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Tan sólo es verla
para comprender que en ella se repite el cielo. Volcanes y selvas.
Playas que parecen extenderse por siempre. Bosques poblados de heliconias,
colibríes y mariposas. Insectos murmullando en el verdor
que conservan las ciudades. Mon añas misteriosas. Calles
limpias y paz... Costa Rica es, sin duda, un pequeño paraíso.
En sus poco más de cincuenta mil kilómetros cuadrados,
esta diminuta nación centroamericana encierra grandes tesoros;
sus majestuosos paisajes (de fácil accesibilidad), su gran
diversidad biológica, sus orquídeas, el color de sus
aves, y la simpatía de sus gentes, hacen de Costa Rica un
punto de interés para científicos, conservacionistas,
amantes de la naturaleza y turistas en general. Pero las primeras
impresiones a veces engañan... La fuerza con que se desperezan
los helechos en el monte, la humedad que puebla todos los olores
después de la lluvia, la luna jugando con la blancura de
las garzas en los estanques pueden engañarnos, pero lo cierto
es que el país está en problemas, y de los serios...
De una merecida reputación internacional goza
la pequeña Costa Rica; la estabilidad de su Democracia, su
gran sistema de parques nacionales, y ser paz en una de las regiones
más convulsionadas del globo, son algunos de los factores
que contribuyen a esta imagen. Pero, el país afronta crecientes
presiones repercuten sobre los recursos naturales. La actual crisis
económica -la más severa que ha conocido la historia
"tica"- la presión demográfica, y el modo
poco apropiado como se enfrenta la explotación agrícola,
maderera y ganadera, han abierto una herida profunda sobre todos
los ecosistemas. Los recursos suelo, agua y bosques no sólo
están siendo sobre-explotados sino además inadecuadamente
manejados.
Un profundo deterioro ambiental
La pérdida de tierras fértiles, en
Costa Rica, es impresionante. Los niveles de erosión son
altísimos: las cifras indican que diecisiete por ciento del
territorio está profundamente erosionado, y que un veinticuatro
por ciento presenta problemas de erosión moderados. Como
en nuestro país, el asfalto de ciudades que no detienen su
andar "devora" miles de hectáreas, aptas para los
cultivos, en las zonas urbanas. Tecnologías agrícolas
poco apropiados, y millones de cabezas de ganado irrumpen, con ferocidad,
en áreas de gran importancia ecológica. Así
cada año, Costa Rica pierde 680 millones de toneladas de
suelo fértil, una cifra que preocupa en un país escencialemente
dedicado a la agricultura, y a la obtener divisas de la exportación
de productos como el café, el plátano y el maíz.
El uso de plaguicidas es intensivo, las intoxicaciones
causadas por estos químicos son, ya, algo cotidiano. Algunos
suelos están profundamente contaminados y por ello los rendimientos
or hectárea no son los óptimos. Además de estos
problemas, el suelo padece los estragos de una deforestación
galopante.
Costa Rica ha pérdido cerca del ochenta por
ciento de sus legendarios bosques. La densa y variadísima
población de árboles que alguna vez cubrió
casi la totalidad del territorio se extiende, hoy, apenas sobre
algo más de quince mil kilometros cuadrados. Cerca del ochenta
por ciento de las selvas se han perdido y según se estima
cada año se eliminan setenta mil hectáreas más.
Al ritmo actual se habrán perdido todas las zonas boscosas
antes de fin de siglo por las razones que todos conocemos, una irracional
explotación del recurso madera, la extensión de grandes
plantaciones agrícolas, la ganadería, y la habilitación
de tierras, que a golpe de machete y fuego, llevan a cabo los pobladores
de las zonas más remotas.
La contaminación de ríos y mares a
causa de desagues y basuras; el humo de automóviles e industrias;
pérdida de recursos marinos por sobrepesca y desbalances
en el recurso agua son otros de los problemas, que al igual que
nosotros, padecen los costarricenses. Pero allá la naturaleza
tiene algo a su favor, y probablemente pueda ganar esta batalla
silenciosa.
Desde hace ya algunos años los "ticos"
se han estado organizando para defender su entorno. Grupos de vecinos
y escolares, grupos de mujeres, apoyados por universidades e instituciones
como la WWW (World Wide Fund) o la Unión Internacional para
la Conservación de la Naturaleza y de los Recursos Naturales
(UICN) -la alianza de agencias conservacionistas más grandes
del mundo- trabajan activamente.
Los costarricenses poco simpatizan con manifestaciones
y protestas callejeras pero si de defender a la Madre Tierra se
trata, las cosas cambian. Madres de familia, estudiantes, gentes
humildes; todos alzan la voz y alto en defensa de la vida. No hay
lamentos, ni brazos cruzados; la mayoría apoya como puede
algunos con dinero, otros con tiempo... los vecinos organizan talleres
para explicar los menos "verdes" la necesidad de la conservación,
seminarios, cursos, y otros están creando una nueva manera
de ver las cosas. Hoy, los costarricenses exigen de su gobierno
el desarrollo sostenible de la nación.
Y en eso están las autoridades, respondiendo
a las exigencias del pueblo el Ministerio de Recursos Naturales
(MIRINEM) ente rector de las políticas de conservación,
ha desarrollado acciones de importancia como: la declaratoria de
emergencia para el sector forestal, la creación de nuevas
áreas silvestres integradas, la implantación de políticas
ambientales en minería y proyectos energéticos, y
la elaboración de la Estrategia Nacional de Conservación
para un Desarrollo Sostenible. Políticas que servirán
de ejemplo a otras naciones centroamericanas.
Si sigue adelante por la ruta trazada, el pequeño
paraíso habrá sido salvado; y será gracias
al espíritu de un pueblo que ha sabido vivir en Democracia,
más que cualquiera otro de Latinoamérica...
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