Diario El Comercio Lima -Perú
31-03-1990

 
La lenta agonía de los peces
 

"Hacia el final de enero el mar se iba volviendo áspero, empezaba a vaciar sobre el pueblo una basura espesa y pocas semanas después todo estaba contaminado de su humor insoportable", con esta frase inicia García Márquez uno de sus cuentos: "El Mar del Tiempo Perdido". Y de haber estado el 19 de marzo en la caleta de San José, Chiclayo, lo que hubiera visto salir de las aguas habrían sido peces, millones de peces, que por motivos que los científicos no logran aún descifrar, terminaron sobre las blancas arenas formando una muralla de siete mil metros de largo.

Algunos pescadores hablaron de milagro, otros del fin del mundo. Surgieron las hipótesis; un calentamiento repentino de las aguas, una misteriosa explosión o algún desconocido y mortífero virus.

Nadie sabe a ciencia cierta lo que significa este fenómeno, pero todos concuerdan en que no ha de ser nada bueno. Los ambientalistas opinan que la agonía de los seres del agua es, quizá, el aviso del caos futuro que nos espera; un episodio que ilustra el modo terrible en que hemos alterado los ecosistemas del planeta Tierra...

El lunes 19 de marzo los pobladores de la caleta de San José, en Chiclayo, celebraban el día de su santo patrono. Cantos, risas y discursos le tapaban la boca al viento de las doce, mientras los cobrizos hombres de mar hablaban de sus redes, sus luchas contra las olas y cómo tejer sus sueños.

Las mujeres adornaban la oscuridad de sus cabelleras, y sonreían al ver a los hijos corriendo descalzos en la plaza.

Manos fuertes y curtidas, se apretaban en sinceros saludos; los más viejos recordaban, con cierta nostalgia en la mirada, otras fiestas de San José más coloridas y más prósperas.

A lo lejos el mar y su eco. La espuma rompiendo su blancura contra el viento y las arenas arrastradas por su inexorable destino. El grito quebrado de alguna gaviota solitaria. El calor y el perfume de la sal, tan espesos, que casi podían descifrarse en el paisaje. La caleta lucía como siempre, nada hacía presagiar que los peces dejarían el mar...

A las pocas horas una muralla de sardinas, tollos, chitas y hasta cangrejos, empezó a formarse en la playa. Muchos hablaban de milagro, otros más temerosos recordaron que un día el mundo habrá de terminar y creyeron que es era el día. Algún pescador recordó la contaminación de esos mares por el vertido de desechos industriale. ¿Podrían estar las aguas tan inmundas como para que ni los propios peces las soporten?. Ante la mirada absorta de los pobladores el mar siguió vomitando millares de peces que muchos optaron por recoger.

Tantos peces arrojó el mar que, uno sobre otro alcanzaron un metro de altura sobre siete mil metros de playa; luego empezaron a podrirse. Las autoridades emprendieron la limpieza y fumigación de las arenas para evitar que el "regalo de las aguas" se convirtiera en un foco de infección y que alguién consumiera este pescado que empezaba a descomponerse.
Especialistas del Instituto del Mar del Perú (Imarpe) llegaron a San José para investigar lo ocurrido. Fueron tres las hipótesis sobre el episodio: un extraño virus, una gran explosión en el fondo del mar o el calentamiento repentino de las aguas. El Imarpe, emitió un comunicado estableciendo que "el acercamiento a la costa de una corriente cálida con bajo contenido de oxígeno" había sido la causa del fenómeno. Es decir: los peces murieron por...¡asfixia!; aunque parezca increíble, existen otras oprtunidades en que esto ha ocurrido.

Truchas "locas" en Suecia...

Hace no mucho, un pisicultor sueco no podía creer lo que veía; sus truchas parecían enloquecidas y nadaban con la cabecita fuera del agua. Luego de observarlas por un rato le pareció como si, víctimas de una súbita asfixia, los peces trataban de atrapar algo del oxígeno del aire, esto le pareció imposible. Pese a que no vio ninguna alteración peculiar en las aguas, a los dos días las truchas empezaron a morir.

Los estudios posteriores demostraron que fue el inicio de una "marea roja", un fenómeno que afecta regularmente a los polucionados y heridos mares del norte. La "marea roja" se ha presentado en nuestras costas en varias oportunidades, y es una suerte de mancha de muerte de dos o tres metros de espesor que alcanza decenas de kilómetros de extensión. Arrastrada por las corrientes, va asesinando toneladas de seres acuáticos a su paso. Estos rojos y devastadores episodios se han repetido en las costas orientales de Estados Unidos, Hong Kong, Guatemala y otros puntos del globo.

Se sabe que las manchas de muerte, si bien ocurren algunas veces por fenómenos perfectamente naturales, son una dramática consecuencia de la forma en que la sociedad contemporánea ensucia las aguas.

