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Pocos individuos gozan
de tan mala reputación como los insectos y no es para menos.
Cucaracha, gorgojo, piojo, araña, son algunos de los culpables
de esta antipatía generalizada entre los seres humanos frente
a los bichos. Pero, si bien es cierto que muchos son los problemas
que pueden generar algunas especies de insectos, muchas otras resultan
muy útiles desde el punto de vista médico, industrial,
alimenticio, y especialmente ecológico.
En estos días de dengue, malaria y pérdidas
cuantiosas de cultivos, problemas todos desatados por insectos,
a muchos se les hace difícil aceptar que los bichos no son
tan malos como nos enseñaron.
Más tarde o más temprano comprenderemos
que un insecto, como cada ser vivo del planeta, es importante para
el mantenimiento del equilibrio. Y que en la inmensidad de las selvas
o en el fondo azul de los valles, el murmullo incesante de los insectos
es señal de vida. El zumbido ronco de una abeja, el canto
del grillo, son sonidos que nos hablan de aves, de flores del modo
cómo el bosque se reproduce a pesar de nosotros...
La palabra insecto re tumba en los oídos,
golpea fuerte dentro del cráneo, y dispara de inmediato la
imagen de un ser espantoso, peludo, amenazante.
La aversión por los bichos es, sin lugar a
dudas, uno de los pocos temas en los cuales la humanidad coincide,
y junta lucha contra el pequeño enemigo. Es cierto que los
estragos pueden ser enormes: el dengue desatado en Iquitos es responsabilidad
de un pequeñito insecto volador, uno mayor, la langosta,
ha devorado casi la totalidad de cultivos de los campesinos de la
sierra central, durante los últimos meses.
Sin embargo es bueno saber que la mayoría
de especies son inofensivas, y que, a lo sumo, tres mil de ellas
(de las 700 mil conocidas) resultan una verdadera amenaza, ya que
viven a costa nuestra o de nuestra comida y cultivos, como los piojos,
pulgas, gorgojos y otras plagas.
Pero existen muchísimas otras especies. Hay
que recordar que, de todos los organismos multicelulares, los insectos
son los más abundantes. Por ejemplo, existen apenas poco
más de doscientas mil especies de animales de todo tipo (peces,
aves, reptíles, mamíferos) y ya hemos visto cuantas
de insectos conocidos. Cada año, además, se descubren
hasta siete mil nuevas especies y los científicos sospechan
que, dispersas a lo largo y ancho del globo, podrían existir
en total hasta tres millones de especies. Y no todas tienen que
ser perjudiciales para la raza humana.
Muchas de las conocidas nos son útiles, basta
citar a la laboriosa abeja que produce miel y cera.
Otro caso similar es el de la cochinilla, insecto
que desarrolla en la tuna y produce un tinte muy cotizado en el
mercado internacional.
Los estudios de las hormigas han demostrado que poseen
sustancias químicas de gran interés médico.
Tal es el caso de la Pseudomyrmex sp., una hormiga
común en nuestra selva cuyos compuestos químicos se
utilizan, desde hace poco tiempo, como un tratamiento para la dolorosa
artritis.
Hasta la alta tecnología se ha visto beneficiada
por los bichos: la estructura del panal de abeja, por ejemplo, se
utiliza en los aviones lográndose así solidez sin
perder ligereza. Robots de seis patas, como los insectos, pueden
andar con seguridad sobre terrenos accidentados; investigaciones,
pues, como las que se hacen en nuestra selva son de gran importancia
para el futuro. Y si usted está creyendo que todos los bichos
son feos, recuerde a la mágica luciérnaga o la colorida
mariposa...
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