Los delfines se han convertido en
todo un símbolo de lo mal que andan las cosas en el planeta.
Sociables e inteligentes mamíferos marinos que sufren,
tanto por la creciente contaminación y destrucción
de su hábitat, como por las prácticas pesqueras
depredadoras y no selectivas. Y no sólo esto...La frivolidad
de la especie humana es una causa más de sus problemas.
"Delfinarios"; "programas de natación con
delfines"; "acuarios"; "circos", proliferan
los lucrativos negocios donde los delfines, junto a otras criaturas,
son explotados como "atractivo". Nada, absolutamente
nada, justifica la existencia de las crueles prisiones donde,
por "entretenimiento", los humanos condenamos a estas
pacíficas y simpáticas especies a una muerte segura.
Nada, absolutamente, nada se aprende de la vida silvestre en esos
lugares. Lo único que enseñan este tipo de espectáculos
es: hasta dónde puede llegar el afán de lucro y
cuán cruel puede ser el hombre con "sus hermanos menores"...
¿Quién no recuerda a Flipper? En los años
setenta encantaba con sus maromas semanales en un programa de
televisión del mismo nombre. ¿Qué fue de
ese simpático delfín? Pues murió...de pena.
El nombre de Ric O'Barry quizá no nos diga nada ¿verdad?
Pues bien, el susodicho fue quien entrenó a esta inteligente
criatura a hacer toda la serie de acrobacias televisivas con las
que otros, seguramente, ganaron mucho dinero. O'Barry se convirtió
en un ardoroso defensor de los derechos animales, luego que el
famosísimo Flipper muriera en sus brazos: "a causa
de la soledad y el estrés de la vida en cautividad",
según lo refiere la activista pro-derecho de los animales
Ingrid Newkirk.
O'Barry quedó profundamente marcado por la muerte de este
inocente animal. Flipper era apenas una cría de delfín.
Vale la pena repetirlo una y otra vez: los delfines en cautiverio
mueren pronto, en menos de dos años de "prisión".
Si nacen en cautiverio no pasan de los 5 a 8 años. ¡Nada!
si se toma en cuenta que un delfín en estado natural puede
vivir entre 25 y 50 años.
ABERRANTE ESPECTACULO
La llegada a Lima de un espectáculo que utiliza delfines
ha puesto sobre el tapete un tema espinoso: la ética de
la diversión, lo moral o inmoral del entretenimiento. Sin
duda el negocio genera ping es ganancias trasladando a sus "reos"
-en este lamentable caso una inteligentísima criatura marina-
de país en país. La ignorancia y la insensibilidad,
de cierto sector de la población, permite que este tipo
de denigrantes negocios subsistan a las puertas del siglo XXI.
Mientras tanto es la fauna la que sigue padeciendo.
Hace pocos días la licenciada Joanna Alfaro Shiguetto,
del Centro Peruano de Estudios Cetológicos (CEPEC) envió
una carta al Instituto Nacional de Cultura (INC). En esa misiva
manifiesta su sorpresa por el hecho de haberse calificado como
"cultural" un espectáculo con delfines, que se
presenta en Barranco.
"Consideraría cultural -le dice Alfaro al INC- un
museo, una exposición o un evento en el que se muestre
y enseñe a los niños o público en general,
que los delfines no son animales que solamente saben saltar, sacar
la lengua, jugar con unos lentes de sol o pasar a través
de un aro de colores".
¿Qué de cultural tiene un delfinario? Esa es la
pregunta que debieran responder las autoridades del INC y del
municipio de Barranco, quienes han permitido tan aberrante "show"
en un coliseo deportivo del distrito. Coliseo que ni siquiera
es adecuado para albergar a estas sufridas "estrellas".
Así lo demuestra el hecho de que la piscina del estadio
municipal "Gálvez Chipoco" se haya desfondado,
como informó el propio Alfredo Troncoso, "productor"
del espectáculo.
NADA QUE VER
Vamos aquí a dejar las cosas claras.
NADA SE APRENDE: Por más que quienes lucran con estas especies
digan lo contrario, es FALSO que estos espectáculos "enseñen"
a conocer tales animales. En estos "shows" predomina
la frivolidad, la ridiculización de las capacidades de
los cetáceos, lo artificial y grotesco. Si algo nos mal-enseñan
dichos espectáculos es a no respetar la vida silvestre,
a no valorar sus capacidades ni comportamientos naturales, a no
reflexionar sobre la degradación del hàbitat.