El vertido de desechos agrícolas, y los desagues domésticos, que llevan hasta los mares las espumas de los detergentes, sirven de"abono", a diminutas y microscópicas algas que luego resultan mortíferas.

Toneladas de algas se desarrollan descontroladamente y, al empezar a corromperse, roban el oxígeno al agua; esto lo que se conoce como "eutrofización". No es raro, pues, que los peces mueran asfixiados en aguas pútridas como esas.

Una casa muy sucia

Alguna vez, la casa de los peces fue transparente y perfumada; los ríos, lagos y mares del planeta eran un líquido imperio donde reinaba el equilibrio. Hoy, esa casa está muy sucia debido al vertido intensivo de millones de toneladas de residuos org nicos, agrícolas, industriales, mineros y hasta radiactivos que causan la muerte periódica de flora y fauna marina. En opinión de los expertos las profundidades oceánicas no han sido afectadas tan gravemente pero consideran que los estragos causados en los mares ribereños y ríos pueden ser responsables por los desequilibrios que se observan alrededor del mundo (no olvidemos que a los pocos días del fenómenos de Chicalyo, millones de tortugas vararon en una playa colombiana). Parecería, pues, que hemos condenado a los océanos a quedarse despoblados.

En el caso de caleta San José, es bueno recordar que esas aguas saladas, como las restantes de Chiclayo, son unas de los más contaminadas del Perú; decenas de industrias descargan sustancias eutrofizantes en el mar. Puede que allí las varazones se conviertan en asunto cotidiano. Pero los peces no sólo agonizan por las suciedades del mar...

Otros estragos

Aparte de la agonía causada por la contaminación química de las aguas, los peces tienen que soportar otras agresiones. La contaminación térmica de las aguas, esa artificial elevación de la temperatura luego de utilizarlas en la refrigeración de centrales de energía nuclear, causa la muerte de muchas especies acuáticas.

En el mundo líquido, las temperaturas son relativamente constantes, las variaciones determinan el ciclo reproductivo y la distribución de muchas de las especies y especialmente de la base de la cadena alimenticia: el plankton.

Algunas veces ocurren cambios bruscos de temperatura por causas naturales; este es el caso del fenómeno del "Niño", las consecuencias de estas alteraciones son por todos conocidas.

Las cuantiosas pérdidas generadas por el "Niño" pueden ser repetidas, pues, por el hombre y no sólo en el caso de las aguas vertidas por las centrales de energía.

A decir de los científicos el futuro del planeta está que arde. Mucho se habla, en estos tiempos, de la elevación global de la temperatura a causa del "fenómeno invernadero". Una alteración climática, que se cree, derivada del abuso en la quema de combustibles fósiles. Este calor repercutirá, de hecho, sobre los océanos aguas (ya se han registrado temperaturas más altas en muchos de los mares del mundo); probablemente esto resulte en la muerte masiva de miles de especies, que no se adaptarán al cambio, y en la aparición de atípicos y mortíferos organismos.

Por increíble que parezca, los humos de las ciudades también terminaran por asfixiar a los seres del agua.
Persiguiendo peces

Mucho antes que el hombre aprendiera a cultivar la tierra e inclusive a cazar, ya había descubierto, en el pescado, un excelente alimento. Con redes, venenos, dinamita, arpones y anzuelos los ha estado sacando de la liquidez; cualquier sistema ha parecido bueno se de pescar se trata.

La sofisticada tecnología actual, permite a los seres humanos ubicar bancos de peces hasta en los más ocultos recovecos del fondo marino; así, cada año que pasa, se lograran extraer más de setenta millones de toneladas. Esta pesca intensiva y depredadora no toma en cuenta los procesos naturales de reproducción así es que muchas especies, altamente nutritivas, han sido puestas en peligro. Pese a que la pesca es un importante recursos, en el Perú no se le maneja adecuadamente, quien opine lo contrario recuerde el episodio de la anchoveta en los años setenta. Se trata de una actividad que significa sustento para miles de peruanos, alimentación para millones y la base sólidas industrias. Es evidente que se requiere un cambio de actitud frente al mar y sus habitantes...

Debemos emprender la recuperación de los oceános del planeta y no sólo porque allí se recicla el ochenta por ciento del oxígeno del planeta, sino por que, bajo las aguas hoy polucionadas, nadan las proteínas que aseguran el futuro de nuestra especie.

Las naciones del mundo deben apuntar a una racional explotación de los productos hidrobiológicos. La pesca debe encaminarse preferencialmente para atender la demanda interna de cada país, y realizarse de una manera sostenida.

Es hora de comprender el papel que tiene el mar, y el resto de la naturaleza, dentro de los ciclos biológicos, químicos y físicos de los que dependen la supervivencia humana.

La alteración ocurrida en San José, es sin duda un mensaje. La lenta agonía de los peces podría ser el aviso de la agonía que le espera a la humanidad toda...