Diario El Comercio Lima -Perú
03-11-1990

 
El árbol da la vida
 

Pasado mañana, lunes cinco de noviembre, se celebra el "Día del Arbol". Una fecha importante, que, como es usual, quedará sepultada y sin espacio en los medios de comunicación ante la avalancha de "noticias de interés nacional" (léase: violencia, violencia y siempre violencia). Quizá algunas instituciones se den un tiempito para sembrar, en acto simbólico, un árbol pequeñito, y en los colegios alguna maestra "ecológica" cuente a sus alumnas y alumnos por qué son tan importantes estas criaturas de madera. Lamentablemente serán hechos aislados, de poca repercusión, que no lograrán cambiar una triste realidad.

En ese "Día del Arbol", cuadrillas de taladores los seguirán derribaando por su madera. En miles de ciudades se les borrará del paisaje para ampliar la avenida o construir una playa de estacionamiento. En fin, para sustituirlos por cemento lapidario. Sin ir muy lejos, nuestros vecinos (quizá nosotras mismas) decidamos mutilar ese árbol frente a la casa porque "ensucia la vereda con sus hojas" o "no deja que se aprecie la fachada, tan linda que está".

Después de la lectura siguiente comprenderemos por qué las palabras "árbol" y "vida" bien podrían ser sinónimos...

Cada minuto se consumen diez mil toneladas de oxígeno que son repuestas a la atmósfera gracias a los árboles y la vegetación

Huang Ting Hsien (1050-1110), poeta chino de la dinastía Song, escribía hace más de nueve siglos: "Estos pinos que ascienden desde el fondo del valle/ han resistido al viento, a la lluvia, a la escar cha./ Y hasta en las altas cimas, los cen tenarios pinos/ guardan la juventud de su color lozano./ No así los otros árboles ni las tiernas hermanas/ que el cielo hizo nacer con pareja dulzura,/ que juntos prosperaron y juntos se rindieron/ a la dura presencia de la nieve y la helada./ ¡Oh esas odiosas naves de cien pies/ que surcan el río Ts"ing!/ Hacha y sierra derriban por su culpa/ lo que resistir supo al hielo de cien años..."

Este fragmento de un antiquísimo poema nos dice cómo, desde hace siglos, los árboles han tenido en el hombre a un mortal enemigo; hecho paradójico tomando en cuenta que en todos los tiempos, y en todas las culturas, el árbol ha sido símbolo de sabiduría, de vida, de lazo entre el cielo y la Tierra...

Un redondo infierno

Hace cuatro mil millones de años un planeta reciente ardía como el mismísimo infierno; aunque parezca increíble, era nuestra Tierra. Las fauces furiosas de los volcanes escupían, sin cesar, lava, vapor de agua y una diversidad de gases, que habían formado una atmósfera venenosa. Reinaba la oscuridad. De trecho en trecho intensos haces de luz solar, cargados con dosis letales de radiación ultravioleta, lograban romper lo negro de la densa atmósfera. No había mar, ni tierra, ni vida. Y si alguien hubiera presenciado este infernal caos, convencido, hubiese dicho: Aquí, nada podrá surgir. Sin embargo unos cuantos millones de años bastaron para demostrar lo contrario...

Nuestro esférico planeta empezó a enfriarse, los volcanes se apagaron y el vapor de agua suspendido en la atmósfera cayó en forma de lluvia.
Si no fuera por los árboles...

Al comienzo las primeras formas de vida vegetal (algas), mediante el proceso de fotosíntesis, liberaron suficiente oxígeno como para transformar la atmósfera y formar la protectora capa de ozono. El paisaje empezó a cambiar, el infierno, que luego había sido un desierto, se transformó en bosques, inmensas y verdes regiones que siguieron "limpiando" y oxigenando la atmósfera. Fue gracias a los árboles que, las condiciones para que aparecieran formas de vida más complejas se dieron. Primero los animales poblaron los bosques, luego vendría la raza humana.

El hombre en su afán de descubrir y dominarlo todo se convirtió en la peor amenaza para toda esta magnífica naturaleza. Aprendió que el árbol le daba madera para construir su casa y sus naves, leña para conservar el fuego, fibra para sus ropas, bálsamos para curar sus dolores y frutos para alimentarse. Y no dudó en explotar todo esta riqueza. Después de muchos años comprendería que éstos eran mucho más que simples fuentes de materia prima, que gracias a ellos había siempre aire que respirar, que perderlos era asunto peligroso.

Un verde seguro de vida

Los árboles, sabemos, lo dan todo pero cumplen, además, una serie de funciones que hacen que nuestra vida sea mucho más agradable y segura. Los árboles, por ejemplo, juegan un papel importantísimo en la regulación del clima, sirven para controlar la humedad del ambiente, mantener, y hasta modificar, la temperatura. Los bosques le cierran el paso a los desiertos y protegen los suelos de la erosión por vientos y lluvias. Además evitan deslizamientos, inundaciones y huaycos, en fin, nos protegen de la furia desatada de la naturaleza.

Sin árboles nuestro planeta sería un lugar muy, pero muy, seco. Según informan los especialistas, los árboles propician las lluvias pues refrescan la tierra y exudan agua al ambiente a través de sus hojas. Se sabe que una hectárea poblada de árboles frondosos puede "sudar", y pasar al aire, hasta 200 mil litros de agua cada día. Pero no sólo esto...

Los árboles protegen nuestros cultivos y ayudan a mejorar las cosechas, pues enriquecen la tierra fijando los nutrientes, formando nuevo y fértil suelo. Los bosques poblados de árboles contribuyen, además, a mantener el material genético del que depende la humanidad, esa gran riqueza que llamamos biodiversidad.

Como vemos, trabajar por mantener a estos gigantes en pie y creciendo saludables es un asunto que finalmente beneficiará a los seres humanos. Proteger los árboles y explotar el recurso madera de manera racional es defender la vida...