Diario El Comercio Lima -Perú
07 -07-1990

 
Pacaya-Samiria : O la Tierra de los
"ríos-espejo"
 

Detrás de una nube, resoplando, aparece colorado el delfín. Otro negro lo sigue y con su salto desdibuja la imagen.

Tímido el primer lucero tiembla debajo de mil luciérnagas y crecen los cañaverales con sus raíces prendidas del cielo azul. Una mariposa bate sus alas enormes queriendo tocar a esa otra que no es sino ella. Un mono sostenido por el columpio de su cola abre un fruto junto a una orquídea (tan arriba los dos y no es necesario levantar la cabeza para observarlos); mirando hacia abajo puede verse volar una bandada azul y amarilla de guacamayos.

Aquí, un espejo y la noche se han vuelto agua. Lenta y silenciosa sustancia que atrapa en su andar cada rama, cada tronco, cada flor; todas las formas de la selva se repiten y reflejan en la líquida oscuridad...
En la selva, lasciva exuberante, cargada de colores y formas hay tanto para ver para escuchar que resulta difícil fijar la atención más de unos pocos segundos sobre un mismo punto.

Pero no aquí. Aunque la Reserva Nacional Pacaya-Samiria sea bosque húmedo tropical, selva densa plagada de aves, flores, reptiles vistosos, insectos y mucho más; no hay opción para la mirada.

El río es una especie de imán donde quedan atrapados los ojos como si fueran de metal.

A diferencia de la mayoría de los ríos de las zonas de selva, cuyas aguas turbias corren rápidas y tienen un color marrón lechoso, las aguas de los Rios Pacaya y Samiria son de color negro, transparentes y perezosas. Es justamente por esto último, según nos explica el Dr. Terry Erwin del Instituto Smithsonian que realiza estudios sobre la biodiversidad en la zona del Samiria, que estos ríos son tan diferentes.

Este lento fluir hace que la tierra arrastrada, las sustancias en descomposición como hojas, cañas, troncos, etc... no lleguen a mezclarse con el líquido y permanecen más bien en suspensión.

En pocos ríos de la zona ocurre esto ya que por lo general son potentes y veloces como el caudalosos Amazonas', dice el científico y los movimientos de su boca se reflejan nítidos sobre la superficie quieta del agua-espejo, del agua- noche que corre por los dos ríos de la Reserva.

Un lugar único y espectacular dónde parece que hubieran dos selvas una con los pies sobre la tierra y la otra de cabeza, líquida, tan frágil que desaparece si se agita con un palito la quieta superficie del espejo...