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En la exuberancia del
bosque húmedo tropical palabras como chacra, huerta, vaca
(o cualquiera otra relacionada a actividades agrícolas y
ganaderas) tienen un sólo significado: destrucción.
Y no es para menos...Los métodos hoy utilizados para abrir
espacios para estas actividades han dado como resultado verdaderas
catástrofes. La pésima costumbre de tumbar árboles
y eliminar todo tipo de vegetación para luego proceder a
la quema, ha vuelto estériles grandes extensiones.
La expansión agrícola así lograda
ocasiona el retroceso de más de doscientas mil hectáreas
de selva cada año ¡solo en nuestro país!. Pero
el problema no es de ninguna manera exclusividad peruana...
En todas las naciones del trópico húmedo del globo,
el fantasma del desierto empieza a dar sus primeros pasos en mitad
de los bosques.
Ante tanta desolación, en Tanzania, Costa
Rica, Brasil y el resto de paisajes tropicales se vienen ensayando
una serie de métodos que apuntan a descubrir cómo
se deben cultivar las selvas. Al respecto la solitaria y silenciosa
experiencia realizada en una pequeña chacra de Puerto Maldonado,
podría apagar para siempre los devastadores fuegos que amenazan
no sólo al verde cinturón de nuestro planeta, sino
al futuro todo de la vida...
Cuando el sabio Raimondi se refería a las
extensas selvas de nuestro país sus palabras eran de admiración
y lucidez.
Escrito por él ha quedado para siempre: "Que
diremos de la región oriental del Perú...aquella gran
extensión... de vírgenes bosques; de aquél
mundo desconocido emporio de mil valiosas producciones de plantas
y cruzado de innumerables ríos...Diremos que allí
está encerrado el porvenir de las futuras generaciones del
Perú'.
Hace más de un siglo, el sabio italiano ya
había comprendido la importancia de los ambientes húmedos
tropicales para el futuro. Tomando en cuenta sus observaciones y
sabiendo que las selvas ocupan más de la mitad de nuestro
territorio es fácil darse cuenta por qué experiencias,
como la realizada por el ingeniero alemán Walter Schneberger
en Puerto Maldonado, resultan tan trascendentes.
Crónica de un desierto anunciado
El método desarrollado por Schneberger permite transformar
las `purmas' o bosques secundarios, en zonas agrícolas. Que
la selva puede transformarse en un `desierto instantáneo'
es asunto conocido. En Tanzania, Ruanda, Guatemala y el resto de
países tropicales los problemas más o menos así...
Llegan los campesinos y deciden abrir una `chacra'
en medio de la enmarañada selva. Derriban a golpe de machete
la vegetación baja; a esto, que se hace a principios de la
estación seca, seguirá algunas semanas más
tarde la tala de árboles. Todo el material vegetal será
leugo `quemado'.
Este pequeño `incendio' tiene la finalidad
de facilitar el cultuvo del nuevo campo, destruir las semillas silvestres
y proporcionar fertilizantes al suelo.
¡Doscientos millones de personas! dedican sus
fuerzas a este tipo de agricultura. La destrucción que tantos
brazos juntos pueden causar es realmente enorme; lo peor es que
al cabo de poco tiempo, cada agricultor deberá buscar un
nuevo espacio pues sus tierras se habrán tornado estériles.
La pérdida del manto vegetal hace que las
lluvias se lleven los minerales antes que las plantas puedan absorverlos.
El suelo desprotegido no sólo se erosionará sino que,
además, se hará tan duro como el cemento por los calcinantes
rayos del sol tropical. Todo esto debilitará los cultivos.
Suelos así tratados necesitan hasta quince años de
reposo para olvidar las cicatrices del fuego y, seguún calculan
los especialistas, deben pasar centurias hasta que recuperen sus
características originales.
Aprendiendo del bosque
Cuando los colonos deciden darle `vacaciones' a sus chacras, espontáneamente
aparece la vegetación secundaria (hierbas, arbustos, etc...)
En seis a ocho años estas purmas habrán acumulado
suficiente material vegetal como para tentar nuevamente a los fuegos.
Cuando la quema se repite, una y otra vez, lo único que se
consigue es crear un pequeño desierto.
Hoy se sabe que, las selvas tropicales tienen equilibrios
muy frágiles y que para desarrollar una buena agricultura
se debe aplicar lo que la misma naturaleza enseña.
En el trópico húmedo impera una suerte
de `fito-canibalismo' que debe ser base de cualquier sistema agrícola
a implantarse en la zona. A diferencia de un sembrío convencional
(que se alimenta del agua y los nutrientes del suelo) el bosque
recicla su propio alimento. Así todo lo que cae (hojas, troncos,
frutos o animales muertos) se descompone y es inmediatamente absorbido
por la vegetación. El ciclo de vida de la selva depende,
pues, de la existencia de vegetación rica y diversa. Nuestra
agricultura en esas zonas debe repetir tales características.
Triturar para salvar
En base a estos principios es que el alemán en mención
aplicó su sistema en la selva de Madre de Dios, Sahneberger
llegó al Perú, diploma de ecotécnia en mano,
con un solo sueño: encontrar una alternativa agrícola
viable para el trópico húmedo y parece que lo logró.
Aunque parezca increíble, su método permite recuperar
el bosque secundario ¡triturándolo!.
Al timón de su `Recuperadora de Bosque Secundario
Autopro pulsada' Scheneberger entra en la `purma', a la primera
marcha rozará y tumbará todos los arbustos (ningún
árbol); en una segunda pasada, desmenuzará toda la
materia vegetal existente. `Esto debe hacerse abriendo franjas de
quince metros, dejando `purma' sin tocar. Todo debe hacerse poco
antes de las lluvias para evitar que venga la semilla de la mala
hierba' nos dice.
Este colchón vegetal se transforma rápidamente
en humus, no sólo enriquecerá el suelo sino también
servirá como alfombra protectora contra la erosión
causada por las lluvias. Los pedazos intocados de `purma' harán
las veces de `toldo' y protegerán a los cultivos del violento
sol tropical.
El experto nos dice `el bosque es heterogéneo
y esa característica debe estar presente en nuestros sembríos.
Además debemos reproducir la arquitectura del bosque con
sus árboles de diversos tamaños, arbustos y pequeñas
plantas'.
Por experiencia ha comprobado la necesidad de incrementar
las relaciones sur-sur. `En mi último viaje a Alemania encontré
datos de doctor Kurt Egger y experiencias similares a la mía
en el Africa Oriental. Mayor comunicación entre los que trabajamos
en bosques húmedos agilizará mucho las investigaciones.
Nos menciona también que `el Dr. Egger ha
desarrollado el cultivo `agro silvo pastoril', denominado `Eggersche
eco-farming', es un método parecido al mío que ha
demostrado como una familia de doce puede sobrevivir y hacer negocio
trabajando tan sólo tres hectáreas de bosque'. En
nuestro país esta cifra se eleva innecesariamente a cincuenta
hectáreas y `sólo por que no se le trabaja adecuadamente'.
El ingenioso alemán espera financiar su interesante proyecto
para aplicarlo a gran escala y comprobar como `si es posible desarrollar
agricultura e inclusive criar ganado, sin destruir'
Estas si que son buenas noticias...
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