NADA CURAN: La nueva excusa para justificar estas crueles "cárceles
itinerantes" es que: "los delfines ayudarían
a la recuperación de autistas", entre otros. Está
científicamente demostrado que el contacto con cualquier
animal dócil -como un perro o un gato- es beneficioso para
las personas en general, incluídos los que sufren de autismo.
Los mismos beneficios que se le atribuyen a los delfines pueden
obtenerse al relacionarse estrechamente con mascotas y animales
domésticos. Es injustificable, pues, la manipulaciòn
de esos argumentos para el caso de los "delfinarios",
creando además falsas expectativas. No está demás
advertir que dado el nerviosismo que genera el cautiverio, como
es lógico en cualquer especie silvestre, hay posibilidades
de "coletazos" que pueden herir y asustar a cualquiera.
Los delfines, no hay que olvidarlo, son afectados por diversos
virus que pueden infectar también a los seres humanos.
TRISTEZA Y MUERTE
Olga Rey de Michell, de la asociación "Cruzada por
la Vida", viene trabajando esforzadamente para sensibilizar
a la comunidad sobre la problemática de los delfines en
el Perú y de las implicancias morales de este tipo de espectáculos.
Explica la señora de Michell: "Los delfines son mamíferos
silvestres marinos. Estos animales a diferencia de los gatos,
los perros, las gallina, las vacas, los caballos etc, ¡NO!
han pasado por un proceso de domesticación por lo tanto
no presentan la característica de adecuación biológica
necesaria para la vida en cautiverio.
En un proceso de miles de años, la raza humana domesticó
por manipulación genética indirecta a una serie
de especies.
La metodología de captura de cetáceos vivos implica,
ademàs, un alto riesgo de mortalidad y de daño ocasionado
a los animales. La mortalidad de delfines en acuarios, inclusive
en óptimas condiciones, es más del...¡50%
en sólo 24 meses! Esto sin contar con las muertes ocurridas
durante la extracción y los que mueren en el transporte",
indica la representante de "Cruzada por la Vida".
PREOCUPACION INTERNACIONAl
En las últimas semanas la conocida actriz Brigitte Bardot
dirigió una carta al Ministro de Pesquería manifestando
su rechazo a este tipo de espectáculos y al sonado proyecto
de la constructora GREMCO de levantar un lujoso hotel en el distrito
de San Isidro, cuyo principal atractivo sería un "delfinario".
Bajo el titular "Amenazas en Perú", el último
número (No.16) de la revista "Réseau-Cétacés"
(Red de Cetáceos) con sede en Francia, se refiere a la
problemática de estas especies en nuestro país.
A raíz de la publicación, el Centro de Datos Ambientales
(CENDA), de la Red Nacional de Acción Ecologista, viene
recibiendo mensajes de solidaridad de agrupaciones conservacionistas
francesas identificadas con la causa de los delfines y de la paz.
APRENDER EN LIBERTAD
Es en la total libertad donde se puede aprender más de
los delfines. Sacar adelante pequeños proyectos de eco-turismo
para el avistamiento de cetáceos y mamìferos marinos
en general, generaría ganancias a empresas locales inclusive
de las más pequeñas poblaciones de nuestra costa
y, tambièn, a los gremios de pescadores artesanales cuyas
embarcaciones bien podrían implementarse para brindar este
servicio.
Aprovechar a los delfines para mejorar la economía de
las familias peruanas no pasa por masacrarlos para vender su carne
como "muchame", ni por arrancarlos de su habitat y de
su unido grupo familiar para convertirlos en ridículos
payasos saltarines, cuyo traslado de ciudad a ciudad en estrechos
estuches de transporte es un verdadera agonía. La economìa
de las familias peruanas y su espìritu se beneficiarìan
màs con proyectos que valoricen a las especies vivas, en
su hàbitat natural.
¡"Me atrevo a creer que Dios no creó al animal
para hacer de él un mártir"! Escribió
alguna vez Brigitte Bardot. Palabras que para el caso de los delfines
cobran especial vigencia...