Diario El Comercio Lima -Perú
30-06-1990

 
Hablemos de insectos
 

Pocos individuos gozan de tan mala reputación como los insectos y no es para menos. Cucaracha, gorgojo, piojo, araña, son algunos de los culpables de esta antipatía generalizada entre los seres humanos frente a los bichos. Pero, si bien es cierto que muchos son los problemas que pueden generar algunas especies de insectos, muchas otras resultan muy útiles desde el punto de vista médico, industrial, alimenticio, y especialmente ecológico.

En estos días de dengue, malaria y pérdidas cuantiosas de cultivos, problemas todos desatados por insectos, a muchos se les hace difícil aceptar que los bichos no son tan malos como nos enseñaron.

Más tarde o más temprano comprenderemos que un insecto, como cada ser vivo del planeta, es importante para el mantenimiento del equilibrio. Y que en la inmensidad de las selvas o en el fondo azul de los valles, el murmullo incesante de los insectos es señal de vida. El zumbido ronco de una abeja, el canto del grillo, son sonidos que nos hablan de aves, de flores del modo cómo el bosque se reproduce a pesar de nosotros...

La palabra insecto re tumba en los oídos, golpea fuerte dentro del cráneo, y dispara de inmediato la imagen de un ser espantoso, peludo, amenazante.

La aversión por los bichos es, sin lugar a dudas, uno de los pocos temas en los cuales la humanidad coincide, y junta lucha contra el pequeño enemigo. Es cierto que los estragos pueden ser enormes: el dengue desatado en Iquitos es responsabilidad de un pequeñito insecto volador, uno mayor, la langosta, ha devorado casi la totalidad de cultivos de los campesinos de la sierra central, durante los últimos meses.

Sin embargo es bueno saber que la mayoría de especies son inofensivas, y que, a lo sumo, tres mil de ellas (de las 700 mil conocidas) resultan una verdadera amenaza, ya que viven a costa nuestra o de nuestra comida y cultivos, como los piojos, pulgas, gorgojos y otras plagas.

Pero existen muchísimas otras especies. Hay que recordar que, de todos los organismos multicelulares, los insectos son los más abundantes. Por ejemplo, existen apenas poco más de doscientas mil especies de animales de todo tipo (peces, aves, reptíles, mamíferos) y ya hemos visto cuantas de insectos conocidos. Cada año, además, se descubren hasta siete mil nuevas especies y los científicos sospechan que, dispersas a lo largo y ancho del globo, podrían existir en total hasta tres millones de especies. Y no todas tienen que ser perjudiciales para la raza humana.

Muchas de las conocidas nos son útiles, basta citar a la laboriosa abeja que produce miel y cera.

Otro caso similar es el de la cochinilla, insecto que desarrolla en la tuna y produce un tinte muy cotizado en el mercado internacional.

Los estudios de las hormigas han demostrado que poseen sustancias químicas de gran interés médico.

Tal es el caso de la Pseudomyrmex sp., una hormiga común en nuestra selva cuyos compuestos químicos se utilizan, desde hace poco tiempo, como un tratamiento para la dolorosa artritis.

Hasta la alta tecnología se ha visto beneficiada por los bichos: la estructura del panal de abeja, por ejemplo, se utiliza en los aviones lográndose así solidez sin perder ligereza. Robots de seis patas, como los insectos, pueden andar con seguridad sobre terrenos accidentados; investigaciones, pues, como las que se hacen en nuestra selva son de gran importancia para el futuro. Y si usted está creyendo que todos los bichos son feos, recuerde a la mágica luciérnaga o la colorida mariposa...