieren poco riego. Los árboles frutales abrieron paso a la tuna, cuyos deliciosos frutos tienen gran demanda.

Cuentan en el pueblo, que un vecino celoso por las buenas tunas que crecían en San Bartolomé, decidió infestar los cultivos con un parásito: la cochinilla. Este parásito succionador, que vive del jugo de la planta, volvió los frutos débiles, resecos y desabridos, pero los agricultores aprendieron que los bichos, que soltaban una gota intensamente roja cuando se les apretaba, eran una bendición. Verdadera o falsa la historia, lo cierto es que, allí como en otras zonas, cada día son más los que descubren el potencial de la planta y de la plaga.

La cochinilla es un insectito pequeño, del tamaño de un grano de arroz cuando adulta, que produce el ácido carmínico; base para un tinte natural utilizado ampliamente en la industria textil y cosmética: el carmín. El "boom" del carmín, surge en los setenta, cuando se determina que la generalidad de tintes artificiales son potencialmente cancerígenos.

Gran demanda internacional...

En nuestro continente sólo existe una especie de cochinilla de valor comercial la Dactylopius indicus que se desarrolla muy bien en Perú, Mexico y Centro América.

En nuestro país, el buen insecto crece saludable en Huancavelica, Ayacucho, Arequipa y en general en todos los valles interandinos, a partir de los 1,800 hasta los 2,700 metros sobre el nivel del mar. Cualquier cultivo de tunas que se desarrolle en esos lugares es bueno para albergar a este insecto homóptero. El Ing. Edgar Espinoza Montesinos, autor del manual práctico "Cochinilla en América", dio algunas recomendaciones sobre el procedimiento Para infestar de conchinilla una planta. La mejor manera es colocar una docena de hembras maduras en una bolsita de tul, la cual se prende de las propias espinas. Allí estas colocan sus huevos y cuando eclosionan cientos de bebés cochinilla (llamadas ninfas) se esparcirán por la planta. El insecto sufre dos mudas antes de llegar a la madurez sexual, la cual ocurre a los tres meses, la cosecha debe realizarse en ese período y antes del desove de la hembra.

Hay que resaltar que es la hembra la que produce mayor cantidad de ácido carmínico. Se reconoce una planta que está infestada, pues las pencas presentan manchas blancas; esto es debido a que el insecto se cubre de una especie de cera pulvurulenta que tiene la finalidad de protegerlo de los cambios externos de temperatura.

"Se pueden obtener hasta cuatro cosechas de cochinilla por año. La cosecha debe realizarse con sumo cuidado, haciendo uso de una espátula para desprenderla de la penca. Luego se les debe secar al aire por varios días. En realidad es un producto que tiene gran demanda y que no requiere demasiados cuidados. Japón, Canadá, Estados Unidos, son algunos de los países que adquieren la cochinilla peruana".

Sin duda estamos frente a una excelente alternativa que permitiría elevar el nivel de vida de cientos de familias campesinas peruanas. Un cultivo que merece ser impulsado y difundido...