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Las arenas, las
muertas arenas extendiéndose como un manto de nada hasta
donde alcanzaban a ver los ojos. El viento golpeando fuerte desprendía
con su silbido millones de minúsculos fragmentos, partículas
doradas de un desierto hermoso, sólo, para ver morir el sol.
La nada, la vasta y total nada avanzando hacia el perfil de una
ciudad que pronto sería envuelta por el rugido azul de los
humos. Así cuentan que fue en otros tiempos este lugar...
Hace treinta años, quien hubiera visto
el quieto y desolado paraje de las pampas de San Juan, en el distrito
de San Juan de Miraflores, habría apostado que los sueños,
que todos los sueños, estaban perdidos; pero nó el
ingeniero Alejandro Vinces Araoz. Con esfuerzo, muchas veces solitario,
trabajo agotador, constante y silencioso, él ha visto como
las arenas y basurales le han ido abriendo paso a las cosechas.
Frutas, legumbres y una diversidad de cultivos crecen
hoy saludables gracias al poder purificador de la naturaleza. Aquí
las aguas servidas, esas aguas inmundas y pestilentes que al parecer
terminarán por asfixiar a los peces en el mar, como ya lo
han hecho en tantos ríos, son una bendición. En pequeñas
lagunas de oxidación, las aguas "negras" son tratadas
para luego usarse en el riego.
Las bacterias, y la energía solar que permite
a las microalgas realizar el milagro de la fotosíntesis estabilizan
la materia orgánica, y purificando las aguas, les devuelven
el oxígeno. Este tratamiento dá como resultado un
líquido rico en nutrientes y apto para la agricultura. Así
es como se ha logrado cosechar en el desierto, crear un ecosistema
de bosques y criar peces en los estanques.
Haciendo uso de tecnologías apropiadas y "limpias",
no sólo se ha logrado, pues, arrebatarle arenas al desierto,
solucionar en parte el problema de la contaminación, desarrollar
actividades productivas que benefician a muchos, sino que además
ha quedado demostrado como sí puede ahorrarse el agua al
reciclarla. Si proyectos como el de "San Juan" proliferaran
es seguro que los días de sed y baldes pasarían a
ser una página más del libro de los mitos. Se podría
habilitar mucho de las zonas áridas que rodean a las ciudades
de nuestra costa, y cerrándole el paso al desierto proteger
a nuestros mares y ríos de la contaminación..
Sin embargo tan buen proyecto está en serio
peligro, debido a una desacertada medida. El Ing. Vinces se refiere,
en la nota que publicamos en esta página, a este lamentable
caso. Treinta años de esfuerzos pueden perderse y las arenas
reforzarán su imperio. Y donde alguna vez -hoy- hubieron
árboles y vida sólo quedará el viento golpeando
fuerte, millones de minúsculos fragmentos desprendidos y
arrastrados hasta una ciudad rodeada, y quizá sepultada,
por un desierto hermoso sólo para ver morir el sol...(Martha
Meier M.Q.)
El Decreto Legislativo No-574 del 11 de mayo del
año en curso, que reorganiza el Ministerio de Vivienda y
Construcción, en mi concepto, debido seguramente a la falta
de una adecuada asesoría técnica, incurre en gruesos
errores en lo que se refiere al saneamiento básico y a la
ecología. Dentro de las numerosas disposiciones hay una que
hiere mortalmente a uno de los mejores centros de tecnología
aplicada, que en materia de ecología existen en nuestro país.
La última disposición del mencionado
Decreto dispone la desactivación del Programa de Protección
Ambiental y Ecología Urbana que es el soporte y la garantía
del proyecto San Juan.
Hay que recalcar que esta magnífica obra es
el resultado de un esfuerzo constante y mancomunado de varios gobiernos,
desde 1960, y de la acción voluntaria, desinteresada y solidaria
de numerosos especialistas en diversas áreas del conocimeinto
científico. Expertos nacionales e internacionales, a quienes
por varios años tuve el honor de dirigir, han trabajado incansablemente
durante los últimos treinta años para llevar a su
mejor término esta valiosa obra.
El Programa que hemos ejecutado en las pampas de
San Juan, ha dado la vuelta al mundo y es considerado un ejemplo
internacional en lo que ha reciclaje de aguas servidas se refiere.
