Diario El Comercio Lima -Perú
27-10-1990

 
Para salvar al trópico húmedo
triturar y no quemar
 

En la exuberancia del bosque húmedo tropical palabras como chacra, huerta, vaca (o cualquiera otra relacionada a actividades agrícolas y ganaderas) tienen un sólo significado: destrucción. Y no es para menos...Los métodos hoy utilizados para abrir espacios para estas actividades han dado como resultado verdaderas catástrofes. La pésima costumbre de tumbar árboles y eliminar todo tipo de vegetación para luego proceder a la quema, ha vuelto estériles grandes extensiones.

La expansión agrícola así lograda ocasiona el retroceso de más de doscientas mil hectáreas de selva cada año ¡solo en nuestro país!. Pero el problema no es de ninguna manera exclusividad peruana...


En todas las naciones del trópico húmedo del globo, el fantasma del desierto empieza a dar sus primeros pasos en mitad de los bosques.

Ante tanta desolación, en Tanzania, Costa Rica, Brasil y el resto de paisajes tropicales se vienen ensayando una serie de métodos que apuntan a descubrir cómo se deben cultivar las selvas. Al respecto la solitaria y silenciosa experiencia realizada en una pequeña chacra de Puerto Maldonado, podría apagar para siempre los devastadores fuegos que amenazan no sólo al verde cinturón de nuestro planeta, sino al futuro todo de la vida...

Cuando el sabio Raimondi se refería a las extensas selvas de nuestro país sus palabras eran de admiración y lucidez.

Escrito por él ha quedado para siempre: "Que diremos de la región oriental del Perú...aquella gran extensión... de vírgenes bosques; de aquél mundo desconocido emporio de mil valiosas producciones de plantas y cruzado de innumerables ríos...Diremos que allí está encerrado el porvenir de las futuras generaciones del Perú'.

Hace más de un siglo, el sabio italiano ya había comprendido la importancia de los ambientes húmedos tropicales para el futuro. Tomando en cuenta sus observaciones y sabiendo que las selvas ocupan más de la mitad de nuestro territorio es fácil darse cuenta por qué experiencias, como la realizada por el ingeniero alemán Walter Schneberger en Puerto Maldonado, resultan tan trascendentes.

Crónica de un desierto anunciado

El método desarrollado por Schneberger permite transformar las `purmas' o bosques secundarios, en zonas agrícolas. Que la selva puede transformarse en un `desierto instantáneo' es asunto conocido. En Tanzania, Ruanda, Guatemala y el resto de países tropicales los problemas más o menos así...

Llegan los campesinos y deciden abrir una `chacra' en medio de la enmarañada selva. Derriban a golpe de machete la vegetación baja; a esto, que se hace a principios de la estación seca, seguirá algunas semanas más tarde la tala de árboles. Todo el material vegetal será leugo `quemado'.

Este pequeño `incendio' tiene la finalidad de facilitar el cultuvo del nuevo campo, destruir las semillas silvestres y proporcionar fertilizantes al suelo.

¡Doscientos millones de personas! dedican sus fuerzas a este tipo de agricultura. La destrucción que tantos brazos juntos pueden causar es realmente enorme; lo peor es que al cabo de poco tiempo, cada agricultor deberá buscar un nuevo espacio pues sus tierras se habrán tornado estériles.

La pérdida del manto vegetal hace que las lluvias se lleven los minerales antes que las plantas puedan absorverlos. El suelo desprotegido no sólo se erosionará sino que, además, se hará tan duro como el cemento por los calcinantes rayos del sol tropical. Todo esto debilitará los cultivos.
Suelos así tratados necesitan hasta quince años de reposo para olvidar las cicatrices del fuego y, seguún calculan los especialistas, deben pasar centurias hasta que recuperen sus características originales.

Aprendiendo del bosque

Cuando los colonos deciden darle `vacaciones' a sus chacras, espontáneamente aparece la vegetación secundaria (hierbas, arbustos, etc...) En seis a ocho años estas purmas habrán acumulado suficiente material vegetal como para tentar nuevamente a los fuegos. Cuando la quema se repite, una y otra vez, lo único que se consigue es crear un pequeño desierto.

Hoy se sabe que, las selvas tropicales tienen equilibrios muy frágiles y que para desarrollar una buena agricultura se debe aplicar lo que la misma naturaleza enseña.

En el trópico húmedo impera una suerte de `fito-canibalismo' que debe ser base de cualquier sistema agrícola a implantarse en la zona. A diferencia de un sembrío convencional (que se alimenta del agua y los nutrientes del suelo) el bosque recicla su propio alimento. Así todo lo que cae (hojas, troncos, frutos o animales muertos) se descompone y es inmediatamente absorbido por la vegetación. El ciclo de vida de la selva depende, pues, de la existencia de vegetación rica y diversa. Nuestra agricultura en esas zonas debe repetir tales características.

Triturar para salvar

En base a estos principios es que el alemán en mención aplicó su sistema en la selva de Madre de Dios, Sahneberger llegó al Perú, diploma de ecotécnia en mano, con un solo sueño: encontrar una alternativa agrícola viable para el trópico húmedo y parece que lo logró. Aunque parezca increíble, su método permite recuperar el bosque secundario ¡triturándolo!.

Al timón de su `Recuperadora de Bosque Secundario Autopro pulsada' Scheneberger entra en la `purma', a la primera marcha rozará y tumbará todos los arbustos (ningún árbol); en una segunda pasada, desmenuzará toda la materia vegetal existente. `Esto debe hacerse abriendo franjas de quince metros, dejando `purma' sin tocar. Todo debe hacerse poco antes de las lluvias para evitar que venga la semilla de la mala hierba' nos dice.

Este colchón vegetal se transforma rápidamente en humus, no sólo enriquecerá el suelo sino también servirá como alfombra protectora contra la erosión causada por las lluvias. Los pedazos intocados de `purma' harán las veces de `toldo' y protegerán a los cultivos del violento sol tropical.

El experto nos dice `el bosque es heterogéneo y esa característica debe estar presente en nuestros sembríos. Además debemos reproducir la arquitectura del bosque con sus árboles de diversos tamaños, arbustos y pequeñas plantas'.

Por experiencia ha comprobado la necesidad de incrementar las relaciones sur-sur. `En mi último viaje a Alemania encontré datos de doctor Kurt Egger y experiencias similares a la mía en el Africa Oriental. Mayor comunicación entre los que trabajamos en bosques húmedos agilizará mucho las investigaciones.

Nos menciona también que `el Dr. Egger ha desarrollado el cultivo `agro silvo pastoril', denominado `Eggersche eco-farming', es un método parecido al mío que ha demostrado como una familia de doce puede sobrevivir y hacer negocio trabajando tan sólo tres hectáreas de bosque'. En nuestro país esta cifra se eleva innecesariamente a cincuenta hectáreas y `sólo por que no se le trabaja adecuadamente'. El ingenioso alemán espera financiar su interesante proyecto para aplicarlo a gran escala y comprobar como `si es posible desarrollar agricultura e inclusive criar ganado, sin destruir'

Estas si que son buenas noticias...