Diario El Comercio Lima -Perú
05-05-1990

 
En el Perú marsupiales de todo tipo
 

Son los parientes de los canguros

Para muchos, hablar de los marsupiales significa referirse a los conocidísimos canguros. Sin embargo, existen otras especies de marsupiales nada parecidos a los graciosísimos australianos; los hay de todo tipo. De acuerdo al medio ambiente de las regiones donde se han reproducido, se han especializado para poder subsistir y así cumplir la función de lobos, ratas, ardillas, felinos y alimentarse de carne, insectos o plantas según sea el caso como sucede en Australia, Tosmania e islas aledañas. América del Sur, acorde con la gran riqueza natural y diversidad biológica, tiene sus propios marsupiales.

En el Perú los encontramos en costa, sierra y selva, destacándose su presencia en el Parque nacional del Manú. ¿Por qué investigarlos? es una pregunta que encuentra respuesta en la gran importancia que tienen para la ecología y en especial para la medicina, pues son muy resistentes a enfermedades como la peste bubónica, la rabia y picaduras de serpientes. De llegar a conocerlos más, podría ser posible la obtención de sueros y vacunas y así poder protegernos de estos males.

El marsupial apareció en el planeta hace aproximadamente 60 millones de años, siendo la `zarigueya' la más grande de las especies que proliferan en América. Ellas, aunque usted no lo crea, están emparentadas con los traviesos canguros.

Se les denomina marsupiales por la bolsa o `marsupio' que tienen a la altura del vientre, para mantener a sus crías -las cuales nacen en estado embrionario- hasta que logran su desarrollo que les permita independizarse.

Son originarios de Australia y en la actualidad sólo se pueden encontrar en el continente Oceánico y en Sudamérica. Para investigarlos no es necesario cruzar el Pacífico y estudiarlos en el país de los canguros; la otra posibilidad es desplazarse cerca de 1500 kilómetros hasta el Parque Nacional del Manu.

Esto es lo que hizo la joven investigadora peruana, especializada en biología, Bethzabé Guevara, de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, quien durante un año se dedicó a estudiar nuestros marsupiales, venciendo no sólo dificultades de esfuerzo físico, sino de tipo económico.

Los marsupiales son poco conocidos por los peruanos. Los escasos trabajos anteriores, han sido realizados por extranjeros, determinando que los resultados y publicaciones se divulguen más fuera del país. A esto debemos agregar la falta de apoyo a los investigadores nacionales.
Sin embargo, Bethzabé Guevara terminó su primera investigación, gracias al respaldo del Doctor Jhon Terborgh, científico norteamericano de la Universidad de Duke, muy conocido por apoyar a especialistas peruanos para un mayor conocimiento del Manú.

Sorprendente experiencia

El Parque Nacional del Manu, tiene una extensión que supera al millón y medio de hectáreas; se ubica entre los departamentos del Cusco y Madre de Dios, su geografía está compuesta por diferentes regiones como la puna, altos andes, selva alta y baja, predominando un ambiente tropical húmedo.

Cocha Cashu es el nombre de la estación biológica creada especialmente para investigaciones, en ella durante la época "seca" se reúnen investigadores de todo el mundo.

Si llegar al Manu significa recorrer cielo, agua y tierra, ir a la estación biológica significa un poco más de esfuerzo. Se parte del Cusco para emprender un viaje de dos días por tierra, en camión, para luego surcar durante dos días los ríos Madre de Dios y Manu, realmente agotador... ¿Por qué tanto sacrificio?, preguntamos a la testaruda investigadora, "es que los marsupiales y las conclusiones que se puedan sacar lo merecen", nos responde con muestra de orgullo y satisfacción.

"Y es que el estudio de los marsupiales, podría aportar al avance de la medicina y a la ciencia. Conocer su conducta, cómo se reproducen es el primer paso que se debe dar". Una de las conclusiones de la especialista se refiere a las razones que tuvieron estos animales para desplazarse a vivir en los árboles. Concretamente señala que los roedores son sus más importantes competidores y que ellos los habrían obligado a este cambio territorial.

En el ecosistema del Manu, todo, absolutamente todo, tiene un orden y distribución. La vida diurna y el contacto con el nivel del suelo por ejemplo, se encuentra "acaparada" por diferentes especies que cumplen sus respectivas funciones, allí viven los roedores, mamíferos grandes, etc. Entre ellos se han repartido el suelo.
Esta batalla territorial fue perdida por los marsupiales y tuvieron que vivir en los árboles, en la altura, desarrollando una cola prensil. Al parecer es a partir de los dos metros, en los troncos, ramas y copas de los árboles donde se les puede encontrar con mayor facilidad.
La especialista estudia la hipótesis de que "el derecho a vivir a nivel del suelo lo perdieron por los roedores, mucho más ágiles y agresivos, y el de vivir de día lo perdieron debido a los monos, más sociales y gregarios, frente a los marsupiales, solitarios y de vida corta.
Sólo 9 milímetros

Estos animales son los únicos seres que dan a luz sus crías en estado embrionario, es decir, sin que se hayan desarrollado lo suficiente pues nacen sólo con la boca y las patas anteriores desarrolladas precozmente. Estos embriones pueden medir sólo 9 milímetros a las 24 horas de nacidos. Lógicamente el tamaño podrá variar de acuerdo a la especie estudiada. Dato tan exacto ha podido ser registrado por la bióloga debido a que por primera vez en América se tuvo el nacimiento de marsupiales en una jaula de observación. Este especial acontecimiento fue registrado por el lente del investigador peruano José Tello, luego de meses de vivir en el Manu. Ambos investigadores ganaron el primer premio en la categoría a Foto-reportaje del concurso organizado por el IDMA. (Ver fotos que ilustran el artículo).