En el mes de enero, por ejemplo, la Organización Panamericana
de la Salud (OPS) se encargó de filmar los diversos aspectos
del proyecto, para presentarlo en la Conferencia Mundial de Moscú
sobre el "Medio Ambiente y la Supervivencia Humana". Allí
trescientos científicos de renombre, presididos por el sabio
y famoso astrónomo Carl Sagan, aplaudieron nuestras lagunas
y coincidieron en que se trata de un ejemplo mundial en lo que se
refiere a la lucha contra la contaminación, una racional
manera de utilizar el recurso agua, que protege el entorno y permite
el entorno.
Desagües y basuras que favorecen al entorno
El Proyecto de San Juan basa su acción en
un principio muy beneficioso para el ambiente: que las basuras y
los desagües, los dos más grandes agentes contaminantes
de las ciudades, pueden servir para desarrollar áreas de
importancia ecológica mediante el reciclaje total.
Sin utilizar tecnologías modernas ni contaminantes,
y basándose única y exclusivamente en los mecanismos
de la fotosíntesis y en la acción bioestabilizadora
de las bacterias al ser oxigenadas por las microalgas, en San Juan
ha quedado demostrado como sí es posible acabar con el flagelo
de la polución. Además que reciclando los desperdicios
se puede transformar el ecosistema árido, propio de la costa
peruana, en suelos agrícolas, ricos y fértiles, y
capaces de mantener bosques, viveros, huertos, campos de cultivo
y Parques Zonales (hoy en su mayor parte destruidos al habérseles
destinado para ejecutar microllenos de basura, función para
la que no fueron construidos).
Por ello, sabiendo por experiencia histórica
lo que parece ocurrir siempre a nivel municipal, me opuse a que
el Servicio de Parques (SERPAR), fuera desactivado en el año
1984 como empresa descentralizada del sector vivienda, pero no pude
impedirlo y las consecuencias hoy las vemos. Esperemos que no ocurra
lo mismo con la desactivación del Programa de Protección
Ambiental y Ecología Urbana.
La triste historia de siempre...
El Decreto Supremo 105 DGS que creó el Parque
Forestal de San Juan y le adjudicó cuatrocientas hectáreas
aledañas a las lagunas de bioestabilización que ya
funcionaban desde hace algunos años, señaló
que era deber del Estado luchar contra la contaminación ambiental
y lo declaró de necesidad y utilidad pública.
El Plan de Desarrollo Metropolitano (PLANDEMET) que
se suponía iba a ser la Brújula de la Planificación
Urbana, hoy destruida, lo consideró esencial, económico
de desarrollar estratégicamente ubicado y capaz de dar recreación
activa y pasiva y poner en contacto con la naturaleza a millones
de habitantes de una Lima cada día más tugurizada
y en la que miles de niños no saben lo que es jugar en un
jardín; quizá pronto no sepan lo que la palabra significa.
Lamentablemente, como es casi una regla en nuestro
país, ni el mandato constitucional contenido en el artículo
123 de nuestra Carta Magna, que señala que es "obligación
del Estado luchar contra la contaminación ambiental",
ni los dispositivos legales, ni el dictamen del PLANDEMET lograron
detener la acción vandálica de algunos Pueblos Jóvenes
de la zona que devastaron y depredaron los bosques y huertos (alentados
por pésimos funcionarios municipales, políticos irresponsables
y traficantes de tierras. Deteriorando así el patrimonio
intangible de toda una capital de la República.
Pero frente a la acción negativa de disposiciones
normativas que lejos de ayudar al desarrollo de las acciones ejecutivas
requeridas, las van a detener y entrabar (ya que no se puede normar
sin haber previamente investigado), se creó una Dirección
General del Medio Ambiente, que sólo duplica y obstaculiza
a la Direccion Técnica de Saneamiento Ambiental, entidad
que sí puede normar en materia lo que se refiere a la ecología
y el entorno por contar no sólo con la infraestructura de
investigación requerida, sino con mecanismos de asistencia
técnica internacional permanente (Centro Panamericano de
Ingenieria Sanitaria y Ciencias del Ambiente).
Por todas estas consideraciones y otras muchas que
puedo dar como viejo defensor del medio ambiente de la Patria, invito
a todas las organizaciones voluntarias, tanto nacionales como internacionales
y todas las personas que deseen ayudar a que el planeta siga existiendo
como digno hogar de la raza humana, a que dejen oir sus voces contra
tan desatinada disposición.
(Alejandro Vinces Araoz)
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