Las características del aparato reproductor reducido y bífido (dividido en partes iguales) podrían influir en este alumbramiento precoz pues no permite albergar ni el suficiente alimento y ni a la placenta, necesaria para el desarrollo del embrión.

Los embriones sólo pueden "soportar" de seis a diez días en el útero, por ello es que salen antes de tiempo e inician un recorrido entre la cloaca (orificio de salida) y las tetillas de la madre, que será en adelante, la fuente de alimento. Esta, por un instinto de protección a sus crías, antes del alumbramiento, les tiende un camino de saliva con el objeto de guiarlos, siendo éste su único medio de orientación, puesto que nacen sin ojos desarrollados.

Este camino "hacia la vida", representa una lucha por la subsistencia entre los embriones, pues en el recorrido pueden caerse algunos y sobre todo porque puede suceder que nazca mayor número de embriones que las tetillas que tiene la madre. Tendrán que transcurrir algunos meses para que puedan valerse por sí mismos, mientras tanto, estarán ligados permanentemente a la tetilla materna.

Investigarlos: todo un reto

Hacer un seguimiento de estos habilísimos animales requiere una constancia digna de admiración. En primer lugar, la investigación básicamente se hace de noche, porque este es el horario de actividades de los Didélfidos del Manu.

Esto significa invertir el reloj biológico del investigador, sólo así podrá estar atento desde las seis de la tarde, momento en que empiezan a salir, hasta las cinco o seis de la mañana. A la oscuridad de la noche, se suma el peligro de caminar por la selva. Sin lugar a dudas, la fascinante vida nocturna del bosque, para quien ama la naturaleza ofrece compensaciones que justifican las dificultades.

Todo un ecosistema funciona en la parte superior de los árboles. Este hecho, para los que vivimos a nivel del suelo, en tierra firme, pasa desapercibido. Solemos pensar que en un árbol no existen las suficientes condiciones para la subsistencia, pensamos que siempre es necesaria una bajada a tierra. Sin embargo, los marsupiales no sólo se han adaptado a este medio, sino que también han encontrado un ecosistema variado, donde tienen todo lo necesario para sobrevivir. El agua por ejemplo la toman de los codos de los árboles, donde se empoza o en la fruta; también pueden hallar sin mayores problemas, abundantes insectos para su alimentación y por supuesto áreas donde cobijarse.

La investigación

Abarcó un espacio nada menos que de diez mil metros cuadrados. Días de perseverancia y observación llevaron al semicautiverio a cerca de 20 ejemplares, entre hembras y machos de cuatro de las nueve especies que se pueden hallar en el Perú.

Las jaulas de observación fueron adaptadas y recreadas con elementos del mismo bosque en el que fueron ubicadas.

Un dato adicional; la relación de género (macho-hembra) es desigual. Estos animales oportunamente son "machistas"; el macho se impone sobre la hembra ayudado por su mayor tamaño y por el hecho que no asume tareas en el cuidado de los embriones ni de las crías.

Al estar ambos en la jaula se comprobó que el macho se ubicó en el mejor lugar, es decir donde se concentraban los insectos por las luces rojas que se colocaron con la finalidad de brindarles una alimentación adecuada y estudiar sus métodos de captura. Cuando la hembra quiso ocupar similar posición, el macho la expulsó violentamente. Esta relación de dominancia podría repetirse entre un adulto y un juvenil.

Además el macho abarca un mayor territorio. Por los datos obtenidos de las trampas se llegó a la conclusión que el macho se desplaza en un radio de acción que alcanza los 500 metros, mientras la hembra apenas alcanza los 50 metros, posiblemente porque para ella es más difícil movilizarse debido a la responsabilidad que tiene con sus crías.

Similitudes con el murciélago

A diferencia de otros animales, que al ser capturados son agresivos, los marsupiales por el contrario son relativamente mansos. El único sonido que emiten es un "his", con expulsión de aire y abertura permanente de la boca, enseñando los dientes. Esta conducta de agresividad que ha sido observada en la Marmosa y el Metachirus peruanos guarda relación con lo estudiado en los Dasiuridos Australianos, a los que se les considera la familia más cercana a nuestro Didélfidos (marsupiales).

De las conclusiones de la investigación también se desprende que existen posibilidades -como en el caso de los murciélagos- de que los marsupiales emitan sonidos no captados por los seres humanos que le permitirían conseguir sus alimentos y posiblemente comunicarse entre ellos.

Gran importancia

Todo animal o planta tiene una función en el ecosistema; los marsupiales al adaptarse en forma diversificada adquieren mayores roles. Uno de ellos, es el de ser controladores biológicos, es decir, regulan las poblaciones de insectos, también contribuyen a esparcir las semillas y el polen.

Pero hay dos aspectos adicionales que relevan la importancia de una investigación de esta naturaleza y son la contribución que pueda dar tanto a la medicina como al conocimiento de nuestro pasado geológico pues la investigadora sustenta la conducta similar entre especies peruanas y australianas, lo cual reforzaría la tesis de la unión que habría habido entre el continente americano y australiano antes de la migración de los continentes.

Sin embargo, todavía falta largo trecho por recorrer. En estos momentos, Bethzabé Guevara se encuentra preparando los últimos detalles de lo que será la segunda etapa de su investigación en el Manu. El esfuerzo y la entrega de profesionales como ella, merece todo el apoyo y reconocimiento.